La Lomloe, la nueva ley de educación, y van ocho, que nace sin consenso y sin garantías de perdurar en el futuro

AulaDesde 1985 hemos tenido siete leyes de educación distintas y vamos camino de la octava. La que más tiempo duró fue la LOGSE, con 12 años de vida y la que menos la LOCE, que no llegó a aplicarse nunca. La Lomloe, nombre con el que ya se ha empezado a conocer Ley Orgánica por la que se Modifica la Ley Orgánica de Educación Loe de 2006 -que a su vez deroga la Lomce de 2013- no parece que vaya a interrumpir esta cadena de provisionalidad. El proyecto de la ministra Isabel Celaá ha recibido el visto bueno del Gobierno en el Consejo de Ministros del pasado 15 de febrero y ha sido bautizado con el título de “Una educación para el siglo XXI”, pero es poco probable que esa expectativa de durabilidad se cumpla.

Las causas de este pesimismo no son nuevas y hunden sus raíces en el secular enfrentamiento que caracteriza a las partes implicadas en el sistema educativo, un enfrentamiento que no solo tiene razones ideológicas sino también, y de un modo determinante, económicas. Muchos son los intereses en juego y la experiencia demuestra que un plan educativo dura lo que dura el gobierno que los sustenta. De momento la propuesta de la ministra Celaá ya se ha topado con la oposición frontal de la Confederación Católica de Padres de Familia (Concapa) que insiste en la vieja batalla de la religión y otros aspectos que poco tienen que ver con la modernización del sistema educativo.

Otros caballos de batalla son los de las competencias de las autonomías en materia educativa, su financiamiento presupuestario o la figura de la escuela concertada, entre otros temas que enfangarán el debate político de la ley y seguirán impidiendo ir al fondo de la cuestión: la necesidad urgente de sentar las bases de un nuevo sistema educativo acorde con el momento histórico que vivimos. Para implementar una ley de educación en toda su extensión hacen falta un mínimo de cinco años, un plazo que este nuevo proyecto no tiene garantizado ni mucho menos. Una vez más la reforme de la educación queda al albur de los vaivenes políticos, y una vez más se escapará el tren de la modernización educativa.

Las leyes educativas cambian cada vez que llega al poder un nuevo partido político. Hay estudiantes que han pasado por dos y hasta tres planes educativos distintos. El uso de la educación como una herramienta política ha impedido hasta el momento que nuestro país tenga una sistema pedagógico perdurable en el tiempo, algo especialmente preocupante en el actual momento de revolución digital, en el que se hace imprescindible un cambio educativo que sirva para que nuestra sociedad se enfrente con garantías a la llamada era de la información. Se mire como se mire, solo hay una forma de romper ese nudo gordiano y lograr un sistema educativo que se adapte a los vertiginosos cambios que se avecinan y a su vez sea duradero en el tiempo: el diálogo abierto y generoso que sirva de base a un consenso social y política para llegar a un Pacto de Estado en educación.

Sincronía, una sola Humanidad.Por un Pacto de Estado en Educación.

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