Ilustres olvidadas: Mary Blair, la mujer que dio color al universo Disney

Mary BlairMary Browne Robinson vino a parar al mundo en McAlester, Oklahoma, el 21 de octubre de 1911, pero su familia se mudó primero a Texas y luego a California, a donde Mary llegó cuando tenía 7 años y donde consiguió una beca para estudiar en el prestigioso Instituto de Arte Chouinard de Los Ángeles. A los 23 años se casó con el artista Lee Everett Blair, de quién tomaría el apellido y cuyo hermanastro, Preston Blair, trabajaba en unos estudios que se dedicaban a la animación e introdujo a la pareja en este ambiente.

En 1940 Mary y su marido comienzan atrabajar en los estudios de Walt Disney. Ella se hace cargo de una pequeña parte de la producción de la película Dumbo, una primera versión de La dama y el vagabundo, y una segunda versión de Fantasía que no sería editada hasta finales de los años noventa.Un año después Mary recorrió varios países de Sudamérica con Walt Disney y su esposa Lillian, junto a un nutrido grupo artistas en un viaje de investigación patrocinado por la Casa Blanca. En ese viaje comenzó a trabajar como supervisora de arte en las películas en las películas de Disney.

En la década de los 50 trabaja en el diseño de películas de animación como La Cenicienta, Alicia en el país de las maravillas y Peter Pan, en las que su trabajo con el color fue decisivo para darles un estilo propio, pero tras esta etapa Mary abandona Disney y comienza trabajar como como diseñadora gráfica e ilustradora en la creación de campañas publicitarias para empresas multinacionales como Nabisco, Pepsodent, Maxwell House. Su habilidad en el tratamiento y diseño del color hizo que Disney la reclamase de nuevo para diseñar grandes eventos como el diseño del pabellón de Pepsi-Cola en La Feria Mundial de 1964 en Nueva York o los parques Walt Disney World Resort, Tokyo Disneyland y Disneyland Paris y y Hong Kong Disneyland.

En 1991 la labor artística de Mary Browne fue reconocida con el premio póstumo Disney Legends, creado para para recompensar a los hombres y mujeres que contribuyeron de manera ejemplar al éxito de la mayor empresa de entretenimiento del mundo, y en 1996 recibió, también a título póstumo, el premio Winsor McCay el más importante de los que se conceden en el mundo de la animación. A pesar de no haber logrado nunca un gran reconocimiento público, su figura es clave en el desarrollo del estilo de color de los Estudios Disney y su trabajo todavía sirve como una inspiración para muchos de los diseñadores y animadores contemporáneos.

Sirvan estas líneas como nuestro homenaje en el aniversario de su nacimiento.
Sincronía, una sola Humanidad

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