Ilustres olvidadas: Anna Sewell, la escritora que pisó una escuela por primera vez a los 12 años y fue pionera contra el maltrato animal

El de Anna Sewell es un caso de superación personal y amor por la cultura y los animales. Nació el 30 de marzo de 1820 en la localidad inglesa de Great Yarmouth, Norfolk, en el seno de una familia de religión cuáquera y extremadamente devota. Su madre, Mary Wright Sewell, era una reconocida autora de libros religiosos infantiles, pero la literatura nunca ha sido una fuente de grandes fortunas (salvo casos excepcionales) y tanto la pequeña Anna como su hermano Phillip con pudieron ir al colegio en sus primeros años debido a la penuria económica en la que vivía su familia. La primera vez que la niña piso una escuela tenía 12 años y la mala fortuna la persiguió durante la adolescencia al tener un accidente que causó una grave cojera de por vida.

Desde muy temprana edad comenzó a colaborar en las actividades caritativas y humanitarias que realizaba su familia, relacionadas especialmente con el alcoholismo y la abolición de la esclavitud. En 1845, a los 25 años, su salud comenzó a deteriorarse progresivamente y empezó a viajar por Europa en busca de una curación, mientras empezaba a escribir textos de carácter religioso. En 1866 murió su cuñada y ella se instaló con la familia de su hermano para ayudarle a cuidar de sus siete hijos. Tras varios años de estrecheces, en 1871, mientras su mala salud la obligaba a guardar cama, comenzó a escribir su obra más famosa, Black Beauty (Azabache), la historia de la vida de un caballo que sufrió todo tipo de maltratos y que cautivó al público cuando finalmente fue publicada en 1877.

La humanización del animal y el sentimiento que desprendía la novela lograron crear por primera vez una corriente de simpatía por los caballos y contribuyó a disminuir la crueldad con la que se trataba a estos animales en aquella época. Cinco meses después de la publicación de Azabache, la salud de Anna Sewell se deterioró gravemente a cusa de una hepatitis que le provocaba dolores que le impedían realizar cualquier actividad y que la dejó postrada en la cama hasta el final de sus días. Murió el 25 de abril de 1878. El hogar de su infancia en Yarmouth es ahora un museo y por todo Inglaterra hay monumentos dedicados a recordar su figura.

Sincronía, una sola Humanidad

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