De las rebajas educativas al neoanalfabetismo

Los museos más importantes de Europa han empezado a eliminar los números romanos porque muchos visitantes ya no los entienden. El Museo Carnavalet de París, dedicado a la historia francesa, ha decidido sustituirlos por los números arábigos, el Louvre sólo los conserva para los reyes, no para las fechas (básicamente los siglos) y otros museos de Francia, Italia y Alemania estudian medidas similares, con la consiguiente polémica entre el público y los profesionales de la cultura. Podría parecer una cuestión anecdótica, pero no lo es, ya que revela una tendencia a la simplificación cultural que a muchos les parece alarmante, ya que lejos de facilitar el acceso de los ciudadanos al arte y la cultura, puede acabar convirtiéndose en una herramienta de desmotivación que haga que la gente no se esfuerce en aprender y vayamos perdiendo niveles de conocimiento general.

El problema estriba en que si el nivel educativo general va a la baja y como respuesta simplificamos las exigencias para permitir el acceso masivo a los niveles más elevados del conocimiento, lo que estamos fomentando es una vulgarización de la cultura. En España tenemos un ejemplo próximo en el debate sobre las medidas de la Real Academia Española de la Lengua en torno a las normas de acentuación. Ante los problemas de un número cada vez mayor de estudiantes para aprender cuando se debe escribir solo o sólo, este o éste, por ejemplo, se ha decidido tirar por el camino de en medio y eliminar los acentos en las palabras dudosas y complicadas. Puede que a a partir de ahora se rebaje el número de faltas de ortografía, pero el precio a pagar es la disminución de los conocimientos gramaticales de los escolares y la población en general

En la misma línea parece ir también algunas “rebajas” planteadas en los nuevos planes educativos, con la eliminación de las temáticas complicadas o incluso de la repetición de curso. Es cierto que la vieja educación memorística está obsoleta y que la evaluación debe superar el anticuado rasero de los exámenes a la vieja usanza y sustituirlos por trabajos y pruebas que faciliten el conocimiento de la evolución del alumno, pero eso no debe implicar la manga ancha ni el todo vale para superar la educación elemental, creando un nuevo tipo de analfabetismo. El mejor resumen de este peligro es el que ha realizado el el escritor y periodista italiano Massimo Gramellini: «Primero no se enseñan las cosas y después se eliminan para no hacer que los que no las conocen se sientan incómodos. Una educación plana no es un objetivo, sino una desgracia».

Eduardo Castellón Mallor

Sincronía, una sola Humanidad

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