Fernando Llor: “El acoso puede acabar de manera fatal para las víctimas, por eso es muy importante empezar a detectar el problema cuanto antes”

“Subnormal”, el cómic creado por el guionista Fernando Llor y el dibujante Miguel Porto, sobre la experiencia de acoso escolar padecida en su infancia por el jugador de baloncesto Iñaki Zubizarreta, que estuvo a punto de llevarle al suicidio, no sólo se ha convertido en el fenómeno del año en el mundo de la novela gráfica, sino que se está convirtiendo en una herramienta fundamental para dar visibilidad a un gravísimo problema, el del bullying, que afecta al 33% de los menores de 9 a 17 años en España. El guionista, Fernando Llor, nos habla de la creación de este importante proyecto.

¿Cómo surgió el proyecto del cómic “Subnormal”?

Fue a través de José Luis Córdoba, director editorial de publicaciones de Panini (recién jubilado). En el Cómic Barcelona de 2019 mantuvimos una pequeña reunión en la que me comentó que le gustaría hacer una obra que tratase el tema del acoso escolar. Tras una primera propuesta que no terminó de funcionar me puso en contacto con Iñaki y empezamos a trabajar.

¿Cuál fue el método de trabajo con Iñaki Zubizarreta?

Consistió sobre todo en hablar mucho por teléfono, tomar muchas notas e ir elaborando una escaleta con la que tener algo a lo que ir dando forma. Lo más complicado de todo fue el escoger los episodios concretos de su vida que formarían parte del cómic. Teníamos que hacer que la historia no fuese excesivamente larga y a la vez que lo que contásemos fuese lo suficientemente representativa de lo que significó para él el acoso. Pero lo más complicado no fue ese trabajo, que a fin de cuentas puede resultar algo más “frío” o más analítico. Lo difícil fue lidiar con la implicación emocional que supuso escribir el guion y meterse en la piel de Iñaki para contar determinadas escenas.

¿Cómo decidiste afrontar el guion? ¿Cómo una denuncia social, la narración de un caso concreto (el de Iñaki) o cómo un trabajo que sirviera de ejemplo a los escolares?

Desde el principio tuvimos todos (Iñaki, José Luis, Miguel Porto y yo) muy claro que queríamos conseguir una serie de objetivos con la obra y el principal de todos ellos era mostrar el acoso como es, sin medias tintas y sin paternalismos. Si el cómic iba a servir para acercarse a un problema como el acoso escolar, era muy importante dar una imagen real del problema porque si no lo hacíamos así caeríamos en algo que ocurre a veces: transmitir la sensación de que “no es para tanto” o de que al final todo se arregla y los chicos acaban jugando juntos y felices.

¿Antes de este cómic tenías alguna experiencia personal o ajena con el acoso escolar?

Nunca lo percibí como tal, al menos en mi época del colegio y en el instituto. Sin embargo, mirándolo ahora con perspectiva y después de haber pasado por este cómic, sí que me voy dando cuenta de determinadas actitudes que suceden en las aulas y en las que muchas veces participamos sin siquiera darnos cuenta del daño que podemos estar haciendo. El acoso puede acabar de manera fatal para las víctimas, por eso quizás es muy importante empezar a detectar cuanto antes cuando hay un problema.

¿Crees que esta sociedad minimiza el problema del bullying con el consabido “son cosas normales entre chavales que han pasado siempre”?

Creo que se ha mejorado mucho en este sentido. Es cierto que se sigue minimizando en muchos casos, más por tratar de huir de un problema o por no querer enfrentarlo que porque de verdad se piense que son cosas de críos. Hoy en día existen protocolos de actuación en colegios e institutos, se aborda el tema con los alumnos en charlas y con diferentes materiales pedagógicos. Por desgracia, no es suficiente, pero sí que considero que existe un movimiento mucho mayor de gente como Iñaki que realiza una labor de activismo contra el acoso escolar y lo hace además con un enfoque muy directo. Seguro que quedan infinidad de cosas que mejorar y que se le podría exigir una mayor responsabilidad a toda la sociedad para acabar con el problema, pero también debemos valorar el trabajo que sí que se está haciendo.

¿En algún momento tuviste la tentación de “ablandar” el relato, de quitarle crudeza?

No, para nada. Estábamos convencidos de que si lo hacíamos estaríamos minimizando el problema, caeríamos en el juego de ocultar el problema y eso serviría de bien poco o, peor aún, estaríamos formando parte del problema.

¿Cómo se logra el equilibrio entre la crudeza de la historia real y el morbo y sensacionalismo que lleva casi implícito un tema como el bullying?

Creo que hay que tratar de mantener cierta distancia a la hora de elaborar y de contar determinadas escenas. Para esto ayudó muchísimo la narrativa de Miguel que supo darnos un punto de vista estático, casi como de observadores externos que asisten impotentes a lo que ocurre frente a la cámara. Podríamos haber caído en una representación más efectista, pero creo que eso es lo que nos hubiese hecho caer en ese sensacionalismo.

¿Hubo algo que te sorprendiese de forma especial en la historia de Iñaki? ¿Hubo algo que no contases porque te parecía excesivo?

Sí que lo hubo, todo lo referente a la segunda parte del cómic, la que ocurre dos décadas después de haber sufrido el acoso tan brutal por el que pasó. Me impactó muchísimo descubrir las secuelas que habían quedado en él, lo profundas que eran sus heridas y todo lo que estuvo a punto de hacer. Hubo varias cosas que dejamos fuera del cómic, varias de ellas por motivos meramente estructurales y narrativos y otras por petición de Iñaki que no quería exponer aún más determinados episodios de su vida.

¿Crees que el cómic en general y éste en concreto, puede ser una buena herramienta educativa?

El cómic es una de las mayores herramientas de divulgación para cualquier materia con la que podemos contar hoy en día. En nuestro día a día asistimos a un inmenso aluvión de imágenes y texto luchando por llamar nuestra atención de formas muy variadas. Imágenes y texto queriendo transmitir algo. Pues ese es el lenguaje natural del cómic. Esa es su potencia. Y se puede aplicar para contar o para divulgar cualquier historia, cualquier materia o cualquier concepto. Así que sí, creo que el cómic puede y debe ser una buena herramienta educativa.

¿Qué es lo que más te ha gustado de este proyecto?

La experiencia, el camino, el haber empezado el proyecto como un trabajo más y haber acabado formando vínculos muy estrechos entre todos los que hemos formado parte del mismo.

¿Estás satisfecho del resultado conseguido?

Pues sí, la verdad. No tanto en términos de si la obra es mejor o peor, creo que eso no me toca valorarlo a mí, pero sí en cuanto a haber participado en algo en lo que tanta gente nos está reconociendo su valor para transmitir un mensaje y abordar un problema en las aulas.

Sincronía, una sola Humanidad

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