La pandemia agranda las grietas del sistema educativo mientras el desasosiego se apodera de la vuelta al colegio

Más de 8 millones de alumnos y 712.000 profesores españoles viven estos días una experiencia inédita históricamente: el inicio de un nuevo curso escolar bajo una pandemia mundial. La tensión, la incertidumbre y el estrés son los parámetros predominantes durante estas primeras semanas en las que las medidas de protección y control de los contagios se van a ir redefiniendo sobre la marcha, según se vayan conociendo las cifras de contagio, y el método de trabajo pedagógico sufrirá alteraciones forzadas por dichas medidas. Esta situación no sólo pone a prueba un sistema educativo ya de por sí deficiente y anticuado, sino que ensanchará hasta límites peligrosos las grietas que ya eran endémicas en aspectos como la desigualdad, la tasa de abandono escolar la comunicación entre los padres de alumnos y el profesorado, la fractura digital, el déficit presupuestario y la formación del profesorado.

La demostrada incapacidad de los partidos políticos para llegar a amplios acuerdos en el terreno educativo es hoy por hoy una de las mayores amenazas para el futuro de las jóvenes generaciones, que no solo se van a educar en un ambiente de emergencia sanitaria, económica y social, sino que además van a seguir sufriendo los vaivenes de la puesta en marcha de una nueva ley educativa, y van 8 en cuatro décadas, que nace sin consenso y que, como todas las predecesoras, aguantará lo que aguante el gobierno que la pone en marcha.

Nuestro gasto educativo es un ridículo 4,2 del PIB, tenemos un déficit de profesores entre el 6,53 y 9,3 %, según las comunidades, nuestra tasa de abandono escolar triplica la media europea, la escuela concertada (un 23 % del total) sólo acoge a un 14,9 % de estudiantes provenientes del extranjero lo que supone un aumento de la segregación, y más de un 15 % de los alumnos carece de cualquier tipo de recurso informático que permita su educación on line, una de las opciones básicas para poder solventar con éxito las consecuencias educativas de las medidas anti Covid.

El panorama es desolador y hay pocos motivos para ser optimistas. Quizá a estas alturas resulte una ingenuidad seguir insistiendo en la imperiosa necesidad de un Pacto de Estado que siente las bases de un nuevo sistema educativo adecuado a la revolución digital del siglo XXI, pero esa es la única salida eficaz al colapso que vive la educación española, que además hace ya más de una década (tras la crisis de 2008) que ha entrado en abierto retroceso.

Sincronía, una sola Humanidad

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