Curso 2020-21, una vuelta al cole entre la indefinición y el desconcierto

_110813397_gettyimages-1197636252Nadie tiene claro como va a ser la vuelta al colegio en septiembre. Por mucho que la ministra de Educación, Isabel Celaá, asegure que en el nuevo curso se seguirán las pautas temporales habituales en los cursos pasados, extremando las medidas de seguridad antiCovid y que se mantendrá la presencialidad de los alumnos en los colegios, nadie sabe bien a que atenerse, cuales serán esas medidas y como se aplicará esa presencialidad. Los profesores y docentes en general tienen sensación de abandono y miran con desconfianza la falta de instrucciones claras mientras demandan más recursos humanos y técnicos (especialmente un aumento de las plantillas para poder bajar los ratios de alumnos por clase) para poder desarrollar su labor con garantías, tal y como revela una encuesta a cerca de 5.000 profesionales de la educación realizada por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y el BBVA.

La mayoría de los encuestados se inclina por un modelo semipresencial, con grupos de alumnos que asistan todos los días en horas alternas, o bien en días alternos. En cualquier caso, eso supone un cambio en la forma de gestionar los comedores, las rutas de los autobuses, las entradas escalonadas, o los recreos, lo que exige mayor plantilla y una ampliación de las aulas que se prevé muy difícil, cuando no imposible. En lo que sí parece coincidir todo el mundo es en que, de una u otra forma, los niños deben volver al colegio y no pueden perder un curso más, porque eso sería traumático para su educación y tendría gravísimas consecuencias en su futuro personal. En esta línea un informe de la OCDE sostiene que es fundamental reactivar la actividad escolar, aún reconociendo que no se puede eliminar cierto nivel de riesgo e insisten en que que lo que ocurre en los colegios es menos importante que lo que pasa fuera.

Afortunadamente, las instituciones sanitarias mundiales siguen considerando que los niños no son una población particularmente vulnerable a los efectos graves del Covid19 y que los casos de brotes relacionados con instituciones a centros educativos, están más relacionados con acontecimientos sociales” de la vida escolar asociados a adultos. La experiencia de países que ya reabrieron colegios en mayor o menos medida, como Francia, Alemania, Dinamarca o Noruega, parecen avalar esta hipótesis, aunque la excepción de Israel hace que nadie apueste ciegamente por la idea del mínimo riesgo. Todos los países viene a coincidir en las mismas medidas preventivas: identificación y aislamiento de los contagios, reducción del número de alumnos por clase, lavado frecuente de manos, ventilación de las aulas, clases al aire libre cuando se pueda, evitar la mezcla de grupos distintos de alumnos y escalonado de entradas, salidas y recreos. En lo que difieren todos es en el uso de mascarillas y el respeto estrictos de las distancias, algo que en nuestro país aún está por clarificar.

En nuestro caso, lo que es prácticamente seguro es que en septiembre no se podrá comenzar aponer en marcha el nuevo plan educativa que marca la LOMLOE, Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE), más conocida como ‘ley Celáa’, que todavía se encuentra en pleno trámite parlamentario y que cuenta con el rechazo frontal de la derecha y la ultraderecha en el Congreso de los Diputados, que se oponen a medidas como la desaparición de la división que hacía la Lomce de las asignaturas en troncales, específicas y de libre configuración en Primaria y Secundaria, la eliminación de la obligación de cursar una materia alternativa a la Religión cuya calificación no se tendrá en cuenta para becas y acceso a la universidad, la eliminación de la “demanda social” para colegios concertados, o la implantación de la educación en valores cívicos y éticos que se estudiará en cursos de Primaria y Secundaria. Y como suele suceder, del diálogo para el indispensable Pacto de Estado en Educación para crear un nuevo modelo educativo adaptado a las necesidades del siglo XXI, ni mención.

Sincronía, una sola Humanidad
Por un Pacto de Estado en Educación

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