DOCUMENTOS BESINCRO Las leyes educativas españolas (2) De la LODE a la LOGSE (1985 – 1990)

Cole 1En el segundo capítulo del resumen especial sobre la historia de las leyes educativas en España, elaborado con motivo de los trámites parlamentarios para la tramitación de la LOMLOE, la octava reforma desde la recuperación de la democracia, hoy analizamos la LODE, cuyo resultado más notorio fue la implantación de la enseñanza concertada, y la LOGSE, la ley más polémica y controvertida de nuestra historia pedagógica. 

 

La LODE, 1985

El partido socialista había llegado al poder tres años antes con un amplío respaldo electoral que le permitía lanzarse a realizar cambios sociales de gran trascendencia. Pero la primera ley de educación del PSOE no supuso cambio alguno en el programa educativo ni en la estructura del sistema, sino que incidió especialmente en los aspectos de funcionamiento de las instituciones educativas, regulando la dualidad de centros docentes, la participación de la comunidad educativa en la enseñanza y el derecho a la educación mediante la libertad de cátedra y conciencia y el derecho a la no discriminación. Su medida de mayor repercusión y trascendencia fue la incorporación del sistema de colegios concertados.

La Ley Orgánica del Derecho a la Educación es publicada en el BOE el 4 de julio de 1985, una jornada en la que los titulares de la prensa vienen marcados por las pugnas dentro del gobierno entre los sectores encabezados por Alfonso Guerra y Miguel Boyer, durante una remodelación del gobierno que no incluía a José María Maravall, titular de la cartera de Educación entre 1982 y 1988. Son tiempos muy difíciles para la sociedad española, pero también años de ilusión y esperanza. En el año de nacimiento de la LODE, España firma el tratado de adhesión a la Comunidad Económica Europea mientras ETA mantiene una escalada de atentados que produce treinta y siete víctimas mortales y una campaña contra los intereses turísticos en las costas mediterráneas. A esta estrategia del terror se suma el GAL, con al menos dieciséis atentados y once asesinatos. Mientras gobierno y oposición discuten por las acusaciones de manipulación en la TVE de José María Calviño (otra polémica clásica de nuestra democracia), las principales inquietudes y desasosiegos en la calle vienen dados por el paro y la inseguridad ciudadana, que alcanza por aquellos tiempos cotas de tal alarma social que tiene su reflejo en el cine con películas como Yo, el Vaquilla, protagonizada por el entonces célebre delincuente homónimo, e incluso en anuncios como del Opel Corsa, que regalaba al comprar el coche “un autoradio-cassette con seguro de robo”.

En este clima social se fraguó la tramitación de la LODE. A pesar de que la Educación no figuraba entonces entre las principales preocupaciones de los españoles, el proyecto de Ley tuvo que superar polémicos debates políticos y un recurso ante el Tribunal Constitucional. Sus detractores dijeron que discriminaba a la enseñanza privada, que suponía un enfrentamiento innecesario con la Iglesia, que daba un excesivo poder a las instituciones públicas, era dogmática y se inmiscuía en un ámbito tradicionalmente reservado a los padres y que sobrecargaba el presupuesto nacional en aquellos tiempos de grave crisis económica. Sus defensores argumentaron que hacía efectivo el derecho a la educación, que sentaba las bases de la libertad de cátedra y la elección de centros y que por fin garantizaba la plena participación de padres, profesores y alumnos a través de los consejos escolares y las asociaciones de padres.

En realidad este proyecto no modificaba el sistema educativo y prácticamente se limitaba a crear nuevos organismos, como el consejo escolar y las asociaciones de padres de alumnos, y establece la elección del director del centro por parte de la comunidad escolar. Se pretendía marcar una dirección democrática, frente a la anterior, considerada mucho más tecnocrática. La LODE convertía al Consejo Escolar del Estado y los Consejos Escolares Autonómicos en el marco principal para la participación institucional de los agentes educativos y los Consejos de los Centros Escolares se hacían cargo a partir de entonces tanto de la elección del director del centro, como del régimen interno disciplinario y las actividades extraescolares. E incluso, y este es uno de los puntos de mayor relevancia para el funcionamientos de los colegios e institutos, les hacía responsables de la gestión y aprobación de sus propios presupuestos.

Sin embargo, muchas de estas atribuciones acabaron significando en realidad un incremento de las tareas burocráticas del profesorado sin que ello supusiese un aumento de los incentivos profesionales, lo que se tradujo en menos implicación de la prevista por parte de los docentes. A la hora de la verdad, más de la mitad de los directores siguieron siendo nombrados directamente por las autoridades políticas y administrativas.

La LODE propició algunas de las manifestaciones estudiantiles más sonadas de la historia reciente de nuestro país, especialmente las de enero de 1987, en las que se produjeron disturbios que han quedado impresos en la memoria colectiva por la imagen reiterada por los medios de Jon Manteca Cabañes, más conocido como el Cojo Manteca, destrozando mobiliario urbano. El descontento alcanzó sus mayores niveles en la primavera de 1988, cuando el mundo educativo se vio sacudido por una huelga de un mes en los centros públicos de enseñanza media, en la que los profesores solicitaban la dimisión del ministro Maravall y mejoras salariales y de pensiones. La presión pudo con el ministro, que acabó dimitiendo de su cargo y siendo sustituido por Javier Solana, que ejerció el cargo hasta junio de 1992.

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La LOGSE, 1990

La Ley de Ordenación General del Sistema Educativo tiene el dudoso honor de ser, junto con la LOMCE, la ley más polémica y controvertida de nuestra historia pedagógica. Fue calificada por sus impulsores de ley revolucionaria y realmente lo fue, tanto en la profundidad de los cambios introducidos en el sistema educativo como en las polémicas consecuencias que generó a medio y largo plazo. Aunque comenzó con grandes expectativas por parte del profesorado, acabó cayendo en el más profundo desprestigio como una norma de buenas intenciones y nefasta aplicación, en la que el rendimiento de los alumnos cayó drásticamente.

En esencia, la LOGSE amplió la edad de escolarización obligatoria de los 14 a los 16 años, introdujo la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y el Bachillerato de dos años, reguló la educación especial y permitió que las comunidades autónomas no sólo gestionaran los centros educativos, sino que pudieran redactar un porcentaje muy importante de los contenidos curriculares. Para sus impulsores, sus mayores logros eran el establecimiento definitivo de la educación obligatoria y gratuita para todos los niños, independientemente de sus capacidades, la rebaja en el contenido de las asignaturas y la flexibilización en el paso de curso, la reducción del tiempo de los estudios de bachillerato y la creación de dos niveles de formación profesional. Su filosofía pedagógica estaba basada en el constructivismo, que en líneas muy básicas podríamos decir que es aquel en el que los niños aprenden según su propia iniciativa y el profesor debe ser el instrumento que les ayuda a descubrir las cosas y adquirir conocimientos sobre las mismas.

Fue aprobada el 3 de octubre y publicada en el BOE al día siguiente, casi un año después de que el PSOE ganase por tercera vez consecutiva las elecciones generales. La hegemonía socialista al frente del gobierno apuraba sus días más exitosos y el país afrontaba una época de cierta tranquilidad y bonanza económica apoyada en la reducción de los precios del petróleo y el crecimiento de la construcción. Es la época en la que comienzan a emitir las televisiones privadas, justo a tiempo para poder informar de la Operación Nécora, la primera gran redada contra el narcotráfico en la que son detenidos mafiosos y personajes de la jet set, la matanza de Puerto Hurraco, la detención de Rosendo Naseiro, tesorero del PP, o el Mundial de Fútbol de Italia, donde la selección española que lideraba Emilio Butragueño fue eliminada en octavos de final por la eterna rival, Yugoslavia… España es un país con un pie en el siglo XXI y otro en sus problemas y taras ancestrales. Los preparativos de los fastos del 92 (Olimpiadas de Barcelona, Exposición Universal de Sevilla y capitalidad cultural europea de Madrid) tratan de impulsar internacionalmente una nueva imagen de nuestro país.

Al principio, la ley fue recibida con cierto alborozo por un amplio sector del profesorado que veía en ella una plasmación de los postulados pedagógicos más modernos. Suponía la puesta en marcha de un sistema educativo basado en una gestión democrática de los centros y era la primera en establecer un sistema de enseñanza verdaderamente descentralizado, que permitía a las Comunidades Autónomas no sólo gestionar los centros educativos, sino redactar un porcentaje muy importante de los contenidos educativos. El objetivo era incorporarse a postulados europeos y asumir un modelo más acorde a los nuevos cambios tecnológicos surgidos en educación. Pero la aplicación de los postulados más polémicos de la ley, como la flexibilización del paso al curso superior -que en la práctica eliminaba la posibilidad de que el alumno repitiese curso- y la dificultad del entramado de elección asignaturas propuestas para la ESO, se convirtieron pronto en escollos insalvables y motivo de grandes decepciones para todos los sectores implicados.

Sin duda la parte más polémica, sobre todo a largo plazo, de la LOGSE fue la implantación de la ESO. La Educación Secundaria Obligatoria se extendía a lo largo de cuatro años después de la etapa de Educación Primaria y el alumnado comenzaba esa etapa a los doce años y la finalizaba a los dieciséis. Se estructuraba en dos ciclos: uno que incluía el primer, segundo y tercer curso, y otro de un sólo curso: el cuarto. El primer ciclo consistía en siete materias comunes (lengua y literatura castellana y de las respectivas comunidades autónomas, lengua extranjera, matemáticas, ciencias sociales, educación física y ciencias de la naturaleza), cuatro materias comunes al menos durante un curso (educación plástica y visual, tecnología, música y educación para la ciudadanía y los derechos humanos), dos asignaturas de libre elección (religión y atención educativa) y otras dos optativas (cultura clásica y segunda lengua extranjera).

El segundo ciclo consistía en siete materias comunes (básicamente las mismas que para el primer ciclo), otras tres optativas (un amplio abanico que iba desde física y química hasta alimentación, nutrición y salud, pasando por latín, biología, educación plástica, tecnología, música o ciencias aplicadas a la actividad profesional). Este segundo ciclo incluía además otras tres materias comunes a las opcionales, o sea, una de ellas de imprescindible elección (informática, orientación profesional y segunda lengua extranjera).

La norma fue recibida con un absoluto y feroz rechazo, sobre todo en el entorno de los estudiantes y sus sindicatos, que el 22 de marzo y el 26 de abril convocaron huelga tanto en la enseñanza media como en la universidad. El Sindicato de Estudiantes, principal convocante, exigía su retirada y la consecuente dimisión del ministro, Javier Solana. Según sus convocantes, la huelga tenía como objetivos fundamentales la defensa de la gratuidad de la enseñanza, la reclamación de una oferta pública suficiente en enseñanza infantil, el control de prácticas en Formación Profesional, acabar con la masificación, eliminar las pruebas de acceso a la Universidad y exigir mayores inversiones de la Administración en materia educativa.

En el fondo yacía el conflicto entre escuela pública y privada. Los detractores de la LOGSE consideraban que la ampliación hasta los 16 años de la enseñanza obligatoria en aquellas circunstancias incrementaría las subvenciones a los centros privados en discriminación de los públicos. A pesar del éxito masivo de la convocatoria de huelga, la ley acabó aplicándose y fue desarrollada en toda su extensión, convirtiéndose, después de la EGB, en el sistema de enseñanza que afectó a más generaciones de españoles, hasta el momento.

Los preceptos educativos de esta norma legal se mantuvieron durante más de doce años y estuvieron siempre marcados por la sensación generalizada de que la LOGSE, y sobre todo la ESO, propiciaron la peor etapa del sistema educativo de nuestra historia democrática y generaron la idea colectiva, y no del todo exacta, de que la educación secundaria se había convertido en un coladero para alumnos que no desarrollaban todas sus capacidades por la falta de la exigencias a la hora de pasar de curso escolar.

Sincronía, una sola Humanidad.Por un Pacto de Estado en Educación

DOCUMENTOS BESINCRO Las leyes educativas españolas (1) De la LGE a la LOECE (1970 – 1980)

Escuela franquista (antigua) - copia - copiaEl gobierno acaba de dar luz verde a la tramitación parlamentaria de la LOMLOE, la octava ley de educación que se pone en marcha en nuestro país desde la restauración de la democracia. Todo parece indicar que no será la definitiva, ya que nace, igual que las anteriores, sin consenso entre los partidos políticos. Para entender las raíces del problema de la educación en España es imprescindible conocer la evolución de sus reformas legislativas en el terreno de la pedagogía. Comenzamos hoy la publicación de una serie de documentos sobre la historia de las sucesivas reformas educativas que se han efectuado en España en las últimas cinco décadas.

En poco más de cuatro décadas, hemos tenido ocho leyes orgánicas de educación diferentes y en algunos casos divergentes. La distintas reformas y contra reformas se han sucedido al ritmo de los cambios y vaivenes políticos, de forma que prácticamente a cada cambio de color político en el gobierno le ha correspondido un giro en el proyecto educativo del país y en casi todos los casos, sin que haya podido completarse y desarrollarse del todo. Este continuo cambio de rumbo ha supuesto tradicionalmente un enorme esfuerzo por parte del profesorado, que apenas ha tenido tiempo de adaptarse a una normativa cuando ya se le exige la aplicación de una nueva. La consecuencia ha sido una planificación pedagógica errática y unas cifras de fracaso escolar que no se corresponden con un país plenamente desarrollado. Para entender este proceso vamos a conocer una por una, y por orden cronológico, todas las leyes educativas que se han aprobado en los últimos cuarenta y cuatro años.

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La LGE, 1970

El 1 de abril de 1970, el ministro de Educación, José Luis Villar Palasí, presentaba ante las Cortes la Ley General de Educación, destinada a modernizar el caducado sistema educativo español. La noticia compartió página en el diario ABC con la celebración de la ‘Semana Costa del Sol en Nueva York’, lo que demuestra la escasa atención que suscitó en la prensa de aquellos días, más volcada en recoger las andanzas de un joven piloto de motos llamado Ángel Nieto, las condenas del Tribunal de Orden Público por propaganda subversiva y asociación ilícita, el nombramiento del obispo de Palencia o la construcción de la autopista de peaje Sevilla-Cádiz, por la que en el futuro circularían dos coches que habían salido al mercado por entonces: el Renault 8 y el Dyane 6. Así, pues, nada parecía indicarlo, pero Villar Palasí estaba escribiendo uno de los capítulos fundamentales de la historia de la educación española.

A finales de los años sesenta, el sistema educativo español se había visto completamente desbordado por un abrumador aumento del número de alumnos (producto de la elevación del índice de natalidad) y una mayor exigencia en la escolarización por parte de una emergente clase media que había abandonado progresivamente el campo para instalarse en la periferia de las ciudades. Entre 1963 y 1968, el analfabetismo se había reducido en casi un millón de personas (el 5,7 % de la población mayor de 15 años), la tasa de escolaridad se situaba en torno al 80% (3.541.474 en primaria y 482.570 en secundaria, según datos de 1967) y los universitarios apenas sobrepasaban el 3%, algo que iba a verse incrementado de manera acelerada en la década siguiente.

El sistema educativo estaba totalmente obsoleto y la deficiencia y escasez de las instalaciones escolares eran propias de un país al borde del tercermundismo (eufemísticamente llamado ‘país en vías de desarrollo’). A mediados de los años sesenta un libro tan elemental, caduco y cuestionable como la famosa Enciclopedia Álvarez, que se dividía en elementales conceptos matemáticos, las reglas gramaticales, muchos preceptos de religión católica y una sesgada visión de la historia de nuestro país, todavía era tan habitual en las escuelas españolas como los rezos y los cantos patrióticos con que comenzaba la jornada.

En su discurso de presentación ante las Cortes, el propio Villar Palasí reconocía la necesidad de cambios profundos en la educación española a causa de la falta de instalaciones para preescolar en zonas rurales y obreras, la doble vía de primaria que impedía el acceso de las clases más desfavorecidas a los estudios superiores, la escasez generalizada de plazas escolares, la proporción excesiva de alumnos por profesor, los elevados niveles de suspensos y la desarticulación de la formación profesional. En definitiva, el sistema había sido superado por una realidad social en vertiginoso cambio y era necesario afrontar el reto. El ministro lo explicaba de forma diáfana, a pesar de la enrevesada retórica de la época: “No se trata de dar respuesta solamente a los problemas más acuciantes de nuestra época, sino principalmente de dar una muestra de generosidad y responsabilidad en favor de las próximas generaciones, para que puedan participar más plenamente en una sociedad más justa, más libre y más abundante de bienestar y riqueza”.

Quizá sin saberlo, Palasí estaba dibujando las líneas elementales de la norma educativa con la que varias generaciones de españolas abordarían la siguiente década, la más decisiva de la historia reciente del país, la que marcaría el paso de la dictadura a la democracia. En palabras del propio ministro, los objetivos de la reforma educativa eran tan ambiciosos como elementales: “Queremos que se abran las puertas de los centros de enseñanza de par en par, sin limitaciones ni discriminación alguna para ningún español, para que todos los españoles puedan acceder a esa educación esencial y mínima, a esa educación general básica que ha de ser la plataforma cultural de su vida y que debe crear en cada centro, a modo de micro sociedad, un auténtico clima de convivencia. (….) Porque como dijera Jovellanos, y la afirmación es válida hoy, el problema de España es un problema de la Escuela o por decirlo en términos actuales, un problema de educación”. El ministro Palasí acabaría pasando a la historia nacional como ‘el padre de la EGB’, la Educación General Básica, un sistema en el que se educaron generaciones de españoles durante casi veinte años, y sus palabras –desdichadamente- siguen siendo un perfecto diagnóstico para la educación española más de cuatro décadas después.

historia-de-la-educacion-en-el-xxEs indispensable, pues, comenzar la historia de las reformas educativas de la democracia por una ley promulgada en los estertores de la dictadura franquista y que reflejaba, como casi todo en aquellos días, un anhelo de modernidad y libertad que acabase de una vez con aquellos míticos “20 años de retraso con el resto del mundo civilizado”, por usar una expresión de la época. La LGE reformó el sistema educativo de arriba a abajo, desde la educación preescolar hasta la universitaria, para adaptar un modelo educativo más propio del siglo XIX a las necesidades de escolarización de una sociedad que se preparaba para entrar a todo tren en el vertiginoso y cambiante tramo final del siglo XX.

En líneas generales, se estableció la enseñanza obligatoria hasta los 14 años mediante la Educación General Básica, estructurada en dos etapas. Tras esta primera fase, que duraba ocho cursos, el alumnado podía optar por acceder al BUP (Bachillerato Unificado Polivalente), o a la entonces recién creada FP (Formación Profesional). Los ocho cursos de escolarización obligatoria se dividían en dos ciclos: del 1º al 5º curso y del 6º a 8º. Esta estructura pasó a ser de tres ciclos a partir de 1981, año en el que ya estaba en vigor la LOCE, la primera ley educativa de la democracia. Las asignaturas del ciclo obligatorio eran matemáticas, lengua, ciencias naturales, ciencias sociales, idiomas extranjeros, educación física, plástica y religión.

El BUP duraba tres años y en el último los alumnos optaban por las ramas de ciencias o letras, eligiendo tres asignaturas de las cuatro que tenía cada opción, que se complementaban con las asignaturas obligatorias y comunes para ambas ramas. Finalmente, en la LGE se establecía un Curso de Orientación Universitaria (COU) que sustituía al antiguo Curso Preuniversitario y que servía de preparación para las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU), conocidas desde el principio como Examen de Selectividad. El COU se aplicó a partir de 1976, año a partir del cual la LGE se aplicó ya de forma generalizada a toda la población escolar.

Para entonces, España estaba sumergida en un profundo proceso de cambio político y social, la famosa Transición Democrática, que en otoño de 1977 dio un salto hacia adelante con la firma de los llamados Pactos de la Moncloa, que todos los representantes de los partidos políticos con representación parlamentaria firmaron el 25 de octubre, cuatro meses después de las primeras elecciones generales, en las que obtuvo la victoria la UCD de Adolfo Suárez. Se trataba, en definitiva, de superar una grave situación de inestabilidad política y social y de buscar una salida a la crisis económica derivada de la crisis del petróleo de 1973.

15290750825946En el aspecto educativo, los Pactos de la Moncloa supusieron la creación de 750.000 nuevas plazas escolares, pero ningún cambio legislativo. Los acuerdos suscritos en esta materia se limitaron en líneas generales a mantener la ley de educación del ministro Palasín y a establecer unas líneas generales, a modo de grandes intenciones, sobre la necesidad de democratizar el sistema educativo y de establecer cauces de participación para todos los sectores implicados mediante la definición de unos nuevos estatutos para el profesorado y los centros educativos. Como objetivos prioritarios se marcaron la mejora de la calidad educativa, la homogeneización de su aplicación técnica entre los centros públicos y privados (denominados entonces estatales y no estatales) y la gratuidad progresiva de la enseñanza.

Vale la pena detenerse en este último punto, porque es en el que el texto de los Pactos baja más al detalle. Se proponen una serie de medidas concretas que tendrán reflejos en los inmediatos planes educativos que se adopten durante los primeros años de la recién estrenada democracia. En los centros públicos -o estatales, como son denominados en el documento- se propone avanzar en la gratuidad mediante “la construcción, equipamiento y atención a los gastos de funcionamiento y de profesorado de los puestos escolares que se incluyan en el Plan Extraordinario de Escolarización de 40.000 millones de pesetas. A tales efectos se crearán 400.000 plazas de Educación General Básica, 200.000 nuevas plazas de Educación preescolar y 100.000 nuevas plazas de Bachillerato Unificado Polivalente durante 1978”. Además se propone estudiar medidas concretas para adecuar los sueldos del profesorado a los nuevos tiempos económicos, buscar medidas que tiendan a la gratuidad absoluta de servicios de comedor y transporte en los niveles de enseñanza obligatoria, especialmente cuando se impongan como necesarios para los alumnos de concentraciones escolares y, finalmente, se estipula que se examinará el posible abaratamiento de los libros de texto en niveles educativos obligatorios.

Otro capítulo que merece especial atención es el que hace referencia a la participación de los padres de alumnos y del profesorado en el control del funcionamiento y condiciones de los centros educativos. En cuanto a los centros privados se propone proceder a “una revisión profunda del sistema de financiación con la definición, si se considera conveniente, de un estatuto de los centros subvencionados en que se prevea la participación de padres de alumnos y profesorado por la que se atienda a la función, necesidades y condiciones de tales centros, y en el que se asegure el control de la aplicación de fondos públicos a los mismos”. Este será uno de los campos de batalla del futuro educativo del país, mermado de centros públicos y abocado a una política de concertación con los privados que se convertirá en uno de los puntos más polémicos del debate educativo.

Por último, pero no menos importante, se abre un nuevo capítulo de consideraciones sobre el nuevo modelo territorial que, aunque está por perfilar definitivamente, supondrá otro elemento de polémica, todavía sin solucionar. En los acuerdos adoptados por los partidos en los Pactos de la Moncloa se afirma que “Se incorporarán las distintas lenguas y contenidos culturales en sus respectivos ámbitos territoriales, para todos los niveles educativos obligatorios. En coherencia con estas medidas, se facilitará al profesorado, en su caso, el oportuno reciclaje y (….) se establecerá la pertinente colaboración entre el Gobierno y las instituciones autonómicas para la realización de estos planes”. Las transferencias autonómicas en educación todavía no se han planteado formalmente, pero el campo de juego del próximo tira y afloja ya está planteado.
La escasez de infraestructuras era tal que en un texto tan genérico como el de los acuerdos en materia de educación ya se esbozan las líneas generales de la política de inversiones necesaria para dotar al país de los centros educativos necesarios y se insta a “una eficaz acción en materia de obtención de suelo, para lo que se precisa una especialísima colaboración de los organismos de Obras Públicas y Urbanismo, así como de las Corporaciones Locales, y las medidas legislativas necesarias que permitan la urgente disponibilidad del suelo”. La mayoría de estas líneas generales serán recogidas en la primera ley educativa redactada tras la recuperación de las libertades democráticas.

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La LOECE, 1980

Tras la firma de la Constitución de 1978 se produce un incesante aluvión de cambios legislativos, entre los que figura de forma más bien discreta la Ley Orgánica del Estatuto de Centros Escolares, que fue la primera que se aprobó en el campo de las enseñanza media. Estuvo vigente sólo cinco años, y su principal consciencia fue la introducción del modelo democrático en la organización de los centros docentes.

La que en puridad se puede considerar como la primera ley de Educación nacida en democracia fue publicada en el Boletín Oficial del Estado el 27 de junio de 1980. Hacía quince meses que la UCD de Adolfo Suárez había revalidado gobierno, aunque sin mayoría absoluta y a sólo cuarenta y siete escaños del PSOE de Felipe González. La sociedad española estaba viviendo su época de mayores cambios desde el final de la Guerra Civil. Mientras una mayoría de la población intentaba olvidar los tiempos del socialcatolicismo franquista y abrirse definitivamente a las corrientes más innovadoras, una parte pequeña pero férreamente inmovilista trataba de evitar la ruptura con el pasado.

Por todos lados se respiraban ansias de cambio y de modernidad. En 1980 se reabre la frontera entre Gibraltar y España, cerrada desde 1969, millones de españoles se dan cita ante la televisión para ver la serie Dallas y siguen con morbosa atención los detalles del asesinato de los Marqueses de Urquijo. Políticamente, el año está marcado por el desarrollo del estado autonómico, con la celebración del referéndum de autonomía de Andalucía, las primeras elecciones a los parlamentos vasco y catalán y la aprobación del estatuto de autonomía de Galicia, Esta realidad fue recogida por la ley, incluyendo las lenguas oficiales de cada autonomía tanto en la EGB como en el BUP, modelos que se mantuvieron prácticamente intactos en el nuevo texto legal, más centrado en la cuestión del sistema de funcionamiento de los centros docentes para adaptarlos a los nuevos usos democráticos. El sistema educativo permanecía prácticamente inalterable.

El PSOE, principal partido de la oposición, recurrió el texto legal ante el Tribunal Constitucional aduciendo que no respetaba el espíritu y la letra de la Constitución. La sentencia del TC, emitida el 13 de febrero de 1981, dio la razón a los socialistas en un buen número de sus reclamaciones. Fue precisamente esta sentencia la que acabó por dotar de contenido a una ley de circunstancias, ensombrecida por las reformas más urgentes que demandaba el país en aquellos días. La respuesta del alto tribunal fue fundamental para fijar los límites de las libertades en la enseñanza y el respeto al derecho a la educación y obligaba al gobierno de UCD a revisar tan profundamente la LOECE que prácticamente hubiese significado la redacción de un nuevo proyecto de ley. Pero circunstancias políticas de extrema gravedad y trascendencia abortaron la que podría haber sido la primera reforma legal educativa en profundidad de la democracia. El intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, el cambio de Adolfo Suárez por Leopoldo Calvo Sotelo en la presidencia del gobierno y el posterior triunfo electoral del PSOE en 1982 convirtieron la LOECE en una ley muerta que nunca entró en vigor.

Saber no es suficiente, es necesario tener capacidades… y aprender a desarrollarlas

AulaInteractiva1En la era digital lo que aprendemos en la escuela ya no es suficiente para tener un trabajo, y mucho menos un trabajo digno que mantenernos por nosotros mismos. Cada día hay más jóvenes en paro (casi uno de cada tres en este momento) y los que lo tienen suelen trabajar en unas condiciones tan precarias que un solo trabajo no les permite sobrevivir y no pueden tener más, aunque quieran. Y lo peor es que cada año se quedan muchos puestos de trabajo sin cubrir porque no hay aspirantes con la preparación necesaria, mientras suben el número de casos de abandono escolar. Factores económicos aparte, a esta kafkiana situación hemos llegado por la caducidad de nuestros sistema educativo, anclado todavía en conceptos de hace más e un siglo, cuando la enseñanza básica era suficiente para el desarrollo individual y profesional de las personas.

Esta conclusión no es gratuita, sino que es la voz de alarma que en los últimos años están lanzando todos los organismos y expertos mundiales en educación como Richard Elmore, director del Doctorado de Liderazgo EducativoUniversidad de Harvard, quién afirma que «El modelo de educación que tenemos está obsoleto, requerimos creer más en las reales capacidades de los estudiantes», o Arthur Levine, presidente del Teacher’s College de Columbia, que en una entrevista publicada recientemente en el diario La Vanguardia sostiene que «la educación debe cambiar para dotar a los ciudadanos de las habilidades que requiere» y añade que eso hay que hacerlo a base de «pensamiento crítico para superar lo viejo; creatividad, para ofrecer alternativas; gestión de la complejidad y la diversidad». Es un cambio profundo y urgente que necesita un giro en el esquema político de la enseñanza española.

En estos momentos se está preparando la octava reforma educativa desde 1985. Esta vez la nueva ley se llama LOMLOE (Ley Orgánica por la que se Modifica la Ley Orgánica de Educación Loe, de 2006) y más allá de las propuestas y reformas concretas, lo que ya sabemos es que no servirá para remediar los males de nuestro sistema educativo y que está condenada al fracaso. No se trata de un mal augurio, se trata de la constatación de una evidencia: la ley nace con la oposición de los partidos de la oposición, valga la redundancia, y con fuertes críticas por parte de las organizaciones de padres y madres de alumnos de corte más conservador. De esa forma se repite el tradicional esquema de que la nueva ley dura lo que dura el gobierno que la pone en marcha y se acaba cuando llega un nuevo gobierno que pone en marcha una nueva reforma… y así sucesivamente.

¿Como se rompe este círculo vicioso? Muy fácil, sentándose a hablar, llegando a un consenso y alcanzando un Pacto de Estado para una Reforma educativa en la que pesen más los criterios y conceptos pedagógicos que los intereses económicos y las directrices políticas. Tan sencillo como inalcanzable en este momento. Y mientras tanto seguimos viendo como pasa de largo en tren del futuro, que ya es presente, y nuestros centros educativos, a pesar de los enormes y loables esfuerzos de los profesores y los profesionales de la educación, siguen produciendo jóvenes que no están verdaderamente preparados para una sociedad y un mercado laboral que cambia a velocidad de vértigo.

Sincronía, una sola Humanidad

La supervivencia del ser humano está en su salida al espacio exterior

Inma Martínez - copia (2)Inma Martínez es experta en Inteligencia Artificial y autora del libro La quinta revolución industrial: Cómo la comercialización del espacio se convertirá en la mayor expansión industrial del siglo XXI ”. Es profesora en el Imperial College London y participa en el programa Deep Science Ventures Está considerada por la industria como una visionaria digital y de la inteligencia artificial.

El planeta camina hacia el desastre medioambiental ¿La supervivencia del ser humano está en su salida al espacio exterior?

Hay una única respuesta a esto: sí. La humanidad siempre ha avanzado científicamente cuando exploraba geográficamente. Por ejemplo, la Antártica es una de esas geografías en donde los científicos están encontrando mayor evidencia de biologías, leyes físicas y otras que son radicalmente diferentes a las experimentadas en otras partes del planeta. Los seres humanos llevamos explorando el universo inicialmente para verificar si existiera otra vida en algún lugar de las galaxias, pero en los últimos 30 años porque debemos explorar otros asentamientos humanos y nuevas fuentes de energía, porque en 50 años nuestra dependencia energética sobrepasará nuestra habilidad para generarla. La vida en el siglo XXI es digital, fundamentalmente dependiente de electricidad.

En el subtítulo del libro plantea como la comercialización del espacio se convertirá en la mayor expansión industrial del siglo XXI, sin embargo en la televisión o la prensa no hay una sola línea sobre investigación espacial ¿Estamos mal informados? ¿La información está reservada a los especialistas?

Estamos poco informados y con escasa visibilidad del por qué todas las misiones espaciales persiguen objetivos para el bien de la humanidad. Los medios tienden a hablar de los cohetes espaciales como si de la Fórmula 1 se tratase cuando en realidad lo más importante de éstos es en cómo han evolucionado en ser capaces de transportar mayores cargas – principalmente satélites de observación, telecomunicación y científicos, ser recuperables y por tanto más ecológicos y baratos, y permitir al sector privado en experimentar en el espacio y el expandir su negocio en él. No tendríamos telecomunicaciones ni televisión sin la industria espacial. Más aún: países que sufren los efectos de climas extremos como Canadá y las naciones Árticas no podrían operar sus flotas pesqueras y demás sin los datos de satélite. África, por ejemplo, está usando esos datos para planificas el urbanismo de sus ciudades y las migraciones de población humana y animal. Es por ello que escribí el libro: para revelar lo que realmente estamos consiguiendo con todas las misiones. No hay sector que ame más al planeta Tierra que la industria espacial: sabemos que no hay otro planeta como este. Lo debemos cuidar.

A los 50 años de que el hombre pisase por primera vez la Luna, da la sensación de que hemos avanzado muy poco en la exploración espacial ¿Vive la ciudadanía de espaldas al progreso tecnológico en la industria espacial?

Un poco sí, pero es porque se les ha presentado una industria espacial “hollywoodense”, que es como le gusta a la NASA presentar sus misiones. En cambio las demás agencias, y a la cabeza de ello tenemos a la ESA, tienen muy presente que sus desarrollos en el espacio, en asociación con el sector privado, persiguen objetivos de bien de la humanidad y crecimiento industrial, por ejemplo ja JAXA, la agencia espacial japonesa, está liderada por industrias de robótica japonesas.

Debemos explorar otros asentamientos humanos y nuevas fuentes de energía, porque en 50 años nuestra dependencia energética sobrepasará nuestra habilidad para generarla.

¿En el futuro inmediato, la carrera espacial la protagonizarán los estados o las empresas privadas?

No hay ni habrá una separación porque las agencias espaciales tienen el conocimiento tácito de más de 60 años y el sector privado es un entrante “principiante” en ello. Es un sector que se desarrollará en forma de T: las agencias espaciales proveerán apoyos(línea horizontal) a todo tipo de sectores emergentes verticales (línea vertical).

Portada V revolucion industrialEn el libro se habla de la importancia de economías emergentes como India y el desarrollo en África de la tecnología especial ¿El esfuerzo por participar en la aventura espacial no puede ser un arma de doble filo y convertirse en un riesgo para su desarrollo?

Éstos países se lanzaron a la carrera espacial guiados por dos mentalidades diferentes: la India, que empezó hace ya décadas lo hizo por el orgullo nacionalista de entrar en la industria más avanzada en el campo científico y de ingeniería. De hecho el gobierno del presidente Modi lo ejemplifica cada vez que llevan a cabo una misión: honor y patria primero. En cambio África está metida en ello completamente guiados por la necesidad de innovar sus países hacia sociedades modernas.

¿Cómo se materializaría esa comercialización del espacio que se plantea en el libro?

El primer sector que vamos a ver en total revolución será el de las telecomunicaciones. Al 5G se le unirán proveedores de super Internet que lo ofrecerán a través de nano-satélites wi-fi. Estas compañías ya están lanzando constelaciones y de aquí a tres años alguien como un Amazón Prime te ofrecerá internet de casa y móvil por su red de satélites que te permitirá estár conectado en el campo, en el desierto, en zonas rurales, en alta mar, en las montañas. En donde la fibra óptica no ha llegado. Esto va a ponerle las cosas inesperadamente difíciles a los operadores de telecomunicación tradicionales.

¿Primará el espíritu competitivo comercial sobre el de la cooperación científica o serán compatibles?

Las agencias espaciales están fundamentalmente guiadas por el espíritu de la cooperación. Nadie puede ir sólo a una misión espacial porque el dominio y la experiencia de cada agencia es único en muchos aspectos: por ejemplo España es la líder en telecomunicaciones espaciales. Tenemos el telepuerto mejor del mundo en Santander y los centros de observación de basura espacial y meteoritos y satélites operativos más punteros y de mayor cobertura: desde el Teide, a Cádiz, a la estación de Cebreros en Ávila y la de Villafranca en Madrid. La infraestructura que vamos a crear en el espacio seguirá la misma ruta que la infraestructura que hemos creado en la tierra (carreteras, proyectos de agua, de energía, transporte): dejando que consorcios de empresas privadas líderes en sus respectivos sectores pújen por llevarse los contratos de construcción y financiándolos con fondos bancarios, no mayoritariamente gubernamentales. Habrá competitividad por llevarse esos contratos, de hecho es así como la industria cohetera se gana actualmente los contratos, pero por ello, los deseos nacionalistas se difuminarán.

Estamos muy, muy lejos de montar a pasajeros en una nave espacial como si fuera un Airbus

Para los profanos los viajes especiales parecen prohibitivos para el humano medio y sólo reservados para millonarios o científicos ¿Están más cerca de lo que parece los viajes masivos al espacio?

Ahí sí que te digo que estamos muy, muy lejos, lejísimos de montar a pasajeros en una nave espacial como si fuera un Airbus 320. Salir fuera de la órbita terrestre no es ningún chiste y estamos lejos de ver esto en los próximos 30 años.

En el libro habla incluso de globos espaciales ¿Ya no sirve el modelo de cohetes y aeronaves surgidos en los años 50 y 60?

El turismo espacial es muy peliagudo porque estás llevando civiles a la baja órbita y no puedes arriesgar sus vidas. Te lloverían demandas por doquier y se te hundiría la empresa en dos días teniendo que pagar demandas judiciales privadas. De todas las modalidades de subir turistas al espacio orbita terrestre, los globos aeroespaciales son más seguros porque lo haces poco a poco, durante una hora, no en ocho segundos en donde cualquier motor puede explotar. En España la empresa de globos aeroespaciales zero2infinity son pioneros en ello y te dirán lo mismo: su Bloon es la nave más segura de subir a hacerte selfies con el planeta azul de fondo.

¿Podríamos poner fecha al establecimiento de la primera colonia humana fuera del planeta?

Ya tenemos fecha oficial! 2025: un hombre y una mujer astronautas. La NASA va echando mucho bombo desde la Casa Blanca de que serán los dos americanos pero yo sé que la ESA está muy comprometida en ésta misión – que además es un programa de la ESA, el Pueblo Lunar, y espero que la mujer sea europea. Nos lo merecemos.

“La quinta revolución industrial” ha sido publicado por Deusto Ediciones.
Sincronía, una sola Humanidad

La Lomloe, la nueva ley de educación, y van ocho, que nace sin consenso y sin garantías de perdurar en el futuro

AulaDesde 1985 hemos tenido siete leyes de educación distintas y vamos camino de la octava. La que más tiempo duró fue la LOGSE, con 12 años de vida y la que menos la LOCE, que no llegó a aplicarse nunca. La Lomloe, nombre con el que ya se ha empezado a conocer Ley Orgánica por la que se Modifica la Ley Orgánica de Educación Loe de 2006 -que a su vez deroga la Lomce de 2013- no parece que vaya a interrumpir esta cadena de provisionalidad. El proyecto de la ministra Isabel Celaá ha recibido el visto bueno del Gobierno en el Consejo de Ministros del pasado 15 de febrero y ha sido bautizado con el título de “Una educación para el siglo XXI”, pero es poco probable que esa expectativa de durabilidad se cumpla.

Las causas de este pesimismo no son nuevas y hunden sus raíces en el secular enfrentamiento que caracteriza a las partes implicadas en el sistema educativo, un enfrentamiento que no solo tiene razones ideológicas sino también, y de un modo determinante, económicas. Muchos son los intereses en juego y la experiencia demuestra que un plan educativo dura lo que dura el gobierno que los sustenta. De momento la propuesta de la ministra Celaá ya se ha topado con la oposición frontal de la Confederación Católica de Padres de Familia (Concapa) que insiste en la vieja batalla de la religión y otros aspectos que poco tienen que ver con la modernización del sistema educativo.

Otros caballos de batalla son los de las competencias de las autonomías en materia educativa, su financiamiento presupuestario o la figura de la escuela concertada, entre otros temas que enfangarán el debate político de la ley y seguirán impidiendo ir al fondo de la cuestión: la necesidad urgente de sentar las bases de un nuevo sistema educativo acorde con el momento histórico que vivimos. Para implementar una ley de educación en toda su extensión hacen falta un mínimo de cinco años, un plazo que este nuevo proyecto no tiene garantizado ni mucho menos. Una vez más la reforme de la educación queda al albur de los vaivenes políticos, y una vez más se escapará el tren de la modernización educativa.

Las leyes educativas cambian cada vez que llega al poder un nuevo partido político. Hay estudiantes que han pasado por dos y hasta tres planes educativos distintos. El uso de la educación como una herramienta política ha impedido hasta el momento que nuestro país tenga una sistema pedagógico perdurable en el tiempo, algo especialmente preocupante en el actual momento de revolución digital, en el que se hace imprescindible un cambio educativo que sirva para que nuestra sociedad se enfrente con garantías a la llamada era de la información. Se mire como se mire, solo hay una forma de romper ese nudo gordiano y lograr un sistema educativo que se adapte a los vertiginosos cambios que se avecinan y a su vez sea duradero en el tiempo: el diálogo abierto y generoso que sirva de base a un consenso social y política para llegar a un Pacto de Estado en educación.

Sincronía, una sola Humanidad.Por un Pacto de Estado en Educación.

¡Estela grita muy fuerte!, un libro que ayuda a los niños a detectar el abuso sexual

unnamedUno de cada cinco niños son víctimas de abuso y violencia sexual, y lo peor es que ocho de cada diez casos se producen en el seno de la familia o en entornos de confianza, presuntamente seguros, lo que hace muy complicado poder detectarlos. Por eso es fundamental proporcionarles a los menores herramientas que les permitan identificar y denunciar esos posibles abusos. Una de esas herramientas es la literatura, los cuentos que pueden leer desde temprana edad en un lenguaje comprensible y no alarmante, evitando que puedan adquirir desconfianza exagerada hacia los adultos, pero facilitando que puedan desarrollar mecanismos de alerta ante posibles situaciones de abuso o de acoso.

Uno de esos cuentos es ¡Estela grita muy fuerte!, un libro dirigido a niños de seis años del que es autora la escritora, traductora y profesora de lengua y literatura Bel Olid. La obra muestra a la protagonista Estela, una niña pequeña, en dos escenarios diferentes que involucran maltrato o abuso con personas cercanas: el primero es sobre maltrato físico con su mejor amiga del colegio y el segundo sobre abuso sexual con un tío. Según la autora la narración es “Una excusa para que niños y niñas, y mayores, entablen un diálogo sobre el derecho de cualquier persona a decir no ante situaciones que nos disgustan o hacen daño”.

Obviamente todo está contado con el mayor tacto posible para que no se produzcan efectos contrarios a los deseados, no en vano Olid, junto a la Asociación de Red de Ayuda a Niños Abusados, en colaboración con la Editorial Fineo, elaboraron un programa de prevención de maltrato y abuso sexual infantil para acompañar el mensaje del cuento, mediante herramientas didácticas que permite que los niños se reconozcan en situaciones de maltrato y abuso y sepan cómo reaccionar.

¡Estela grita muy fuerte!, fue editado por Editorial Fineo y es un consejo de Sincronía, una sola Humanidad