Pienso que el mundo es más de extrema estupidez que de extrema derecha

contraportada 1 - copiaHistorias de héroes y heroínas, personas formidables que han hecho cosas extraordinarias en las circunstancias más difíciles. Eso es lo que nos cuenta en su libro Héroes, Paloma Aznar, una verdadera periodista todoterreno con vocación solidaria, que subida a los tacones de aguja desde los que observa las noches urbanas, o a las botas militares con las que ha recorrido los campos de refugiados de Oriente Próximo, hace años que vuelca su sensibilidad en contar historias humanas, muy humanas.

¿Cómo y por qué nace la idea de escribir Héroes?
Después de regresar de los campos de refugiados en Grecia. Me di cuenta de que había interesantes historias que no podría contar en un periódico ni en los informativos de televisión, porque hay muy poco espacio para la información internacional, que se suele rellenar con algo impactante y breve, no porque haya un poder perverso que nos quiere desinformados con respecto a lo que pasa en el mundo, sino porque a la gente no parece interesarle; las cadenas de televisión miden las audiencias minuto a minuto y, durante la información internacional, muchos espectadores cambian de canal, por eso los informativos tienen un bloque de noticias locales, unos minutos de noticias internacionales, la previsión meteorológica y un gran bloque dedicado al deporte (al fútbol, principalmente). Los medios de comunicación públicos no deberían ser como los medios privados, pero no siempre ponen por delante de otros intereses la calidad o importancia de los contenidos que ofrecen. Yo tenía historias fascinantes que no había podido contar en los medios (desde que viajé a Iraq en 2003), o que no había contado como hubiera querido, y me negué a olvidarlas, deseaba que se conocieran.

¿Por qué elegiste concretamente a esos siete protagonistas de los relatos?
En realidad, son siete capítulos, pero muchos héroes y heroínas, personas formidables que han hecho cosas extraordinarias en las circunstancias más difíciles: guerras, persecuciones o crisis humanitarias. Valientes de distintas edades, en diferentes rincones del planeta (de Alepo a Badalona, pasando por Palestina y Atenas), que no poseen superpoderes, pero destacan entre la mediocridad, la cobardía y la vileza.

Además de las historias concretas ¿qué querías contar en este libro, qué mensaje de fondo querías lanzar?
Un libro se puede multiplicar por tantos libros como lectores tiene. Cada persona encontrará un mensaje, o más de uno. Lo que yo he aprendido escribiéndolo es que se puede hacer de nuestro mundo un lugar menos injusto, menos tenebroso.

Portada libro Heroes 4 de febrero - copiaA grosso modo tu trayectoria profesional va de la crónica nocturna al periodismo de denuncia ¿qué te ha empujado a pasar de una información de aparente frivolidad a los contenidos más comprometidos?
He pasado por todos los terrenos, con tacones de aguja o botas militares: cronista de la noche madrileña, columnista en cinco periódicos, encargada de la sección de Sexo en El País, entrevistadora, guionista en programas televisivos de entretenimiento, directora y conductora de programas radiofónicos, cineasta, reportera en zonas de conflicto… Pero, en realidad, estoy siempre haciendo lo mismo: contar historias. Así que vivo del cuento. Soy una cuentista.

Has pasado por todos los medios y conoces bien la profesión ¿Crees que, como se afrma ultimamente, la independencia del periodista está en sus horas más bajas?
Para ser independiente y hacer un buen trabajo tienes que contar con los medios necesarios y poder pagar tus facturas. El periodismo se ha precarizado tanto que la calidad y la independencia se han resentido, aunque haya excelentes profesionales. Nunca se ha trabajado tanto sin contrato, cobrando una miseria por pieza publicada o emitida y asumiendo tantos riesgos.

¿En los tiempos de la posverdad queda sitio para contar historias de verdad o esa es una aventura romántica para públicos restringidos?
Hay mucho de romanticismo, pero no me gusta subestimar a los demás. Estoy convencida de que hay más personas interesadas en esas historias de lo que parece, sobre todo personas muy jóvenes que te miran impresionadas cuando se las cuentas.

Conoces de primera mano situaciones trágicas de larga duración, como las de los palestinos o los refugiados de los campamentos griegos ¿Por qué suscitan tan poca empatía aparentemente? ¿Por qué apenas ocupan titulares?
Tal vez no se hayan sabido contar de modo que resulten atractivas y seductoras. Hay personajes realmente maravillosos. Por ejemplo, la historia del joven bailarín Ahmad Joudeh, sin duda, es tan buena como la de Billy Elliot: Nació en el campo para refugiados palestinos de Yarmouk, cerca de Damasco. Su padre le dejaba encerrado durante días en un cuarto y le golpeaba en las piernas para que no pudiera bailar. Intentó suicidarse a los 17 años. Poco tiempo después, en 2015, la zona fue tomada por el ISIS; los yihadistas amenazaron con matarle, y su respuesta fue bailar en las ruinas grecorromanas de Palmira. Cuando el director del Nationale Ballet holandés conoció su historia gracias a un periodista, recaudó lo necesario para rescatarlo y que Ahmad fuese a su escuela. Hoy está en Amsterdam, preparando la coreografía de un espectáculo que quiere titular “Baila o muere”. Bajo la nuca lleva tatuada esa frase. Tiene 26 años. En las calles de Damasco hubo carteles con su foto bajo el mensaje: “SE BUSCA” (pusieron precio a su cabeza). Su nombre aparece ahora en los carteles de un teatro donde actúa como bailarín.

En general… ¿nos estamos acostumbrando a convivir con la tragedia ajena?
Eso sería muy peligroso, nos recuerda mucho a lo que sucedió cuando los nazis eliminaron a seis millones de personas ante la indiferencia o el miedo de tanta gente que miró hacia otro lado. Actualmente, mueren millares de personas ahogadas; mujeres, hombres y niños que huyen de persecuciones, guerras, la miseria o la esclavitud. Y, aunque los ejércitos europeos tienen lo necesario para evitarlo, no se han hecho corredores seguros que impidan que caigan en manos de mafias o que se ahoguen, y además los gobiernos están prohibiendo a los barcos de socorristas voluntarios que salgan a robar vidas al mar.

El auge generalizado de la extrema derceha, el rechazo a la inmigración, el retroceso del apoyo a las organizaciones solidarias…. ¿Europa se está convirtiendo en una vieja anmnésica?
Amnésica e ignorante. Pienso que el mundo es más de extrema estupidez que de extrema derecha.

Los beneficios de tu libro los cedes a Amnistía Internacional ¿Aún crees en el periodismo con causa?
Sí. Yo he sido siempre muy crítica con las grandes organizaciones humanitarias (he visto el mal funcionamiento de algunas). En 2011 y 2012 viví una situación delicada y dolorosa por hacer mi trabajo; ni la Asociación de la Prensa ni los medios para los que trabajaba me ayudaron. Entonces, llamé a la puerta de Amnistía Internacional y, además de abrir, me escucharon y comprobaron que lo que yo contaba era cierto, lo investigaron, lo documentaron y lo incluyeron en un informe. Aquello fue importantísimo para mí. Después, colaboré con la organización en otro informe sobre periodistas agredidos y acosados. Este libro es mi modo de dar las gracias.

¿En qué nuevo proyecto andas metida?
Tengo tres libros nuevos en el horno. Un ensayo, un libro de biografías y una recopilación de relatos de ficción.

Héroes ha sido publicado en 2019 por Plumágica y podréis encontrar a su autora el 23 de abril, Día de Sant Jordi, en la parada 103 de Las Ramblas de Barcelona a partir de mediodía.

Sincronía, una sola Humanidad

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