“Lo inevitable”, un libro para reflexionar sobre el futuro inmediato y conocer las pautas que lo marcarán

Desde la incorporación de la realidad virtual en el hogar, a la posibilidad de elegir una economía doméstica y personal a la carta, la revolución tecnológica digital y la aplicación de la inteligencia artificial, estarán incrustadas en todo lo que hagamos y lo que fabriquemos en los próximos 30 años. Los cambios que se avecinan en nuestras vidas pueden ser estudiados e interpretados como el resultado de unas pocas fuerzas de aceleración a largo plazo. La mayoría de las cosas que sucederán a medio plazo son ya inevitables y están marcadas y promovidas por tendencias tecnológicas que ya están en movimiento. Esa es la tesis que sostiene Kevin Kelly, el fundador y director ejecutivo de la Revista Wired y uno de los principales pensadores y escritores sobre tecnología, en su libro Lo inevitable: Entender las 12 fuerzas tecnológicas que configurarán nuestro futuro.

Se trata de un obra que se puede entender como una esperanzadora hoja de ruta para asomarnos al futuro inmediato y hacernos una idea de lo que está por inventar, como será el mundo del trabajo, como serán los nuevos negocios y como empezar a adaptarnos a todo ello mientras este nuevo mundo emerge y se consolida. Kelly describe las tendencias profundas de este proceso y demuestra cómo se superponen y son codependientes entre sí.

En definitiva, se trata de aproximarse a las revolucionarias fuerzas que marcarán los próximos lustros y tratar de adaptarnos a una nueva forma de trabajar, comprar, aprender y comunicamos unos con otros. Al entenderlas y adoptarlas, dice Kelly, será más fácil para nosotros estar al tanto de la próxima ola de cambios y arreglar nuestras relaciones cotidianas con la tecnología, de manera que produzcan los máximos beneficios.

Lo inevitable, ha sido publicado por por primera vez por Teell Editorial en 2018

Sincronía, una sola Humanidad

“Historias de niñas que se atrevieron a soñar”, un libro para estimular el espíritu de superación

Querían algo mejor, lucharon por hacerlo realidad, y lo consiguieron. Son niñas que no quisieron darse por vencidas, persiguieron sus sueños y se mantuvieron firmes pese a la adversidad. Rifa, Nahomy, Addyson, Kanishka, Akhi, Xiaobing, Mwila, Elizabeth, Lina y Lenny, son las protagonistas de otras tantas historias que hablan de valentía coraje y determinación, que tienen como objetivo fundamental educar e inspirar a las mentes infantiles más curiosas e intrépidas. Se trata de vidas y experiencias de niñas en situación de precaridad, recopiladas por la ONG World Visión para promover entre los niños el espíritu de superación personal y ayudarles a afrontar los problemas de la vida cotidiana.

Puedes conseguir el libro en formato digital en la web de la ONG.
https://www.worldvision.es/colabora/1000-ninas/libro-de-cuentos-alma-obregon/

La nueva ministra da por perdido el Pacto por la Educación al empezar el nuevo curso

Pilar Alegría, la nueva ministra del ramo, considera inviable un Pacto de Estado en Educación en las actuales circunstancias, cosa nada sorprendente y en la que tristemente coincide con las manifestaciones públicas de nuestros representantes políticos en los últimos años. Lo malo es que la nueva ministra le queda por delante la patata caliente de poner en marcha la nueva ley educativa, La Lomloe (Ley Orgánica por la que se modifica la LOE de 2006), más conocida como Ley Celaa, el apellido de la ministra saliente, Isabel Celaa, que le ha dejado a Pilar Alegría la herencia de implementarla con la oposición de buena parte del arco parlamentario, y además conseguir la aprobación de la Ley de Formación Profesional y la Ley de Enseñanzas Artísticas.

La ministra ya ha dicho que no va a cambiar la política de su predecesora y respecto a las leyes que pretende introducir la titular de Educación, la oposición ya ha adelantado que ni hablar del peluquín, que diría un castizo. Y en eso, en «ni hablar», es en lo único que parecen estar de acuerdo todos, mientras nuestro sistema educativo hace aguas y sigue anclado en parámetros más propios del siglo XIX que de la sociedad tecnológica en la que vivimos. En sus primeras entrevistas tras acceder al ministerio, como primer paso para acabar con este bloqueo negociador Pilar Alegría propone «reducir los decibelios del debate» (El País 29 de agosto) y anuncia que la tónica de su ministerio será el diálogo y la mano tendida a las comunidades autónomas, los partidos de la oposición y los profesionales de la comunidad educativa.

A favor de la ministra pesa el hecho de que se le supone un conocimiento directo del tema, ya que estudió Magisterio, aunque nunca ha ejercido como docente, y ha sido consejera de la Universidad de Aragón. En contra, su intención de no hacer variaciones en la política de su ministerio. Desdichadamente, visto el clima político imperante, todo indica que este curso que comienza será una nueva oportunidad perdida para poner en marcha la búsqueda de un consenso que garantice de una vez por todas un sistema educativo duradero, flexible y adaptado a las nuevas necesidades de la revolución del conocimiento. Y así, mientras pasan los años y se suceden las leyes educativas tan fugaces como los gobiernos que las sustentan, se nos va escapando el futuro común.

Eduardo Castellón Mallor

Sincronía, una sola Humanidad

Se acaba un nuevo curso escolar con los deberes de la reforma educativa sin hacer

El curso escolar 2020-2021 se acaba y con él se va, una vez más, la oportunidad de comenzar a trabajar en la creación de un nuevo modelo educativo, flexible, duradero y adaptado a los tiempos que vivimos. La posibilidad de un dialogo político que permita avanzar en la búsqueda de un Pacto de Estado en Educación, se ha reducido todavía más, si es que tal cosa es posible, debido al incremento constante de la crispación política y la nula cultura de diálogo de que hacen gala nuestros representantes públicos.

La novedad de este curso, marcado ineludiblemente por la pandemia, ha sido la aprobación de la Lomloe (Ley Orgánica de Modificación de Ley Orgánica de Educación), más conocida como Ley Celaá, por el nombre de la ministra que la ha puesto en marcha. Al igual que todas las leyes que la precedieron, la Lomloe nace en medio de la eterna polémica política, sin más apoyo parlamentario que el de los partidos del gobierno y los que apoyaron su investidura y la oposición frontal del resto, con lo que lo único que tiene garantizado esta ley es su desaparición en cuanto un nuevo partido suba al poder.

En esta escenario es casi irrelevante analizar los aspectos positivos y negativos de una ley que tiene los días contados y que ni siquiera tiene garantizada su implantación completa. Una vez más nos hallamos en un callejón sin salida y en la eterna encrucijada, con un sistema educativo completamente alejado de la realidad que no sirve para formar a las actuales generaciones, a las que se sigue instruyendo de acuerdo a unas reglas de hace décadas que ya no tienen valor, y que tampoco sirve para formarlos adecuadamente para las necesidades de esta sociedad. Seguimos anclados en métodos educativos propios del siglo XIX, en una sociedad que cambia cada diez minutos. Y como siempre, son los estudiantes los que siguen pagando las consecuencias de la falta de diálogo y el exceso de instrumentalización política de la Educación.

Eduardo Castellón Mallor

Sincronía, una sola Humanidad

El monstruo se llama machismo

Un día más la sociedad española se ha visto sacudida por el horror de la violencia machista. A la localización en el mar del cadáver de Alivia, la mayor de las dos niñas secuestradas por su padre en Tenerife, que hace temer lo peor respecto a su hermana, nos ha sumido en un estupor horroroso, se sumaba hace unas horas la noticia del asesinato de una joven de 17 años a manos de su ex novio de 23. El shock producido por la primera noticia revela de alguna forma la capacidad de esta sociedad de cauterizar el horror mediante el olvido de hechos similares. Los comentarios más habituales en las redes sociales eran del tipo de: ¿Cómo es posible que un padre haga algo así?, No me puedo creer que un padre haga esto… y cosas por ese estilo.

Aislando el hecho brutal como algo puntual, pensamos que nos blindamos contra una violencia contra la infancia con la que convivimos a diario y tiene cifras espeluznantes. Hace menos de un año, en septiembre de 2020, en este mismo blog publicábamos una entrada que comenzaba así: «Un funesto azar ha hecho coincidir en el mismo día dos noticias que han sumido a toda la sociedad española en el horror y la estupefacción. Un padre que mata a su hija de cuatro años de un corte en el cuello en Zaragoza y un bebé de 10 meses que fue hospitalizado en estado de muerte clínica en Castellón por una brutal paliza, presuntamente a manos de sus padres». Ayer nadie recordó estos casos, ni el de José Bretón, que mató a sus dos hijos en 2011, ni decenas de casos registrados en los últimos años. Eso sin contar el goteo permanente de mujeres asesinadas cada semana, que debería horrorizarnos bastante más de lo que lo hace.

Superando el horror y la indignación momentánea, es necesario que comencemos a analizar estos hechos con un criterio más amplio y buscar las razones de una violencia que hunde sus raíces en el machismo (en el caso de las niñas de Tenerife, parece claro que fueron asesinadas en un acto de venganza hacia su madre), la desestructuración social y familiar ( la chica asesinada en Sevilla y su agresor tenía un niño de cuatro meses a una edad en la ambos deberían estar aprendiendo a vivir) y, sobre todo, un fracaso en nuestro sistema de valores en los que la venganza primera sobre la justicia, la violencia verbal sobre el diálogo y el más rampante egoísmo sobre la solidaridad. Pero por encima de todo, la lacra que directamente nos convierte en una sociedad fracasada es un machismo rampante y violento que parece haber tomado carta de naturaleza en todos los niveles de nuestra sociedad.

Sincronía, una sola Humanidad

Libros útiles a tu alcance: “La lección de August”, literatura contra el acoso escolar

August es un niño cuya vida está marcada por una deformidad en su rostro, causada por una enfermedad conocida como el Síndrome de Treacher Collins. Eso ha provocadodo que nunca haya ido a la escuela y debido a la sobreprotección de sus padres, ha acabado por vivir encerrado en su propio mundo, se ha convertido en un fan de Star Wars y vive en un universo de fantasía. Finalmente llega el día en el que sus padres deciden que la enseñanza doméstica no es suficiente y que debe comenzar la escuela secundaria, donde el niño deberá enfrentarse al rechazo inicial que su aspecto físico produce en sus compañeros. En ese entorno la vida del niño cambiará, perderá poco a poco el miedo y aprenderá a crecer en la adversidad, aceptarse tal como es, sonreír a los días aciagos y difíciles y saber que, al final, siempre encontrará una mano amiga.

La obra está dividida en ocho partes, cada una narrada desde la perspectiva de un personaje distinto: el propio August, su hermana Olivia, Summer, su mejor amiga, Jack, su mejor amigo, Justin, el novio de su hermana y Miranda, la amiga de la infancia de Olivia. Eso facilita ver la evolución de los distintos personajes, lo que permite ver cómo lo perciben incialmente y cómo van cambiando a medida que lo conocen. El libro, escrito por Raquel Jaramillo Palacio, fue publicado en inicialmente en febrero de 2012 y desde entoonces se ha convertido en un referente mundial en la lucha con el bullying. En noviembre de 2017 se convirtió en una película titulada Wonder y dirigida Stephen Chbosky.

Ahora puedes leerlo en formato pdf en este enlace.

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“Cara de otro”, un libro para fomentar la autoestima infantil

En la vida de todo niño y preadolescente llega un momento en el que tiene que enfrentarse él solo a su problema y buscar la forma de solucionarlo. Eso es precisamente a lo que se enfrenta Perico, el protagonista de este libro que habla de la necesidad de aceptarse a uno mismo tal y como es y encontrar la forma de darle la vuelta a las cosas y sacarle partido a lo que, en principio, podrían parecer defectos. Es en definitiva una historia sobre como afrontar la vida y trabajar la autoestima, pero con un enfoque de humor e incluso de intriga, ya que el protagonista debe averiguar porque su cara es tan común que crea confusión. El relato del autor, Pedro Riera, unido a las ilustraciones de Erica Salcedo, convierten esta obra en una herramienta para trabajar el tema de la superación personal con los niños.

El protagonista del libro tiene nueve años y todo el mundo le dice que siempre está en las nubes, que es un despistado, que vive en su propio mundo, hasta que un día, empiezan a sucederle cosas muy extrañas: varias personas le confunden por la calle con otros niños a los que ni siquiera conoce. Perico, harto y cansado de vivir situaciones incómodas y sin saber a quién pedir ayuda, decide resolver el misterio por sí solo, pero las cosas empeoran aún más. Y cuando sus compañeros de clase se enteran, tiene además que soportar sus burlas constantes. Pero gracias a una de sus profesoras pronto descubrirá que ser un “cara de otro” también tiene ventajas y que todos tenemos alguna característica que nos hace diferentes a los demás.

El autor, Pedro Riera, es un barcelonés licenciado en Ciencias de la Información, que ha trabajado en televisión, cine y publicidad, y que a finales de los años noventa trabajó en Bosnia como productor, realizador y guionista de las campañas de televisión y radio de una organización internacional. Fruto de esta experiencia nacerían dos novelas para adultos: Heridas de guerra (2004) y Un alto en el campo de los Mirlos (2005). Además ha publicado varias novelas juveniles con notable éxito.

Es una recomendación de Sincronía, una sola Humanidad

Nella Larsen, una mujer criada en el desarraigo racial que se convirtió en una de las principales figuras de la cultura afroamericana

Hija de una emigrante danesa y un hombre de raza negra procedente del Caribe británico que pronto las abandonó a ambas, Nellallitea ‘Nella ‘ Larsen, originalmente bautizada como Nella Walker, vino a parar al mundo en el distrito de Levee, una de las zonas más pobres de Chicago, el el 13 de abril de 1891. Su madre se casó con un inmigrante sueco llamado Peter Larsen y la pequeña tomó el apellido de su padrastro. En 1892, la pareja tuvo una hija, Anna Elizabeth, y los cuatro se trasladaron a un vecindario mayoritariamente blanco, con lo que Nella se crio en el desarraigo de no pertenecer a ninguna de las dos culturas: ni la negra sureña, ni la blanca europea. Excluida del mundo del mundo del blues o de la iglesia negra, en el que se movían los afroamericanos procedentes del Sur rural, tampoco fue aceptada nunca en el mundo de la inmigración sueca en el que se desenvolvía el resto de su familia.

Entre 1895 a 1898, visitó Dinamarca con su madre y su hermanastra y se integró sin especiales dificultades, pero al regresar a Chicago se encontró en medio de un ambiente cada vez más hostil. Las tensiones raciales había aumentado a medida que llegaban nuevos inmigrantes, tanto afroamericanos como europeos, y Nella se vio cada vez más desplazada. Creyendo facilitarle una salida, su madre la matriculó a los 17 años en la Universidad Fisk, una institución para estudiantes negros de Nashville, Tennessee. Como mestiza fue rechazada por la mayoría de sus compañeros, descendientes directos de los antiguos esclavos, y a causa de sus reacciones rebeldes Larsen acabó siendo expulsada por violar por alguno de los estrictos códigos de vestimenta y conducta de las mujeres de la universidad.

Entre 1909 y 1912 vivió de nuevo en Sueca y a su regreso siguió tratando de encontrar un lugar propio que la librease del desarraigo racial. En 1914 se matriculó en la escuela de enfermería del Lincoln Hospital de Nueva York, donde los médicos eran varones blancos y las enfermeras y estudiantes de enfermería eran mujeres negras, y donde había una residencia de ancianos que eran mayoritariamente afroamericanos, mientras que los del hospital fundamentalmente blancos. Tras graduarse en 1915, Nella se fue al sur para trabajar en el Instituto Tuskegee, en Alabama, donde pronto se convirtió en enfermera jefe de su hospital. Allí conoció el modelo educativo de Booker T. Washington, el gran líder de la integración de los afroamericanos, pero acabó desilusionada al comprobar que lo único que buscaba era preparar a los jóvenes en profesiones útiles para que fuera aceptados por los blancos.

Regresó a Nueva York en 1916 para trabajar durante dos años como enfermera en el Lincoln Hospital. Tras obtener la segunda puntuación más alta en un examen de servicio civil, fue contratada por la Oficina de Salud Pública de la ciudad y trabajó para ellos en el Bronx durante la catastrófica pandemia de gripe de 1918 en barrios mayoritariamente blancos y con sanitarios blancos. La brutalidad de aquella experiencia la llevó a abandonar la enfermería y comenzó a trabajar con la bibliotecaria Ernestine Rose , para ayudar a preparar la primera exhibición de “arte negro” en la Biblioteca Pública de Nueva York. Apoyada por Rose, se convirtió en la primera mujer negra en graduarse de la Escuela de Bibliotecas Públicas de Nueva York. Tras trabajar en varias bibliotecas de barrios blancos, pidió en traslado a Harlem donde entró en contacto con las figuras por importantes del llamado Renacimiento de Harlem, el primer movimiento cultural protagonizado por artistas e intelectuales negros.

En 1928 publicó Quicksand, una novela en gran parte autobiográfica, que fue aclamada por la crítica, pero tuvo poco éxito financiero. Al año siguiente publica Passing, su segunda novela y otro éxito en el que hablaba de dos mujeres afroamericanas de raza mixta, amigas de la infancia que toman diferentes caminos de identificación racial: una casada con un médico negro y la otra haciéndose pasar por blanca y casándose con un blanco. En 1930 publicó Sanctuary, un relato por el que la acusaron de plagiar a la escritora británica Sheila Kaye-Smith, algo que nunca se llegó a a probar. Siguió publicando cuentos y se convirtió en la primera afroamericana en conseguir una beca Guggenheim, pero la muerte de su ex marido en 1941 la sumió en una profunda depresión y nunca volvió a publicar. Larsen murió en su apartamento de Brooklyn en 1964, a los 72 años de edad.

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El horror estaba al otro lado del tabique

“Llegamos a poner corcho en la pared para no escuchar los ruidos” declararon unos vecinos cuando se enteraron de la noticia. Después de dos años pidiendo auxilio y recibiendo palizas, por fin la policía liberó el pasado miércoles a una mujer de 23 años a la que su marido mantenía encerrada en un piso de 35 metros cuadrados, sometiéndola a una tortura diaria a la que la mayoría de su entorno hizo oídos sordos. Sin mostrar una excesiva perturbación, los vecinos declararon que era una «pareja conflictiva» y que a ella a penas la conocían «porque no salía nunca de casa». A él lo calificaron como un individuo «parco en palabras que no se relacionaba con nadie» que se pasaba el día trabajando.

También hubo algunos que comentaron que nunca había escuchado ningún grito ni ningún golpe de los que marido propinaba a la mujer, que al ser rescatada presentaba golpes y heridas por todo el cuerpo, algunas de ellas efectuadas con cuchillos. Por el momento se ignora como la mujer logró ponerse finalmente en contacto con el amigo de Alicante que se encargó de avisar a la policía, pero no podemos evitar sorprendernos del silencio que envolvió este maltrato continuado. No se trata de cargar las tintas sobre la actitud del vecindario, pero cuesta entender este tipo de aislamiento en el que vivimos hacinados, pero es evidente que nos estamos instalando en una filosofía del individualismo que nos aboca inevitablemente al fracaso como sociedad libre y de derechos.

A esos oídos sordos es a lo que algunos apelan cuando califican la violencia machista como «violencia intrafamiliar», como si fuese un asunto interno en el que los demás no debemos inmiscuirnos, en el que la sociedad debe limitarse a poner la tirita sobre corte físico o el hematoma psicológico, evitando políticas sociales que prevengan los malos tratos y ponga la venda antes de la herida. En esta lacra del maltrato, como en tantas otras, la responsabilidad es colectiva y todos estamos involucrados en en ella por acción u omisión. Puede que parezca que el «sálvese quien pueda» es un opción legítima, pero es seguro que es la peor y a veces, demasiadas veces, el silencio nos hace cómplices.

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Ilustres olvidadas: Anna Sewell, la escritora que pisó una escuela por primera vez a los 12 años y fue pionera contra el maltrato animal

El de Anna Sewell es un caso de superación personal y amor por la cultura y los animales. Nació el 30 de marzo de 1820 en la localidad inglesa de Great Yarmouth, Norfolk, en el seno de una familia de religión cuáquera y extremadamente devota. Su madre, Mary Wright Sewell, era una reconocida autora de libros religiosos infantiles, pero la literatura nunca ha sido una fuente de grandes fortunas (salvo casos excepcionales) y tanto la pequeña Anna como su hermano Phillip con pudieron ir al colegio en sus primeros años debido a la penuria económica en la que vivía su familia. La primera vez que la niña piso una escuela tenía 12 años y la mala fortuna la persiguió durante la adolescencia al tener un accidente que causó una grave cojera de por vida.

Desde muy temprana edad comenzó a colaborar en las actividades caritativas y humanitarias que realizaba su familia, relacionadas especialmente con el alcoholismo y la abolición de la esclavitud. En 1845, a los 25 años, su salud comenzó a deteriorarse progresivamente y empezó a viajar por Europa en busca de una curación, mientras empezaba a escribir textos de carácter religioso. En 1866 murió su cuñada y ella se instaló con la familia de su hermano para ayudarle a cuidar de sus siete hijos. Tras varios años de estrecheces, en 1871, mientras su mala salud la obligaba a guardar cama, comenzó a escribir su obra más famosa, Black Beauty (Azabache), la historia de la vida de un caballo que sufrió todo tipo de maltratos y que cautivó al público cuando finalmente fue publicada en 1877.

La humanización del animal y el sentimiento que desprendía la novela lograron crear por primera vez una corriente de simpatía por los caballos y contribuyó a disminuir la crueldad con la que se trataba a estos animales en aquella época. Cinco meses después de la publicación de Azabache, la salud de Anna Sewell se deterioró gravemente a cusa de una hepatitis que le provocaba dolores que le impedían realizar cualquier actividad y que la dejó postrada en la cama hasta el final de sus días. Murió el 25 de abril de 1878. El hogar de su infancia en Yarmouth es ahora un museo y por todo Inglaterra hay monumentos dedicados a recordar su figura.

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