Isabel Zendal, la primera enfermera de la historia en misión internacional que llevó a América la vacuna de la viruela.

zendalEl 30 de noviembre de 1803 zarpaba del puerto de A Coruña la corbeta María Pita, que llevaba a bordo la expedición dirigida por el médico Francisco Javier Balmis con la misión de llevar la recientemente descubierta vacuna de la viruela a las colonias españolas en América. La vacuna era transportada en los organismos de 22 niños procedentes de diversos hospicios e instituciones de caridad de Madrid, Santiago y A Coruña. Al cuidado de todos ellos iba una joven enfermera, Isabel Zendal, acompañada por su hijo, Benito Vélez, de nueve años de edad. Gracias a los desvelos de Isabel los niños llegaron al nuevo continente en buenas condiciones de salud y fueron el instrumento que propagó la vacuna de la viruela al otro lado del Atlántico. Ninguno de ellos regresaría a su tierra natal.

Isabel nació en 1771 en la parroquia de Santa Mariña de Parada, en el municipio de Ordes, A Coruña, como Isabel Zendal Gómez, aunque hay fuentes que apuntan otros nombres como Isabel López Gandalia, Ysabel Gómez Sandalla o Isabel Cendalla y Gómez, entre otros. Lo cierto es que nació en el seno de una familia acosada por la miseria. Era la segunda de ocho hermanos y ella fue la única que recibió una mínima educación formal gracias al parroco de la localidad, que se fijó pronto en su innata inteligencia. Sus padres fallecieron en la indigencia y los hermanos se buscaron la vida como pudieron.

Con poco másde 20 años se convierte en madre soltera y se instala en A Coruña, trabajando como empleada doméstica de un importante hombre de negocios, Jerónimo Hijosa, gracias a cuya influencia entró a trabajar en el Hospital de la Caridad de A Coruña, que había sido fundado por Teresa Herrera y donde acabó ostentando al cabo de pocos años el cargo de rectora en 1800. Tres años después se hace cargo de los niños de la expedición médica y humanitaria del doctor Balmis, que pretendía poner en marcha una arriesgada idea: usar una cadena humana de cuerpos infantiles para transportar viva la vacuna de la viruela. Para eso era absolutamente imprescindible que los pequeños estuviesen los suficientemente sanos y bien cuidados durante toda la larga y difícil travesía ultramarina. Y de eso se encargó Isabel Zendal.

El viaje fue una auténtica epopeya y la expedición acabó dando la vuelta al mundo, llevando la vacuna a Canarias, Venezuela, México, Colombia, Perú, Filipinas e incluso a China, lo que la convirtió de facto en la primera expedición humanitaria internacional de la historia. Zendal, su hijo y los niños de la expedición, nunca regresaron y se quedaron a a vivir en las colonias de ultramar. El único que volvió fue el Doctor Balmis, que recogió los honores de aquella hazaña, aunque siempre reconoció que nunca hubiese podido llevarla a cabo sin el trabajo realizado por Isabel Zendal, una figura que permaneció durante siglos en la oscuridad histórica, hasta que en 1950 la Organización Mundial de la Salud la reconoció como la primera enfermera de la historia en misión internacional.

Sirvan estas líneas como nuestro agradecido homenaje

Sincronía, una sola Humanidad

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