Saber no es suficiente, es necesario tener capacidades… y aprender a desarrollarlas

AulaInteractiva1En la era digital lo que aprendemos en la escuela ya no es suficiente para tener un trabajo, y mucho menos un trabajo digno que mantenernos por nosotros mismos. Cada día hay más jóvenes en paro (casi uno de cada tres en este momento) y los que lo tienen suelen trabajar en unas condiciones tan precarias que un solo trabajo no les permite sobrevivir y no pueden tener más, aunque quieran. Y lo peor es que cada año se quedan muchos puestos de trabajo sin cubrir porque no hay aspirantes con la preparación necesaria, mientras suben el número de casos de abandono escolar. Factores económicos aparte, a esta kafkiana situación hemos llegado por la caducidad de nuestros sistema educativo, anclado todavía en conceptos de hace más e un siglo, cuando la enseñanza básica era suficiente para el desarrollo individual y profesional de las personas.

Esta conclusión no es gratuita, sino que es la voz de alarma que en los últimos años están lanzando todos los organismos y expertos mundiales en educación como Richard Elmore, director del Doctorado de Liderazgo EducativoUniversidad de Harvard, quién afirma que «El modelo de educación que tenemos está obsoleto, requerimos creer más en las reales capacidades de los estudiantes», o Arthur Levine, presidente del Teacher’s College de Columbia, que en una entrevista publicada recientemente en el diario La Vanguardia sostiene que «la educación debe cambiar para dotar a los ciudadanos de las habilidades que requiere» y añade que eso hay que hacerlo a base de «pensamiento crítico para superar lo viejo; creatividad, para ofrecer alternativas; gestión de la complejidad y la diversidad». Es un cambio profundo y urgente que necesita un giro en el esquema político de la enseñanza española.

En estos momentos se está preparando la octava reforma educativa desde 1985. Esta vez la nueva ley se llama LOMLOE (Ley Orgánica por la que se Modifica la Ley Orgánica de Educación Loe, de 2006) y más allá de las propuestas y reformas concretas, lo que ya sabemos es que no servirá para remediar los males de nuestro sistema educativo y que está condenada al fracaso. No se trata de un mal augurio, se trata de la constatación de una evidencia: la ley nace con la oposición de los partidos de la oposición, valga la redundancia, y con fuertes críticas por parte de las organizaciones de padres y madres de alumnos de corte más conservador. De esa forma se repite el tradicional esquema de que la nueva ley dura lo que dura el gobierno que la pone en marcha y se acaba cuando llega un nuevo gobierno que pone en marcha una nueva reforma… y así sucesivamente.

¿Como se rompe este círculo vicioso? Muy fácil, sentándose a hablar, llegando a un consenso y alcanzando un Pacto de Estado para una Reforma educativa en la que pesen más los criterios y conceptos pedagógicos que los intereses económicos y las directrices políticas. Tan sencillo como inalcanzable en este momento. Y mientras tanto seguimos viendo como pasa de largo en tren del futuro, que ya es presente, y nuestros centros educativos, a pesar de los enormes y loables esfuerzos de los profesores y los profesionales de la educación, siguen produciendo jóvenes que no están verdaderamente preparados para una sociedad y un mercado laboral que cambia a velocidad de vértigo.

Sincronía, una sola Humanidad

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