El futuro del planeta es menor de edad

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“No quiero que tengas esperanza, quiero que entres en pánico. Quiero que sientas el miedo que siento todos los días y luego quiero que actúes”. Ese ha sido el grito desgarrado que ha escupido al mundo Greta Thunberg, una joven sueca de 16 años que ha lanzado una llamada desesperada a su generación para que salven el planeta, para que defiendan su futuro. Decenas de miles de estudiantes de todo el planeta la han escuchado y cada viernes abandonan sus clase y salen a las calles para manifiestarse contra la destrucción medioambiental y el cambio climático. Ahora solo falta que la escuchen los adultos, especialmente los adultos que dirigen los países y los negocios de este depauperado mundo.

Desde hace 45 años cada 5 de junio se celebra en todo el planeta el Día Internaccional del Medio ambiente, una inicitiva creada por la ONU en 1974 para sensibilizar a la población mundial en relación a temas ambientales. En un principio el objetivo fundamental era garantizar que todas las naciones y personas disfruten de un futuro más próspero y seguro. Hoy el objetivo es, simple y llanamente, la supervivencia del planeta tal y como lo conocemos, y por lo tanto nuestro futuro como especie humana en condiciones dignas de supervivencia.

Las altas temperaturas causadas por el cambio climático han provocado la sequía de ríos, lagos, lagunas y otras fuentes hídricas que durante siglos fueron indispensables para la supervivencia y el desarrollo de pueblos enteros, lo que provoca guerras, migraciones y actástrofes humanitarias que cada año cuestan cintos de miles de vidas. Los recursos naturales pronto serán insuficientes para la supervivencia de las personas que habitan la Tierra. La sobreexplotación de los recursos, el consumo irresponsable y el aumento de la población mundial, se ha triplicado en los últimos 60 años y continúa creciendo a un ritmo acelerado.

La degradación ambiental impide la producción y el cultivo de alimentos en condiciones normales y se han sustituido por métodos de tipo artificial en los que predomina el uso de sustancias químicas que hacen que los alimentos sean de peor calidad y afecten negativamente a nuestra salud y la del planeta, convirténdose en la “pesadilla” que se muerde la cola, ya que a su vez aumentan la contaminación de los alimentos, la tierra y el aire. Nuestros mares y océanos se ahogan en plástico, nuestros bosques desaparecen, la tierra se desertiza y el aire se vuelve irrespirable. En medio siglo está situación puede ser irreversible. Es la hora de actuar. No es alarmismo. Es supervivencia.

Sincronía, una sola Humanidad.

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