Día Internacional de la Fraternidad, una sangrante ironía en un mundo cada vez más desigual

El odio es la peor lacra que arrastra la humanidad desde tiempo inmemorial. Por razones religiosas, ideológicas, raciales, sexuales o económicas el ser humano arrastra desde tiempo inmemorial aquella losa que aplasta su desarrollo y que el filósofo Thomas Hobbes convirtió en en siglo XVIII en su famosa máxima “El hombre es un lobo para el hombre”. Cualquier avance significativo en la evolución de la especie humana se ha producido invariablemente a partir de la derrota del odio y el triunfo de la fraternidad en cualquiera de sus aspectos y acepciones: solidaridad, colaboración, compañerismo, fraternidad, empatía, etc… y cuanto más amplías y generosas, mejor.

En un planeta en el que más de 800 millones de personas pasan hambre todos los días, mientras el 1% de la población más rica tiene el doble de ingresos que el 50% más pobre, en el que 3 de cada 1.000 personas en el mundo siguen siendo esclavas en pleno siglo XXI, en el que uno de cada doce niños y niñas es explotado laboralmente, casi tres de cada cuatro mujeres y niñas son vendidas para su explotación sexual o 260 millones de niños no pueden asistir a la escuela, parece evidente que la fraternidad sigue siendo muy escasa.

Por eso hoy, 4 de febrero, la fecha elegida por la ONU para celebrar el Día Internacional de la Fraternidad Humana, sigue siendo una jornada en la que hay muy poco que festejar y sí mucho que reivindicar y, sobre todo, trabajar en el día día, desde nuestro entorno más próximo a las instituciones globales. Hoy, más que nunca: NO AL ODIO.

Sincronía, una sola Humanidad

Concepción Arenal, pionera española en la lucha por los derechos humanos y precursora del feminismo

Concepción Arenal Ponte vino a parar al mundo el 31 de enero de 1820 en la ciudad gallega de Ferrol, en el seno de una familia de sangre noble e ideas ilustradas. Su padre fue un militar represaliado y encarcelado a menudo por sus ideas liberales bajo el régimen despótico de Fernando VII. A causa del régimen penitenciario acabó falleciendo cuando Concepción tenía solo nueve años y la niña, junto a su madre y sus dos hermanas, se fue a vivir a Cantabria con su abuela, quién se empeñó e inculcarle una férrea formación religiosa, hasta que su madre decidió instalarse en Madrid e ingresarla en un colegio para señoritas. A los 21 años ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid, pero tuvo que hacerlo disfrazada de hombre hasta que se descubrió su verdadera identidad y el rector la sometió a un examen especial que superó con creces.

Tras esa prueba fue autorizada a asistir a las clases, pero no a las regulares, sino de una forma segregada: cada día era recogida en la entrada del claustro por un bedel que la trasladaba a un cuarto donde estaba sola hasta que el profesor de la materia que iba a impartirse la recogía para ir a la clase, donde se sentaba aparte de sus compañeros masculinos. A pesar de tan infame método, logró completar sus estudios y siguió con su desafio social, volviendo a disfrazarse de hombre para participar en las tertulias literarias y políticas de la época. En 1848 se casó con el abogado y escritor Fernando García Carrasco, que murió nueve años después, dejando a Concepción viuda y con dos hijos. Se traslada de nuevo a Cantabria donde, gracias a la influencia del músico Jesús de Monasterio, comienza a interesarse en las actividades humanitarias y acaba fundando el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paúl en la localidad de Potes.

En 1861 escribe su obra La beneficencia, la filantropía y la caridad, con la que se presenta al concurso convocado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, usando el nombre de su hijo Fernando, hasta que de nuevo es desenmascarada y, tras mucho batallar, consigue convertirse en la primera mujer premiada por la Academia. Poco después publica el Manual del visitador del pobre, obra que fue traducida al polaco, al inglés, al italiano, al francés y al alemán, y que llamaría la atención del director general de Establecimientos penales, Antonio de Mena y Zorrilla, y del ministro de Gracia y Justicia, Rodríguez Vaamonte, con cuyo apoyo es nombrada como la primera mujer inspectora de las cárceles de mujeres en 1864. Siguió publicando libros como Cartas a los delincuentes (1865), El reo, el pueblo y el verdugo o La ejecución de la pena de muerte (ambas en 1867), que la convierten en una destacada figura en la defensa de los presos y los desfavorecidos. En 1872 fundó la Constructora Benéfica, una sociedad dedicada a la construcción de casas baratas para obreros. También colaboró activamente en la organización en España de la Cruz Roja.

En 1869 publica su primera obra sobre los derechos de la mujer, La mujer del porvenir, en la que critica duramente las teorías que defendían la inferioridad de las mujeres basada en razones biológicas. Aunque en principio no era es partidaria de la participación de las mujeres en política por el riesgo de sufrir algún tipo de represalia y dejar abandonados el hogar y la familia, acabará afirmando que “Lo primero que necesita la mujer es afirmar su personalidad, independientemente de su estado, y persuadirse de que, soltera, casada o viuda, tiene derechos que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie”. En 1891 en el ensayo sobre El trabajo de las mujeres denuncia la escasa preparación industrial de la mujer y su desigualdad salarial. En 1895 publica su trabajo Estado actual de la mujer en España, en el que analiza la situación de las españolas en el terreno laboral, religioso, educativo, de opinión pública y moral, denunciando su marginación a causa “del egoísmo masculino”.

Falleció el 4 de febrero de 1893 en Vigo, donde fue enterrada bajo una lápida que reza “A la virtud, a una vida, a la ciencia”. Hoy es recordada no sólo como una defensora de los derechos femeninos, sino como una de las primeras reformadoras del sistema penitenciario, con conceptos tan claros como su famosa frase: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Sincronía , una sola Humanidad

La nueva ley de Educación entra en vigor certificando el desencuentro absoluto entre los partidos políticos y sin esperanzas de renovación del sistema

La LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la LOE, o Ley Orgánica de Educación) entró en vigor el pasado día 19 de enero, en medio de una polémica y un enfrentamiento político y social que le auguran la misma vida que a las siete que la precedieron desde la restauración de la democracia en nuestro país: durará lo que dure el gobierno que la ha puesto en marcha. El propio título de la ley indica que nace para reformar una anterior (la LOE, puesta en marcha por el anterior gobierno socialista en 2006) y, a pesar de que su subtítulo sea “Una educación para el siglo XXI”, parece bastante lejos de poder sentar las bases de la imprescindible y urgente renovación de nuestro caduco sistema educativo para adaptarlo a las necesidades de la sociedad de la información surgida de la revolución digital.

Que haya sido bautizada, al igual que las precedentes, con el nombre del responsable del ministerio, en este caso la ministra Isabel Celaá, es el primer indicador de que nada ha cambiado: ha sido redactada por la (en este caso las) formación política en el gobierno sin lograr consenso ni con los partidos políticos con representación parlamentaria, ni las organizaciones sociales y profesionales que deberían estar implicadas en un diálogo previo que permita sentar las bases de un sistema educativo duradero y enfocado a solventar los graves problemas educativos del país. Una vez más, la reforma educativa responde a criterios políticos y electoralistas, supone un retroceso en las posibilidades de diálogo, profundiza en la simplificación y banalización de la enseñanza y lleva a las aulas una crispación que recuerda en muchos aspectos, el viejo concepto de lucha de clases.

De nuevo, las polémicas sobre aspectos puntuales han opacado las verdaderas cuestiones de fondo. La religión, la pelea por el negocio educativo concretada en la enseñanza concertada, el tira y afloja en torno al concepto “vehicular” del idioma y el concepto de la “excepcionalidad” de la repetición de curso, han relegado a un segundo plano los verdaderos debates para convertir un sistema de conocimiento memorístico heredado del siglo XIX, en un sistema de desarrollo del aprendizaje destinado a solventar retos y problemas desconocidos y en constante evolución, que es lo que demanda la sociedad del siglo XXI.

Como ya sucedió con la norma anterior, la LOMCE o Ley Wert, las comunidades autónomas donde gobierna la oposición, ya han mostrado su intención de usar todos los mecanismos posibles para sortear la puesta en marcha eficaz de esta ley, o al menos de los capítulos en los que discrepan abiertamente. Eso, unido a la falta de recursos, la catastrófica situación de nuestros centros educativos, con un profesorado sobrepasado por la pandemia del COVID, convierte esta nueva ley educativa en un cadáver político condenado al fracaso. El octavo en 41 años.

Eduardo Castellón Mallor

Sincronía, una sola Humanidad. Por un Pacto de Estado en Educación

La violencia contra las mujeres lastra nuestra democracia y nuestro futuro

Una de cada tres mujeres en el mundo han sufrido violencia física, psíquica y/o sexual. Cada día, 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia. Se calcula que, de las 87.000 mujeres asesinadas intencionadamente en 2017 en todo el mundo, más de la mitad (50.000) murieron a manos de sus familiares o parejas íntimas. Las mujeres adultas representan cerca de la mitad (el 49 por ciento) de las víctimas de la trata de seres humanos detectadas a nivel mundial. En 2019, una de cada cinco mujeres de 20 a 24 años se había visto obligada a casarse antes de cumplir los 18. Al menos 200 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años han sido sometidas a la mutilación genital femenina en los 31 países en los que se concentra esta práctica.

Hoy, 25 de noviembre, se celebra Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación. La convocatoria fue realizada por primera vez en 1981 por el movimiento feminista latinoamericano, para conmemorar la fecha en la que fueron asesinadas, en 1960, las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), en República Dominicana, brutalmente masacradas por los sicarios del dictador Rafael Leónidas Trujillo.

A pesar de que al menos 155 países han aprobado leyes sobre la violencia doméstica y machista, y 140 cuentan con legislación sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo, las cifras anteriormente expuesta revelan que la violencia contra las mujeres se ha convertido en un problema estructural y una cuestión que afecta a todas las sociedades del mundo y que lastra el el desarrollo y la evolución de la Humanidad. Hoy, como todos los días, decimos no al abuso y la violencia.

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Día Universal de la Infancia: 69 millones de niños morirán en los próximos diez años por causas evitables

El 20 de noviembre es el día elegido por la ONU desde 1959 para “fomentar la fraternidad entre los niños y las niñas del mundo, y promover su bienestar con actividades sociales y culturales”. Pero sobre todo es un día para llamar la atención sobre la situación de los niños más desfavorecidos, dar a conocer los derechos de la infancia, que en este particular momento de la historia necesitan una mejora considerable.

Los datos de la propia UNICEF son demoledores: cada día casi 15.000 niños y niñas mueren antes de cumplir cinco años por causas evitables, 124 millones de niños no acceden a educación primaria y secundaria, en todo el mundo, uno de cada tres niños menores de 5 años presenta retraso en el crecimiento o sobrepeso y, en algunos casos, una combinación de las dos formas de malnutrición,cada minuto más de 20 niñas o adolescentes son obligadas a casarse, más de 160 millones de niños y niñas realizan trabajos forzados o tareas inadecuadas para su edad y 100 millones de menores son víctimas de alguna forma de explotación sexual.

De todo ello es inevitable deducir que este Día Internacional de Niño es una jornada de poca celebración y mucha reivindicación.

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Día de las Librerías, una apuesta por la supervivencia de la cultura

La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), con el apoyo de la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura, ha dedicado la presente edición del Día de las Librerías, con el que pretende llamar la atención de la importancia que estos establecimientos tienen en la vida social y cultural de pueblos y ciudades y su fundamental labor de difusores de la cultura, en un tiempo en la que ésta se encuentra amenazada por la crisis derivada de la pandemia del Covid 19 y por un incremento del ocio banalizador frente a la cultura de las artes y las ciencias.

Pero además, con esta iniciativa las librerías quieren agradecer el apoyo recibido por parte de la sociedad durante los últimos meses, cuando han tenido que permanecer cerradas y han visto como sus clientes han realizado compras por adelantado y vía internet, lo que ha permitido a muchas de ellas seguir abiertas. Desde esta página queremos solidarizarnos con los libreros y todos aquellos que hacen posible que la cultura siga viva a pesar de todo.

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Ilustres olvidadas: Amparo López Jean, la maestra pionera del sufragismo en Galicia que murió de pena en el exilio

Amparo López Jean nació en el pueblo de Culleredo, en A Coruña, el 30 de octubre de 1885, en el seno de una familia ilustrada. Su madre era Adela de Jean, una maestra de escuela de origen francés, que se quitó el «de» nobiliario de su apellido y su padre era abogado y secretario del consejo de la localidad. Ambos alentaron desde la más tierna infancia los anhelos de libertad y cultura que mostraba la pequeña Amparo, a la que animaron a hablar gallego, en contra de la opinión de sus amistades de la clase alta que consideraban ese idioma como un «dialecto de ignorantes», y la apoyaron cuando decidió practicar deportes y actividades al aire libre, que se consideraban impropias de una señorita.

Cuando el padre murió. madre e hija se trasladaron a A Coruña, donde la niña estudió magisterio y se convirtió en la primera mujer bachiller de la ciudad. También estudió canto y piano con el músico coruñés José Baldomir y pintura con Máximo Ramos, al tiempo que daba clases en la misma escuela que su madre. Hizo gala de su espíritu rebelde al comenzar a convivir con el conocido escritor, periodista y político republicano César Alvajar sin casarse, lo que motivó un notable escándalo en la ciudad. Fue madre de cinco hijos: Ana María, Javier, Amparo, María Teresa y Agustín, que al poco de nacer. Feminista convencida, defendió siempre el sufragio femenino y el acceso de la mujer a la educación. Entre 1933 y 1936 tuvo un papel muy destacado en la Agrupación Republicana Femenina, de la que fue secretaria y después presidenta.

A finales de junio de 19367​ la familia, menos la hija mayor, Ana María, y su hermano Javier, que se quedaron a estudiar en La Coruña, se trasladó a Soria donde César Alvajar había sido nombrado gobernador. Unos días después se produjo el golpe de estado militar dirigido por Francisco Franco que dejó a la familia dividida en los dos territorios: A Coruña, controlada por los sublevados y Soria, en zona republicana. Nunca más se volverían a reunir. Amparo López, su esposo César y sus hijas Amparo y Teresa comenzaron un recorrido por la península forzados por los avatares de la guerra, que los llevó a Madrid, Valencia y Barcelona, desde donde Amparo y su marido lograron huir a Francia. Su hija Teresa no puedo hacerlo y regresó a Coruña, donde fue detenida y pasó cuatro meses en la cárcel, acusada de ser comunista. Su hermana Ampara pudo huir a Argentina.

Al llegar a Francia Amparo fue separada de su esposo e ingresada en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, donde sobrevivían la mayoría de los españoles exiliados muriéndose de frío y hambre. Cuando su esposo consiguió sacarla del campo se trasladaron a Calvados, en Normandía, donde trabajaron en una fábrica de toallas. Allí se reunieron con sus hijas Teresa y Ana María, que pudieron huir a Francia y allí las sorprendió la invasión de los nazis. Al final lograron huir a Montalbán, en la zona de Vichy no ocupada por los nazis, donde el 12 de noviembre de 1942 murió María teresa, víctima de la depresión y los sufrimientos de los últimos años de su vida. Su hija Teresa definió su final con una imagen tan triste como poética: «murió de morriña».

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“El consentimiento”, el libro que denuncia la tolerancia intelectual y los fallos del sistema en los casos de abusos a menores

Vanessa Springora mantuvo en 1986 una relación sexual, que duró más de un año, con un hombre 36 años mayor que ella, que por entonces tenía solo 14. Esta relación fue alentada por su madre y silenciada por su padre, que aunque estuvo en contra, no hizo nada por evitarla. No sólo estaba al tanto la familia, también los amigos y vecinos conocían esta relación desigual y callaron o no fueron más allá de los comentarios en círculos reducidos. Los médicos y policías que tuvieron conocimiento de la situación, tampoco salen mucho mejor parados y, en el mejor de los casos, actuaron con una tibieza que roza la complicidad. Y todo eso porque fue una relación en la que no se ejerció violencia física, sino violencia intelectual, precisamente en un ambiente de artistas e intelecutales que hizo la vista gorda y consideró que una adolescente de catorce años estaba capacitada para “consentir” la presión de un adulto muy superior a ella mental y personalmente.

El adulto en cuestión es el escritor Gabriel Matzneff, un intelectual admirado que, lejos de ocultar su afición por las relaciones sexuales con menores de edad, niñas y niños de de 14, 13 e incluso 11 años, las publicaba en sus libros y en sus memorias, con títulos tan evidentes como Les moins de seize ans (Los menores de 16 años), reeditada en el año 2005 por la prestigiosa editorial Gallimard. Ahora Vanessa Springora ha contado como vivió esa desequilibrada y anormal relación en su libro Le consentement (El consentimiento), en el que denuncia el silencio que la envolvió, la soledad en la que su entorno, formado por la élite de la cultura francesa, la abandonó a su suerte. Y algo peor, como el abusador era aplaudido por sus conquistas y ella fue, y sigue siendo, juzgada como la culpable de ensuciar una impecable reputación intelectual.

Pero Springora no solo levanta la voz y el dedo acusador contra las élites que ahora se muestran sorprendidas y horrorizadas, sino también contra un sistema en el que todo falló a la hora de proteger a unos niños y niñas conducidos a unas relaciones sexuales en las que no tuvieron ninguna capacidad de decisión. Acusa a un sistema que no se atrevió a denunciar a los poderosos, afirmando que “Fallaron todas las instituciones, falló el sistema escolar, el policial, el hospitalario. Eso lo que resulta increíble ante un militante de la pederastia que ha publicado textos en ese sentido en los que lo glorifica”

El consentimiento ha sido publicado por la editorial Lumen y es una recomendación de Sincronía, una sola Humanidad, dentro de su campaña Protejamos a nuestros niños del abuso sexual infantil

Fernando Llor: “El acoso puede acabar de manera fatal para las víctimas, por eso es muy importante empezar a detectar el problema cuanto antes”

“Subnormal”, el cómic creado por el guionista Fernando Llor y el dibujante Miguel Porto, sobre la experiencia de acoso escolar padecida en su infancia por el jugador de baloncesto Iñaki Zubizarreta, que estuvo a punto de llevarle al suicidio, no sólo se ha convertido en el fenómeno del año en el mundo de la novela gráfica, sino que se está convirtiendo en una herramienta fundamental para dar visibilidad a un gravísimo problema, el del bullying, que afecta al 33% de los menores de 9 a 17 años en España. El guionista, Fernando Llor, nos habla de la creación de este importante proyecto.

¿Cómo surgió el proyecto del cómic “Subnormal”?

Fue a través de José Luis Córdoba, director editorial de publicaciones de Panini (recién jubilado). En el Cómic Barcelona de 2019 mantuvimos una pequeña reunión en la que me comentó que le gustaría hacer una obra que tratase el tema del acoso escolar. Tras una primera propuesta que no terminó de funcionar me puso en contacto con Iñaki y empezamos a trabajar.

¿Cuál fue el método de trabajo con Iñaki Zubizarreta?

Consistió sobre todo en hablar mucho por teléfono, tomar muchas notas e ir elaborando una escaleta con la que tener algo a lo que ir dando forma. Lo más complicado de todo fue el escoger los episodios concretos de su vida que formarían parte del cómic. Teníamos que hacer que la historia no fuese excesivamente larga y a la vez que lo que contásemos fuese lo suficientemente representativa de lo que significó para él el acoso. Pero lo más complicado no fue ese trabajo, que a fin de cuentas puede resultar algo más “frío” o más analítico. Lo difícil fue lidiar con la implicación emocional que supuso escribir el guion y meterse en la piel de Iñaki para contar determinadas escenas.

¿Cómo decidiste afrontar el guion? ¿Cómo una denuncia social, la narración de un caso concreto (el de Iñaki) o cómo un trabajo que sirviera de ejemplo a los escolares?

Desde el principio tuvimos todos (Iñaki, José Luis, Miguel Porto y yo) muy claro que queríamos conseguir una serie de objetivos con la obra y el principal de todos ellos era mostrar el acoso como es, sin medias tintas y sin paternalismos. Si el cómic iba a servir para acercarse a un problema como el acoso escolar, era muy importante dar una imagen real del problema porque si no lo hacíamos así caeríamos en algo que ocurre a veces: transmitir la sensación de que “no es para tanto” o de que al final todo se arregla y los chicos acaban jugando juntos y felices.

¿Antes de este cómic tenías alguna experiencia personal o ajena con el acoso escolar?

Nunca lo percibí como tal, al menos en mi época del colegio y en el instituto. Sin embargo, mirándolo ahora con perspectiva y después de haber pasado por este cómic, sí que me voy dando cuenta de determinadas actitudes que suceden en las aulas y en las que muchas veces participamos sin siquiera darnos cuenta del daño que podemos estar haciendo. El acoso puede acabar de manera fatal para las víctimas, por eso quizás es muy importante empezar a detectar cuanto antes cuando hay un problema.

¿Crees que esta sociedad minimiza el problema del bullying con el consabido “son cosas normales entre chavales que han pasado siempre”?

Creo que se ha mejorado mucho en este sentido. Es cierto que se sigue minimizando en muchos casos, más por tratar de huir de un problema o por no querer enfrentarlo que porque de verdad se piense que son cosas de críos. Hoy en día existen protocolos de actuación en colegios e institutos, se aborda el tema con los alumnos en charlas y con diferentes materiales pedagógicos. Por desgracia, no es suficiente, pero sí que considero que existe un movimiento mucho mayor de gente como Iñaki que realiza una labor de activismo contra el acoso escolar y lo hace además con un enfoque muy directo. Seguro que quedan infinidad de cosas que mejorar y que se le podría exigir una mayor responsabilidad a toda la sociedad para acabar con el problema, pero también debemos valorar el trabajo que sí que se está haciendo.

¿En algún momento tuviste la tentación de “ablandar” el relato, de quitarle crudeza?

No, para nada. Estábamos convencidos de que si lo hacíamos estaríamos minimizando el problema, caeríamos en el juego de ocultar el problema y eso serviría de bien poco o, peor aún, estaríamos formando parte del problema.

¿Cómo se logra el equilibrio entre la crudeza de la historia real y el morbo y sensacionalismo que lleva casi implícito un tema como el bullying?

Creo que hay que tratar de mantener cierta distancia a la hora de elaborar y de contar determinadas escenas. Para esto ayudó muchísimo la narrativa de Miguel que supo darnos un punto de vista estático, casi como de observadores externos que asisten impotentes a lo que ocurre frente a la cámara. Podríamos haber caído en una representación más efectista, pero creo que eso es lo que nos hubiese hecho caer en ese sensacionalismo.

¿Hubo algo que te sorprendiese de forma especial en la historia de Iñaki? ¿Hubo algo que no contases porque te parecía excesivo?

Sí que lo hubo, todo lo referente a la segunda parte del cómic, la que ocurre dos décadas después de haber sufrido el acoso tan brutal por el que pasó. Me impactó muchísimo descubrir las secuelas que habían quedado en él, lo profundas que eran sus heridas y todo lo que estuvo a punto de hacer. Hubo varias cosas que dejamos fuera del cómic, varias de ellas por motivos meramente estructurales y narrativos y otras por petición de Iñaki que no quería exponer aún más determinados episodios de su vida.

¿Crees que el cómic en general y éste en concreto, puede ser una buena herramienta educativa?

El cómic es una de las mayores herramientas de divulgación para cualquier materia con la que podemos contar hoy en día. En nuestro día a día asistimos a un inmenso aluvión de imágenes y texto luchando por llamar nuestra atención de formas muy variadas. Imágenes y texto queriendo transmitir algo. Pues ese es el lenguaje natural del cómic. Esa es su potencia. Y se puede aplicar para contar o para divulgar cualquier historia, cualquier materia o cualquier concepto. Así que sí, creo que el cómic puede y debe ser una buena herramienta educativa.

¿Qué es lo que más te ha gustado de este proyecto?

La experiencia, el camino, el haber empezado el proyecto como un trabajo más y haber acabado formando vínculos muy estrechos entre todos los que hemos formado parte del mismo.

¿Estás satisfecho del resultado conseguido?

Pues sí, la verdad. No tanto en términos de si la obra es mejor o peor, creo que eso no me toca valorarlo a mí, pero sí en cuanto a haber participado en algo en lo que tanta gente nos está reconociendo su valor para transmitir un mensaje y abordar un problema en las aulas.

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Han asesinado a un profesor, han acuchillado a la libertad

Un fanático degolló la libertad de pensamiento, que viene a ser la más grande las libertades. Samuel Paty fue degollado en Conflans-Sainte-Honorine, una población cercana a París, cuando salía del instituto donde daba clase. Era profesor en Francia, un país donde la educación es laica y se queda a la puerta de los colegios e institutos, y fue asesinado por un fanático religioso. Su presunto “delito” fue haber enseñado a sus alumnos las caricaturas sobre Mahoma del semanario satírico Charlie Hebdo, que hace cinco años costaron la vida a 12 trabajadores de esa publicación en un ataque reivindicado por la organización terrorista Al-Qaeda.

Samuel murió por defender la tolerancia y la libertad de pensamiento, base de todo sistema democrático, y por hacerlo desde la principal trinchera, la escuela donde se forman los ciudadanos del futuro. Por eso estos días en Francia los lemas son “Je suis prof”, “Je suis enseignant” (Soy profe, soy enseñante), como tributo a un ciudadano que “Fue asesinado porque enseñaba, porque explicaba a sus alumnos la libertad de expresión, la libertad de creer y la de no creer”, como dijo el presidente francés Emmanuel Macron al dirigirse al país, recordando que se trata de un ataque contra los valores de Francia, su educación laica e igualitaria.

Quizá haya sido la situación actual de pandemia que absorbe todas nuestras preocupaciones, quizá nos estamos acostumbrando a este goteo de muertes violentas provocadas por el fanatismo intolerante, o quizá la muerte aislada de un solo profesor no cause tanto impacto como la de una docena de periodistas, pero hemos echado de menos que “Yo soy un profesor” no se haya convertido en una imagen mayoritaria en las redes sociales, como en su día se convirtió aquella de “Je suis Charlie Hebdo”. Tampoco las hemos visto en los colegios y los institutos, donde los maestros y profesores peleando contra el Covid superados por la falta de medios e infraestructuras, soportando muchas veces quejas de padres a los que no les gusta que sus hijos reciban según que enseñanzas.

El sistema público de educación no puede ser un menú a la carta según las ideas o creencias de cada uno. Debe ser un sistema consensuado entre los distintos sectores sociales, debe servir para preparar a los niños para enfrentarse a los retos del futuro, de un futuro marcado por la revolución tecnológica y del conocimiento, y debe basarse en un Pacto de Estado de Educación que permita unos planes de estudio duraderos y adaptados a la realidad. Quizá a la vista de la situación de disenso político generalizado, esta idea parezca una utopía, pero de lograrlo o no depende nuestro futuro como sociedad de progreso y de derecho.

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