Jesse Owens, el atleta que pulverizó el racismo

Jesse OwensJames Cleveland Owens nació en el seno de una familia de antiguos esclavos en Oakville, Alabama, el 12 de septiembre de 1913. En 1921 su familia se trasladó al norte, a Cleveland, Ohio, en lo que se conoce como la Gran Migración Negra, en la que más de un millón y medio de afroamericanos huyeron en masa de la miseria y la segregación racial que imperaba en el sur de los Estados Unidos. En el Norte pudo acudir con cierta regularidad a la escuela hasta que en la adolescencia comenzó a realizar todo tipo de trabajos para ganarse la vida y ayudar a su numerosa familia, compuesta por su padre, su madre y nueve hermanos y hermanas.

Mientras seguía acudiendo a la Fairmont High School se fijó en sus extraordinarias cualidades físicas un entrenador llamado Charles Riley, que le permitió entrenar fuera del horario escolar para que pudiese trabajar al mismo tiempo. Gracias a eso se convirtió en un atleta, destacando especialmente las carreras de velocidad. En 1933 atrajo la atención del mundo deportivo nacional al igualar el récord mundial de 9,4 segundos en la carrera de 100 yardas y conseguir además una marca en el salto de longitud de 7,56 metros durante el campeonato nacional que tuvo lugar en Chicago. A partir de entonces pudo acudir a la Universidad Estatal de Ohio donde era conocido como «La bala» y donde consiguió ocho títulos durante las competiciones de la Asociación Nacional Deportiva Universitaria.

Convertido en una estrella del deporte tuvo que soportar sin embargo la segregación racial, obligado a comer y dormir a parte de sus compañeros blancos durante los desplazamientos de las competiciones. Ni siquiera logró nunca una beca gracias sus méritos deportivos y tuvo que seguir trabajando para poder participar en las competiciones.A pesar de ello logró hazañas asombrosas, como la superación de varios récords mundiales, incluido el de salto de longitud con 8,13 metros, que se mantendría imbatido durante 25 años.

Pero su mayor triunfo llegó en 1936 durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Berlín, donde ganó cuatro medallas de oro ante los iracundos bigotes de Hitler que abandonó el estadio olímpico para no tener que saludar a un campeón mundial al que él y sus seguidores nazis consideraban un ser inferior. Pero a su vuelta a casa volvió a ser víctima del racismo a alojarse durante las competiciones en hoteles segregados como el resto de atletas afroamericanos. Tras una etapa realizando exhibiciones por todo el mundo, compitiendo incluso con jinetes o ciclistas, acabó sus días trabajando en una gasolinera para poder sobrevivir. Murió prácticamente en la ruina en 1980.

Sirvan estas líneas como homenaje a todos los que con su esfuerzo personal han demostrado el sin sentido del racismo.

Sincronía, una sola Humanidad

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