El ciberacoso que mató a Verónica es una práctica en auge que causa estragos entre los adolescentes

20190326224014-internetEl caso de Verónica, una mujer casada y madre de dos hijas que se quitó la vida el pasado sábado después de que llegase al teléfono móvil de su marido el vídeo sexual que había grabado hacía cinco años y que llevaba varias semanas circulando por casi todos los trabajadores de la fábrica en la que trabajaba, ha puesto bajo los focos una tragedia cotidiana que en forma de chantaje, venganza, amenaza y extorsión, sufren muchos adolescentes españoles. Así se desprende del estudio Jóvenes en el mundo virtual, realizado hace menos de un años por la Fundación de Ayuda a la Drogodependencia y la Fundación Mapfre. Según este informe, basado en una encuesta nacional, un 20 por ciento de los jóvenes afirma haber sufrido la experencia de ver publicadas en la red imágenes íntimas o de contenido sexual sin su consentimiento.

Casi la mitad de los encuestados señala además que es frecuente el grooming, el acoso por parte de un adulto a un menor, habitualmente con fines sexuales; y hasta un 66% indica que los casos de ciberbullying, el acoso virtual entre compañeros o conocidos de la misma franja de edad, es una práctica habitual y cotidiana. La situación se torna muy preocupante a la luz del dato que indica que uno de cada tres chicos y chicas confesó haber sido víctima de maltrato en las redes sociales, con situaciones que van de las bromas pesadas a las amenazas, pasando por insultos, vejaciones o actos que les lempujaron al aislamiento y la exclusión social. Es una práctica que va en aumento, según reconocen los propios adolescentes, y de la que un nueve por ciento ha llegado a confesarse autor.

Pero el problema central es la complicidad, voluntaria pero sobre todo involuntaria, de las mayoría de quienes reciben este tipo de mensajes o vídeos en sus terminales y no lo denuncian o, lo que es peor, lo comparten, en muchos casos sin una conciencia clara de que están cometiendo un delito, una agresión o colaborando en el acoso. Eso influye además en la escasa percepción que hay entre los jóvenes del concepto de acoso o agresión sexual y la proliferación de comportamientos machistas entre los jóvenes. Según el último informe sobre violencia de género publicado por el Instituto Nacional de Estadísitica la pasada semana, que revela que en 2018 fueron 31.286 las mujeres registradas como víctimas de violencia de género, el mayor aumento de casos se ha producido en la franja de jóvenes entre 18 y 19 años, aunque se registran casos de maltrato y agresión a partir de los 14 años de edad.

Casos como el de Verónica, empujada al suicidio por un entorno personal y laboral incapaz de detectar y denunciar un caso aberrante de acoso sexual en la red, deberían alertarnos de las drámáticas consecuencia que, sin llegar al extremo de la muerte, causan cada día graves daños en la salud psíquica y física de nuestros jóvenes. La escuela y el entorno familiar son la primera trinchera donde se deben combatir estos comportamientos, pero ante la agresión en red la responsabilidad es colectiva. Para parar una cadena de acoso, basta una persona que lo denuncie… eso quizá hubiese salvado la vida de Verónica.

Sincronía, una sola Humanidad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s