Ilustres olvidadas: Rosa Rosal, la mujer fatal del cine filipino que se hizo celebre por su labor humanitaria

Rosa RosalFlorence Danon Gayda, más conocida como Rosa Rosal, nació en Manila el 16 de octubre de 1931, en el seno de una familia en la que se mezclaban antepasados tagalos, egipcios y franceses. Siendo apenas una adolescente lo japoneses invadieron su país durante la segunda guerra mundial y, a pesar de su juventud, Rosa fue captada por los invasores para trabajar en una estación de radio como locutora. Al final de la guerra trabajó una temporada en el Hospital San Lázaro, donde tomo conciencia del sufrimiento humano, algo que la llevaría a colaborar con la Cruz Roja durante toda su Vida.

Su salto al cine tiene tintes de cuento de ficción. Una noche, mientras regresaba a casa, pasó por un lugar donde se estaba realizando una filmación y al verla el productor de la película, Luis Nolasco, le ofreció un contrato en su productora, Nolasco Brothers Studio. En 1946 rodó su primera película, Fort Santiago, lo que le proporcionó una popularidad que se consolidaría al año siguiente con su papel en Kamagong, que le supondría el salto a LVN Pictures, unos estudios más importantes que la elevaron al estrellato como películas como Biglang Yaman, en 1949, Prinsipe Amante sa Rubitanya, en 1951, Anak Dalita, en 1956, o Biyaya ng Lupa, en 1959.

Todas etas películas eran excelentes dramas de corte neorrealista, pero lo que le proporcionó su enorme popularidad en el sur de Asia fueron sus películas de corte atrevido para aquellos años 50, luciendo osados y sexys trajes de baño, con escenas subidas de tono y papeles de malvada y seductora mujer fatal. A pesar de su éxito, siempre estuvo marcada por un afán de superación que la llevaron a incrementar su educación, acudiendo a clases nocturnas para obtener el título en Administración de Empresas en 1954. A partir de los años 60 su popularidad aumentó todavía más al convertirse en una estrella de la televisión filipina.

Esta notoriedad le facilitó la oportunidad de dedicarse en cuerpo y alma a una faceta singular que la convertiría en un ídolo de las clases populares de su país: su labor humanitaria con entidades como Cruz Roja. Esta faceta solidaria le valió en 1999 el Premio Ramon Magsaysay al Servicio Público, un galardón que está considerado como el Premio Nobel de Asia , y en 2006 la presidenta Gloria Macapagal-Arroyo le concedió la Orden del Corazón de Oro con el rango de Gran Cruz por toda una vida dedicada al servicio público y por su trabajo con la Cruz Roja.

Sirvan estas líneas como nuestro homenaje en el aniversario de su nacimiento
Sincronía, una sola Humanidad

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