Ernestine Rose, pionera del feminismo, el antiesclavismo y la libertad de opinión.

ErnestineRoseErnestine Louise Polowsky nació en el seno de una acaudalada familia judía de Polonia el 13 de enero de 1810 y recibió una educación religiosa tan estricta que por su innato espíritu rebelde la condujo al ateísmo desde su primera juventud. En este temprano rechazo a la religión también influyó el carácter autoritario de su padre que trató de imponerle un matrimonio con uno de sus amigos, mucho mayor que Ernestine, que a la sazón, contaba sólo con 16 años, a pesar de lo cual la joven no se amilanó y recurrió a la justicia, algo bastante inusitado por aquel entonces.

Los jueces ampararon su derecho a no acatar un matrimonio impuesto, pero cuando regresó a su casa se encontró con que su padre, ya viudo por entonces, se había casado con una joven también de 16 años, lo que llevó a Ernestine a abandonar definitivamente el hogar paterno y lanzarse a recorrer mundo rompiendo todos los lazos con su pasado.

Se instala en Berlín y sobrevive trabajando en lo que puede hasta que logra llegar a Londres en una situación de práctica indigencia. En la capital británica entabla amistad con Robert Owen, el solista utópico, quién se encarga de su formación intelectual, convirtiéndose en una pionera del feminismo y la defensa de los derechos humanos en general. Tras casarse con William Ella Rose, un comerciante de ideas libertarias, en 1836 se instala en Nueva York bajo el nombre de Ernestine Louise Rose, que conservará durante toda su vida. En Estados Unidos, a la causa del feminismo y el ateísmo, suma el abolicionismo antiesclavista y se convierte en una escritora y oradora de gran prestigio.

En 1869 se convierte en una de las fundadoras de la primera organización sufragista que reivindica el voto de las mujeres en Estados Unidos, la National Woman Suffrage Association, participando activamente en campañas reivindicativas, hasta que su mala salud la aparta de la actividad pública. Finalmente regresó a Inglaterra, donde siguió escribiendo desde su domicilio, donde la enfermedad la tenía postrada, hasta su muerte en 1892, 26 años antes de que el parlamento británico aprobase el voto femenino y 28 de que lo hiciese el de los Estados Unidos.

Sincronía, una sola Humanidad

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