El filicidio, un monstruo que convive con nosotros pero preferimos ignorar

Un funesto azar ha hecho coincidir en el mismo día dos noticias que han sumido a toda la sociedad española en el horror y la estupefacción. Un padre que mata a su hija de cuatro años de un corte en el cuello en Zaragoza y un bebé de 10 meses que fue hospitalizado en estado de muerte clínica en Castellón por una brutal paliza, presuntamente a manos de sus padres. En ambos casos, más allá de los sórdidos detalles, se trata de dos presuntos filicidios con violencia ante los que buena parte de la ciudadanía ha respondido con un ánimo tan asombrado como vengativo. Cuando el horror llama a la puerta una de las primeras reacciones suele ser la de minimizarlo, colocándolo en la categoría de la excepción, de la anormalidad, con la etiqueta de que “eso son casos puntuales y anormales”.

Y sin embargo, las cifras de asesinatos de menores a manos de sus padres, aunque excepcionales, son siempre reveladoras de un grave problema con el que casi nadie se quiere enfrentar. Según datos proporcionados por la organización Save The Children, en el 2018 murieron 22 menores de forma violenta, de los que 12 fueron asesinados a manos de sus padres. Por su parte, informes del Ministerio de Interior señalan que entre 2013 y 2017 fueron asesinados en España 102 menores en el ámbito familiar, en la mayoría de los casos a manos de personas que sufren trastornos mentales graves. El resto suele ser por venganza hacia el cónyuge o excónyuge, problemas de desestructura económica y social o negligencias.

Esta es solo la espantosa punta del iceberg de un gran problema, el maltrato infantil, que según Save The Children afecta a uno de cada cuatro niños españoles, que en algún momento de sus vidas han sufrido abusos, palizas o vejaciones por parte de los adultos y, lo que es más grave, 8 de cada diez de esos casos de maltrato se han producido en el círculo familiar o entornos de confianza. Esa es la cara oscura que nos cuesta creer y la que hace mucho más difícil detectar un problema al que, en muchos casos, damos la espalda para no sentir el peso de la vergüenza y el horror. Solo cuando la actualidad nos estalla en la cara, con casos como los arriba mencionados, nos asomamos a un problema cotidiano mucho más grave de lo que nos gustaría creer.

Sincronía, una sola Humanidad

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