La discriminación es uno de los mayores lastres del desarrollo humano

brian_weissPor definición, la discriminación es toda aquella acción u omisión realizada por personas, grupos o instituciones que produce y reproduce desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades tan disímiles como la comida, los servicios de salud, educación o empleo, en favor o en contra de otras personas, grupos o instituciones. Sus manifestaciones a través (o con la excusa de) el sexo, la religión, la raza, la ideología, la salud o incluso las costumbres y tradiciones, han sido la causa de los mayores males que q¡aquejan a la humanidad, en forma de guerra , genocidios y segregaciones históricas. A pesar de que la carta de los derechos humanos (y el más elemental sentido común) proscriben su mera existencia, la discriminación hacia otros seres humanos sigue siendo moneda corriente las relaciones entre personas en el siglo XXI y una fuente inagotable de abusos.

La lucha contra la discriminación es la base del desarrollo, el cimiento de toda idea de progreso y el principio elemental para toda persona de bien. En el año 2013 la ONU ha señalado el día 1 de marzo como el Día para la Cero Discriminación

Sincronía, una sola Humanidad

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“Lo inevitable”, una visión razonada, razonable y optimista del futuro inmediato

Lo inevitableMuchas de las cosas que cambiarán el mundo en los próximos treinta años son ya completamente inevitables y el futuro inmediato será impulsado por las tendencias tecnológicas que ya están en movimiento. Esa es la tesis central de Lo inevitable: Entender las 12 fuerzas tecnológicas que configurarán nuestro futuro, el libro del escritor estadounidense y cofundador de la revista Wired, Kevin Kelly, que ofrece una hoja de ruta optimista para el futuro, mostrando cómo los cambios que vienen en nuestras vidas – desde la realidad virtual en el hogar a una economía a la carta, hasta la inteligencia artificial incrustada en todo lo que fabricamos – pueden y deben ser entendidas como el resultado de unas pocas fuerzas de aceleración a largo plazo que revolucionarán completamente la forma en que compramos, trabajamos, aprendemos y nos comunicamos unos con otros.

Entender, asimilar y adoptar estás fuerzas de cambio nos facilitará estar al tanto de la próxima ola de cambios y arreglar nuestras relaciones cotidianas con la tecnología de manera que produzcan los máximos beneficios, según afirma el autor de este ensayo. A pesar de reconocer que el futuro, al igual que el presente, no estará exento de desequilibrios y desigualdades el propio Kelly afirma que está en nuestras manos crear una sociedad más colaborativa, más horizontal y más eficaz a la hora de enfrentarnos a los nuevos retos de la revolución tecnológica y que para eso es imprescindible empezar por aproximarnos a esos cambios para afrontar esos retos.

Dado que, tal y como afirma el autor, las invenciones más fascinantes de todas aún no han sido inventadas, es imprescindible reinventarse y mantenerse permanentemente al tanto de las últimas innovaciones, además de mantener una mentalidad abierta a las disrupciones que están por llegar. Nadie se librará de esta permanente necesidad de adaptación a los cambios, ya que la creciente velocidad a la que se producen el cambio hace que todos, incluidas las nuevas generaciones de nativos digitales, nos vayamos quedando inevitablemente atrás. En opinión de Kelly, la inteligencia artificial actúa como un desencadenante de otras disrupciones: la sanidad del futuro, el coche autónomo, los cambios en el modelo educativo, e incluso vaticina que en un futuro más o menos inmediato, la inteligencia artificial estará dominada por un grupo restringido de gigantes empresariales.

En la nueva era la información fluirá en todas direcciones y las páginas y los buscadores están ya perdiendo importancia y siendo sustituidos por las corrientes y flujos de información. El acceso a los datos y la información es cada vez más instantáneo, más personalizado y más accesible y ser capaces de adaptarse a esos vertiginosos y permanentes cambios, será la clave para evolucionar en una sociedad en la que la posesión de bienes u objetos será menos importante que el consumo compartido y la interacción con los demás.

Lo Inevitable ha sido publicado por Editorial TEELL y es una recomendación de Sincronía, una sola Humanidad dentro de su campaña por cambio educativo a través de un Gran Pacto Social y de Estado en Educación

La renovación del modelo educativo y la transformación del concepto del trabajo, principios fundamentales en la consecución de la justicia social

Urgando en basuraEn España casi una cuarta parte de la población, un 23,4%, está en riesgo de pobreza severa o exclusión social y más de 8 millones de personas están por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza, o sea, personas que viven en hogares con una renta inferior al 60% de la renta mediana equivalente, según EAPN (Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social), que recoge datos del observatorio europeo Eurostat.

Casi un tercio de esa población en riesgo pertenece a personas de entre 45 y 64 años, lo que significa que sus oportunidades de incorporarse al mercado laboral en condiciones de dignidad y competitividad son cada vez más escasas, mientras que casi un 35 por ciento tienen entre 16 y 29 años, lo que nos dibuja un panorama de una población que inicia su ciclo vital en unas condiciones de precariedad que en muchos casos será muy difícil de superar. La suma de estos dos datos no da una sociedad con un elevadísimo índice de fracaso en sus niveles de equidad económica y justicia social.

Si a eso le sumamos que la brecha entre ricos y pobres aumenta de día en día, tanto a nivel nacional como mundial, que las condiciones de discriminación de la mujer se mantienen en niveles intolerables para este momento histórico y que lacras sociales como el racismo, el machismo o la aporofobia no sólo no disminuyen respecto a décadas anteriores, sino que repuntan, con agresividad en muchos casos, lo que tenemos en definitiva es algo muy parecido a una sociedad fracasada, que debe plantearse muy seriamente sus acciones de futuro en torno a la renovación de dos parámetros fundamentales vinculados a la revolución digital del siglo XXI: la renovación del concepto de trabajo bajo el prisma de la robotización laboral y el cambio en el sistema educativo que permita a las nuevas generaciones afrontar retos de futuro que hoy ni siquiera somos capaces de imaginar.

Sincronía, una sola Humanidad

Mark Twain, el escritor que iluminó los sueños de los niños con un alegato antirracista basado en el humor inteligente y el espíritu aventurero

mark-twain-at-a-writing-desk-640467439-5af62ba36bf0690036acb9f4El 18 de febrero de 1885, se publican por primera vez Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain, quién había venido al mundo en noviembre de 1835 en el pueblo de Florida, Misuri, como Samuel Langhorne Clemens, el verdadero nombre del padre literario de Tom Sawyer, uno de los personajes clave de la literatura infantil y juvenil. Samuel era el penúltimo de siete hermanos y uno de los pocos que sobrevivió, ya que cuatro fallecieron por accidente o enfermedad antes de llegar a la edad adulta. También su padre murió cuando el futuro escritor tenía solo 11 años, por lo que tuvo que abandonar los estudios y ponerse a trabajar para ayudar a sostener a su familia. Sin embargo, su afición a la lectura le llevó al mundo del periodismo y empezó a trabajar como aprendiz de impresor en un diario local. Pronto se lanzó a una vida errante marcada por su ansia de saber, que satisfizo formándose a sí mismo en las bibliotecas públicas a las que acudía por las tardes, igual que haría años más tarde otro grande de la literatura juvenil: Jack London.

Durante un tiempo trabajó en los barcos que surcaban el río Mississippi, convertido en piloto fluvial hasta que comenzó la Guerra Civil Norteamericana. De ahí saco parte de la experiencia para narrar las aventuras de su famoso personaje. Tras una breve experiencia bélica se trasladó al norte del país, lejos de la guerra, donde se convirtió en  minero con escasa fortuna  y comenzó a escribir relatos humorísticos con bastante éxito. En 1865 alcanzó la notoriedad como escritor con el cuento humorístico La célebre rana saltadora del distrito de Calaveras. Tras una década recorriendo el mundo y relacionándose con la élite de la cultura y la ciencia mundial, en 1876 publicó Las aventuras de Tom Sawyer, las aventuras de un niño pobre de un pueblo de Mississippi con dos compañeros de correrías, uno blanco y de clase acomodada y otro negro, descendiente de esclavos.

Eso sucedió en los tiempos de la dura segregación racial en el sur de los Estados Unidos, donde los negros habían dejado de ser esclavos para convertirse en personas sin derechos, ciudadanos de segunda a los que se les restringía, o directamente se les negaba, el acceso a la educación, el voto y el trabajo y la vivienda en condiciones dignas. A través de Tom Sawyer y sus dos amigos, protagonistas también de una segunda novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain supo retratar esa injusticia a través del sentido del humor y en el marco de las aventuras infantiles, consiguiendo más eco y repercusión que todos los sesudos alegatos de los intelectuales antirracistas. A esas obras siguieron joyas de la literatura juvenil como El príncipe y el mendigo o Un yanqui en la corte del Rey Arturo, en las que retrataba los absurdos convencionalismos del mundo adulto usando una mirada sarcástica y divertida.

A pesar de sus éxitos literarios, Twain nunca tuvo habilidad para los negocios y la mala administración de sus considerables ganancias, unida a una sucesión de desgracias familiares, le llevó en su últimos años de vida a la precariedad y la depresión, aunque nunca perdió del todo su inteligente sentido del humor, como demostró cuando un periódico publicó la esquela con su fallecimiento y él la desmintió enviando una nota en la que afirmaba: “Las noticias sobre mi muerte han sido enormemente exageradas”. Sirvan estas líneas como homenaje a su obra y su persona.

Sincronía, una sola Humanidad. Por un Pacto de Estado en Educación.

Aumenta el número de niños soldado ante el silencio y el olvido de gobiernos y medios de comunicación occidentales

niños-soldadoDesde hace más de una década revistas, periódicos y blogs repetimos una cifra estática: 350 mil niños y niñas están condenados en todo el mundo a servir como carne de cañón, a ser niños soldado. Y lo hacemos sin variar un ápice la cifra a pesar de que ésta, lejos de bajar, ha ido aumentando año tras año. La falta de datos fiables, unida al desinterés de los grandes medios de comunicación y el silencio de los gobiernos de mundo desarrollado, están condenando al limbo a centenares de niñas y niños obligados a matar y a morir, a servir como esclavas y esclavos sexuales y a exponer su vida a diario, sometidos a los peores maltratos y humillaciones, en los distintos conflictos armados de África, Asia y Lationoamérica.

En un artículo publicado recientemente en el diario El País, Chema Caballero, coordinador de la ONG DYES y figura de referencia en la lucha contra el uso de niños soldado, afirmaba: “Hasta no hace mucho, en África la mayoría de los menores eran secuestrados por los grupos armados que luego debían utilizar la violencia y la manipulación para convertirlos en soldados. Hoy, son muchos los que se unen voluntariamente a las facciones que toman parte en los combates, sobre todo en los conflictos de larga duración. Huyen de la pobreza, del hambre, de la falta de oportunidades educativas o laborales. Muchos han crecido en medio a la violencia y no conocen otra forma de vida, por lo que es normal que terminen empuñando un arma. Es dudoso, cuando no existen otras alternativas para estos menores, que podamos hablar de alistamiento voluntario. Si no deja de ser la única opción, salida, que tienen delante, ¿cómo pueden optar por algo distinto, por la paz?”.

La pregunta de Chema caballero debería ser un aldabonazo en nuestras conciencias y sin embargo, seguimos viviendo de espaldas a esta tragedia. Los medios de comunicación del llamado mundo desarrollado apenas prestan atención a la realidad de las niñas y niños soldado y cuando lo hacen le dedican una atención puntual (como el caso de las niñas secuestradas por Boko Haram) y los conflictos armados en los que son obligados  participar se presentan, tal y como sostiene en su artículo Chema Caballero: “como disputas religiosas o étnicas, pero eso es mentira, todas responden a razones económicas o de control geoestratégico”.  Esta forma de tratarlos distancia a nuestra sociedad del problema y nos desvincula de él, haciéndonos creer que no tenemos ninguna responsabilidad, cuando en realidad es todo lo contrario: son los intereses económicos y estratégicos de nuestras sociedades occidentales los que impulsan y sostienen esas guerras.

Son las armas que fabricamos nosotros las que manejan los niños soldados y son el producto de esos conflictos olvidados lo que engorda las cuentas de nuestras grandes corporaciones, como en el caso de la llamada guerra del coltán, el material necesario para fabricar los móviles y que prácticamente solo se produce en el Congo. Por eso nosotros seguimos empeñados, no sólo en denunciar esta situación, sino en invitar a nuestra sociedad a actuar en el plano más próximo, forzando a nuestro gobierno a que restrinja la venta de armas a países que puedan desviarlas para ser usadas por menores. Por eso hace ya tiempo que hemos puesto en marcha nuestra campaña NI UN ARMA ESPAÑOLA EN MANOS DE NIÑOS SOLDADO.

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Enlace al artículo roiginal de Chema Caballero

Clara Campoamor, la impulsora del voto femenino en España que comenzó como modistilla y acabó como diputada

CLARA-CAMPOAMOREl 12 de febrero de 1888 la costurera Pilar Rodríguez Martínez daba a luz en Madrid a una niña llamada Clara Campoamor Rodríguez, hija también de Manuel Campoamor Martínez, contable en un periódico, que murió diez años después, lo que provocó que Clara tuviese que abandonar el colegio y comenzar a trabajar como modista, dependienta de comercio y telefonista, para ayudar a sostener a su madre y sus dos hermanas menores. En 1909 aprobó unas oposiciones como auxiliar femenina de segunda clase del cuerpo auxiliar de Telégrafos del Ministerio de la Gobernación y trabajó en diversos destinos a lo largo de la geografía española.

Tras presentarse a diversas oposiciones y convertirse en profesora de taquigrafía y mecanografía, traductora de francés y colaboradora de varios periódicos, a los 32 años decidió reanudar sus estudios, obteniendo el título de bachillerato para más tarde matricularse en la Facultad de Derecho, donde se licenció en 1924, convirté4ndose en una de las pocas abogadas españolas de la época. Luchadora infatigable, un año después se convirtió en la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, un mes después que lo hiciese su eterna compañera y rival, Victoria Kent, con quién sostendría una histórica polémica sobre la conveniencia de que las mujeres españolas accediesen al voto durante la Segunda República Española.

La historia forma parte de la gran crónica del feminismo español, aunque quizá todavía demasiados ciudadanos y ciudadanas la sigan ignorando en sus términos exactos. Clara Campoamor se convirtió en una firma luchadora por los derechos de la mujer durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera mientras desarrollaba una brillante carrera como jurista, casi en paralelo con la de Victoria Kent. Con la llegada de la república, Campoamor se convierte en Diputada por el Partido Radical y Kent por el Partido Republicano Radical Socialista. Hay que precisar que por entonces las incongruencias del sistema político permitían que una mujer pudiese ser elegida pero no electora, o sea, podía llegar a ser presidenta pero no tenía derecho a voto.

El 1 de octubre de 1931 se produjo en el Congreso de los Diputados el debate final sobre la aprobación del sufragio universal femenino, en el que se produjo el histórico enfrentamiento dialéctico entre las dos grandes figuras del feminismo español. Clara Campoamor defendió el derecho al voto, apoyada por la mayoría del partido Socialista, una parte importante de la derecha, Esquerra Republicana de Cataluña y otros grupos republicanos menores. Victoria Kent defendió el no al sufragio femenino con el apoyo de Acción Republicana, el Partido Radical Socialista y propio Partido Radical, quienes consideraban, al igual que la propia Victoria Kent, que la mayor parte de la población femenina estaba demasiado influida por la iglesia católica y que sus votos irían a parar a la derecha más conservadora, algo en lo que la historia inmediatamente posterior les dio la razón.

Pero dejando a parte las ucronías históricas de lo que pudo ser y no fue, el caso es que aquel día ganó la postura de Clara Campoamor, que en las siguientes elecciones no volvería a ser elegida diputada, igual que le sucedió a su rival, Victoria Kent. Campoamor dejó reflejada toda su lucha parlamentaria en favor del voto femenino en dos obras, Mi pecado mortal y El voto femenino y yo, publicadas durante los últimos tiempos de la Segunda República. Al estallar la Guerra Civil se exilió y en 1937 publicó en París el libro La revolución española vista por una republicana, donde se muestra crítica con el comportamiento de los republicanos en los momentos iniciales del conflicto.

Tras un largo exilio en Argentina y Suiza, murió en 1972 sin llegar a ver como cinco años después las mujeres españolas acudían a las urnas para restaurar la democracia ejerciendo el derecho al voto al que ella había dedicado toda su vida. Sirvan estas líneas para expresar nuestro más rendido homenaje a una mujer que luchó desde el peldaño más bajo de la sociedad, reivindicándose siempre a través del esfuerzo personal y el acceso a la educación y la cultura.

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“La escuela que quiero”. El manual de Mar Romera para ayudar a crear la escuela del futuro

portada_la-escuela-que-quiero_mar-romera_201811291006En busca del sentido común: pedagogía de altura contada desde el suelo. El subtitulo del nuevo libro de Mar Romera, una de las pedagogas más prestigiosas de nuestro país, es un perfecto resumen de su contenido. La obra es un manual práctico para profesionales de la educación y padres y madres de alumnos que busquen la mejora de la calidad de la enseñanza. El libro surge en un momento crucial para el sistema educativo español, en pleno debate social sobre el futuro de nuestra educación, un futuro políticamente lastrado en este momento por la falta de una intención real de los partidos políticos para llegar a un pacto educativo.

Tal y como se afirma en su nota de presentación, escoger el tipo de escuela que queremos para nuestros niñas y niños es seguramente una de las tareas más complicadas a la que nos enfrentamos como sociedad. Para ello Mar Romera realizar un recorrido desde el recuerdo del modelo de nuestra educación hasta al presente, e incluso el futuro educativo. Tal y como afirmaba la autora en una entrevista concedida a nuestra plataforma sincronía.org: “Es el momento de someter el sistema a evaluación, pero no al alumnado. Estamos en el siglo del hemisferio derecho del cerebro, el siglo pasado se encargó de amueblar bien el izquierdo. Ahora le toca a la emoción y la imaginación; a crear contenidos y no a reproducirlos”.

En este libro, el segundo de una serie que comenzó con La familia, la primera escuela de emociones, Mar Romera nos habla también de la sociedad que queremos y necesitamos construir, de la importancia del conocimiento de los docentes, las familias y también de la propia mirada de los niños y niñas los principales protagonistas de esta etapa crucial en el cambio del sistema educativo a un nuevo modelo adaptado a las nuevas necesidades del siglo XXI y la sociedad tecnológica del conocimiento.

En la entrevista publicada por sincronia.org, Romera introduce algunas de las claves fundamentales de ese cambio pedagógico: “Deberíamos construir un sistema educativo que ayude a aprender a tomar decisiones, a adaptarse al cambio, que les enseñe a fracasar, a trabajar en equipo”. Y en ese nuevo sistema, la escuela debe transformarse completamente en aras de la diversidad: ” Debe ser una escuela para todos y para todas. Una escuela heterogénea donde la diferencia sea un recurso. El alumnado no aprende lo que le enseñamos, nos aprende a nosotros. Y nosotros los adultos debemos saber que menos es más, que el desarrollo sin juego es imposible, que el amor a la infancia, el respeto y la cordura en el trato son condiciones imprescindibles para sentarnos a hablar”.

La escuela que quiero ha sido publicado por  Destino a principios del 2019 y es un consejo de Sincronía, una sola Humanidad dentro de su Campaña Por un Pacto Social y de Estado en Educación.

Lee la entrevista completa con Mar Romera en nuestra web  http://www.sincronia.org/voces/mar-romera/