“Ojos verdes”, un cuento para prevenir el abuso a menores en entornos de proximidad

Este cuento de Luisa Fernanda Yágüez y Sara Arteaga, apoyados en el trabajo gráfico de la ilustradora Lucía Lupiañez Alpuente, quiere ofrecer a los padres una herramienta útil y entretenida para iniciar el diálogo con los niños respecto al abuso sexual infantil. El cuento, editado por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, enfatiza en la importancia de que los padres conozcan los signos de abuso sexual en sus hijos, sobre todo aquellas señales que pueden revelar que la agresión proviene de una persona cercana al niño, que es lo que suele suceder en casi siete de cada diez casos y que son precisamente los más difíciles de detectar.

Está dirigido a niñas y niños de 6 a 12 años y la premisa es enseñarles las habilidades, conceptos y valores necesarios para poder enfrentarse a situaciones de riesgo, saber pedir ayuda a los adultos responsables de su protección y poder crecer con una idea sana de las relaciones y de la sexualidad. Narra la historia de Alex, el protagonista del cuento, que va a buscar su pelota al jardín de su vecino, Max, el entrenador de básquetbol de la escuela quien le sugiere enseñarle las técnicas para cuidar un jardín, siempre y cuando, lo mantenga en secreto. Un secreto que terminará sellando otras facetas de esta relación, en la que Alex termina convirtiéndose en una víctima del abuso sexual.

Está editado por la Confederación Española De Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa) con el apoyo del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Sincronía, una sola Humanidad

Ilustres olvidadas: Isabelle Eberhardt, la aventurera que se convirtió al islam y se hizo pasar por hombre para explorar el norte de África

Isabelle Eberhardt vino a parar al mundo el 17 de febrero de 1877, en Ginebra, Suiza, y desde el primer momento su vida estuvo marcada por la singularidad. Su madre Nathalie Moerder, apellidada de soltera Eberhardt, viuda del senador ruso Pavel Karlovitch, y su padre era su amante, Alexandre Trophimowsky, un ex sacerdote anarquista originario de Armenia que ejercía las labores de tutor de la niña, aunque la leyenda atribuye su paternidad al poeta Arthur Rimbaud. Registrada como hija ilegítima, Isabelle recibió una esmerada educación junto a sus cuatro hermanastros. Desde muy joven hablaba cuatro idiomas: francés, ruso, alemán e italiano. Estudió latín y griego además de árabe clásico gracias a su padre que la animó a leer el Corán, algo decisivo para su futuro.

Desde el primer momento hizo gala de un espíritu independiente y unas enormes ansias de libertad que la llevaron a disfrazarse de hombre para moverse a sus anchas en terrenos habitualmente vedados a las mujeres. En 1888 su hermanastro Augustín se fue a Argelia alistado en la Legión Extranjera Francesa, lo que despertó el interés de la muchacha por la zona, a donde viajó por primera vez con su madre a la edad de 20 años. El viaje se convirtió en una azarosa aventura al morir su madre cerca de la frontera con Túnez y verse obligada Isabelle a regresar a Suiza para cuidar de su padre, que fallece finalmente en 1899. Poco después se suicida su hermanastro Vladimir y la joven decide romper todos los lazos con su familia y regresar al norte de África para conocer a los habitantes del desierto y sumergirse en su cultura.

Se viste de hombre y se convierte al islam haciéndose llamar Si Mahmoud Essadi para entrar en contacto con la Qadiriyya, una orden sufí cuyos seguidores estaban dedicados a ayudar a los pobres y necesitados, mientras luchaban contra la opresión y las injusticias del régimen colonial francés. A principios de 1901, fue atacada en Behima, uno de los accesos al desierto de Sahara, por un hombre con un sable que la dejó gravemente herida en un brazo. Más tarde perdonó al hombre y le salvó de ser ejecutado. Todas estas aventuras fueron relatadas en la prensa francesa por la propia Isabella, que uso a lo largo de su vida los pseudónimos de Mahmoud Saadi y Nicolas Podolinsky, publicando libros como Nouvelles Algériennes, (Historias argelinas), Dans l’Ombre Chaude de l’Islam (En la cálida sombra del Islam), y Les journaliers (Los jornaleros), editados todos postumamente.

En 1901 e casó con Slimane Ehnni, un soldado argelino, pero no abandonó sus aventuras, como su trabajo como reportera de guerra en el sur de Orán en 1903. En 1904, Eberhardt murió en una inundación en Aïn Séfra, Argelia, a donde había ido para reunirse con su marido después de una larga separación. La casa que alquilaron para esa ocasión se derrumbó sobre la pareja durante una inundación. Fue enterrada de acuerdo a los ritos del Islam. Su marido sobrevivió y murió en 1907. Su vida ha sido rescatada recientemente y llevada al cine en 1991, además de ser objeto de una ópera en 2012 y una obra de teatro en 2015.

Sincronía, una sola Humanidad

Día Internacional de la Fraternidad, una sangrante ironía en un mundo cada vez más desigual

El odio es la peor lacra que arrastra la humanidad desde tiempo inmemorial. Por razones religiosas, ideológicas, raciales, sexuales o económicas el ser humano arrastra desde tiempo inmemorial aquella losa que aplasta su desarrollo y que el filósofo Thomas Hobbes convirtió en en siglo XVIII en su famosa máxima “El hombre es un lobo para el hombre”. Cualquier avance significativo en la evolución de la especie humana se ha producido invariablemente a partir de la derrota del odio y el triunfo de la fraternidad en cualquiera de sus aspectos y acepciones: solidaridad, colaboración, compañerismo, fraternidad, empatía, etc… y cuanto más amplías y generosas, mejor.

En un planeta en el que más de 800 millones de personas pasan hambre todos los días, mientras el 1% de la población más rica tiene el doble de ingresos que el 50% más pobre, en el que 3 de cada 1.000 personas en el mundo siguen siendo esclavas en pleno siglo XXI, en el que uno de cada doce niños y niñas es explotado laboralmente, casi tres de cada cuatro mujeres y niñas son vendidas para su explotación sexual o 260 millones de niños no pueden asistir a la escuela, parece evidente que la fraternidad sigue siendo muy escasa.

Por eso hoy, 4 de febrero, la fecha elegida por la ONU para celebrar el Día Internacional de la Fraternidad Humana, sigue siendo una jornada en la que hay muy poco que festejar y sí mucho que reivindicar y, sobre todo, trabajar en el día día, desde nuestro entorno más próximo a las instituciones globales. Hoy, más que nunca: NO AL ODIO.

Sincronía, una sola Humanidad