Clara Campoamor, la impulsora del voto femenino en España que comenzó como modistilla y acabó como diputada

CLARA-CAMPOAMOREl 12 de febrero de 1888 la costurera Pilar Rodríguez Martínez daba a luz en Madrid a una niña llamada Clara Campoamor Rodríguez, hija también de Manuel Campoamor Martínez, contable en un periódico, que murió diez años después, lo que provocó que Clara tuviese que abandonar el colegio y comenzar a trabajar como modista, dependienta de comercio y telefonista, para ayudar a sostener a su madre y sus dos hermanas menores. En 1909 aprobó unas oposiciones como auxiliar femenina de segunda clase del cuerpo auxiliar de Telégrafos del Ministerio de la Gobernación y trabajó en diversos destinos a lo largo de la geografía española.

Tras presentarse a diversas oposiciones y convertirse en profesora de taquigrafía y mecanografía, traductora de francés y colaboradora de varios periódicos, a los 32 años decidió reanudar sus estudios, obteniendo el título de bachillerato para más tarde matricularse en la Facultad de Derecho, donde se licenció en 1924, convirté4ndose en una de las pocas abogadas españolas de la época. Luchadora infatigable, un año después se convirtió en la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, un mes después que lo hiciese su eterna compañera y rival, Victoria Kent, con quién sostendría una histórica polémica sobre la conveniencia de que las mujeres españolas accediesen al voto durante la Segunda República Española.

La historia forma parte de la gran crónica del feminismo español, aunque quizá todavía demasiados ciudadanos y ciudadanas la sigan ignorando en sus términos exactos. Clara Campoamor se convirtió en una firma luchadora por los derechos de la mujer durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera mientras desarrollaba una brillante carrera como jurista, casi en paralelo con la de Victoria Kent. Con la llegada de la república, Campoamor se convierte en Diputada por el Partido Radical y Kent por el Partido Republicano Radical Socialista. Hay que precisar que por entonces las incongruencias del sistema político permitían que una mujer pudiese ser elegida pero no electora, o sea, podía llegar a ser presidenta pero no tenía derecho a voto.

El 1 de octubre de 1931 se produjo en el Congreso de los Diputados el debate final sobre la aprobación del sufragio universal femenino, en el que se produjo el histórico enfrentamiento dialéctico entre las dos grandes figuras del feminismo español. Clara Campoamor defendió el derecho al voto, apoyada por la mayoría del partido Socialista, una parte importante de la derecha, Esquerra Republicana de Cataluña y otros grupos republicanos menores. Victoria Kent defendió el no al sufragio femenino con el apoyo de Acción Republicana, el Partido Radical Socialista y propio Partido Radical, quienes consideraban, al igual que la propia Victoria Kent, que la mayor parte de la población femenina estaba demasiado influida por la iglesia católica y que sus votos irían a parar a la derecha más conservadora, algo en lo que la historia inmediatamente posterior les dio la razón.

Pero dejando a parte las ucronías históricas de lo que pudo ser y no fue, el caso es que aquel día ganó la postura de Clara Campoamor, que en las siguientes elecciones no volvería a ser elegida diputada, igual que le sucedió a su rival, Victoria Kent. Campoamor dejó reflejada toda su lucha parlamentaria en favor del voto femenino en dos obras, Mi pecado mortal y El voto femenino y yo, publicadas durante los últimos tiempos de la Segunda República. Al estallar la Guerra Civil se exilió y en 1937 publicó en París el libro La revolución española vista por una republicana, donde se muestra crítica con el comportamiento de los republicanos en los momentos iniciales del conflicto.

Tras un largo exilio en Argentina y Suiza, murió en 1972 sin llegar a ver como cinco años después las mujeres españolas acudían a las urnas para restaurar la democracia ejerciendo el derecho al voto al que ella había dedicado toda su vida. Sirvan estas líneas para expresar nuestro más rendido homenaje a una mujer que luchó desde el peldaño más bajo de la sociedad, reivindicándose siempre a través del esfuerzo personal y el acceso a la educación y la cultura.

Sincronía, una sola Humanidad

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