La intención del feminismo es seguir avanzando hacia un mundo en el que ningún hombre mire a una mujer y vea un trozo de carne, ni se crea en posesión de su cuerpo y su deseo

Isabel Valdés copia“El caso de La Manada fue un último espoleo al sentimiento de hartura que teníamos las mujeres, que no viene de ayer”. Isabel Valdés, es autora del libro Violadas o muertas, publicado por Ediciones Península, y periodista de la sección de Sociedad del diario El País, donde coordina el espacio Mujeres y está especializada en feminismo, igualdad y violencia de género.

¿En qué momento te planteas la necesidad de hacer un libro como alegato al fenómeno de las manadas?

La verdad es que la idea no fue mía. Me llamaron la misma noche de la sentencia, la del jueves 26 de abril, y no pude decir otra cosa que un rotundo sí. Las circunstancias, el hartazgo y el momento hicieron que ni me lo pensara.

Hace un mes un grupo de individuos detenidos en Canarias por una violación se autodenominaban la nueva manada ¿Se está produciendo un efecto llamada sobre violaciones en grupo o simplemente se le pone nombre a algo que ya venía sucediendo?

No lo creo. Que un grupo lo haga no implica un efecto llamada, que es un fenómeno que se extiende mucho más allá de un ejemplo, o un par de ellos. Creo que lo que está sucediendo ahora son dos cosas: por un lado el fin del silencio, que lleva a las mujeres a denunciar lo que en otro tiempo callaron, y por otro la cobertura de los medios, mucho más amplia y profunda de lo que venía siendo hasta ahora. Aunque es cierto que el conocimiento de unos hechos puede llevar a repetir esos mismos hechos, creo que no podemos calificarlo de efecto llamada, crea una alarma inexistente que solo interesa a aquellos medios que se nutren del sensacionalismo.

¿La manada de los sanfermines marca un punto de inflexión en la lucha contra el abuso y la violación? ¿En qué sentido?

El caso de La Manada fue un último espoleo al sentimiento de hartura que teníamos las mujeres, que no viene de ayer. Llevamos tres siglos con una lucha que cada vez coge más carrerilla y se extiende más y mejor, en esa pelea a toda velocidad los últimos años han sido claves, sobre todo los últimos dos. Creo que la mediatización de este caso puso sobre la mesa una serie de circunstancias que o bien todas hemos vivido o somos susceptibles de vivir, y, una vez que eso se ve, ya no se puede mirar hacia otro lado. Nos echamos a la calle, protestamos, gritamos y exigimos, cada vez con más fuerza, más rápido y con más voces y asumimos de alguna forma un nivel más en esta batalla, uno en el que ya no cedemos ni un milímetro. Creo que esa convicción y esa masa (numérica) abrió del todo los ojos a la sociedad, en general, que se unió a nosotras; y creo que el 8 de marzo constató ese apoyo social a la lucha feminista.

Violadas o muertas¿Vivimos un aumento de agresiones a mujeres o un aumento de la visibilidad y la consiguiente respuesta?

Creo que tiene que ver más con lo segundo y todo ha sido fruto de un mismo hecho que ya he apuntado antes, el fin del silencio, se denuncia más porque hay una mayor concienciación, porque de alguna forma nuestros miedos y nuestras reservas están quedando atrás, porque estamos hartas, porque queremos cambiar las cosas, porque el feminismo ha hecho una lenta pero efectiva labor de educación… Y aún así, según las cifras de la ONU y la OMS un tercio de las mujeres ha sufrido en algún momento algún tipo de violencia sexual y los últimos datos de la Unión Europea apuntan a que solo se denuncia un 10%, aunque advierten que es imposible conocer con exactitud esa cifra.

Se denuncia más porque hay una mayor concienciación, porque de alguna forma nuestros miedos y nuestras reservas están quedando atrás, porque estamos hartas, porque queremos cambiar las cosas.

Una encuesta realizada el pasado mes de noviembre afirma que uno de cada cuatro jóvenes ve normal la violencia en una pareja ¿Tenemos un problema con la educación que estamos dando a nuestros jóvenes?

Sí, claramente. Por eso es tan urgente comenzar a incluir el feminismo en los programas educativos oficiales en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad, y en las casas, y en las organizaciones, y en las empresas. El feminismo debería impregnarlo todo, tal y como lo ha hecho el machismo y el patriarcado durante siglos, es la única forma de contrarrestarlo, de conseguir un mundo igualitario y de acabar con las relaciones tóxicas, la violencia de género y la inequidad.

Esa misma encuesta revela que los adolescentes de ambos sexos no consideran los celos y el control de la pareja como algo negativo ¿Hasta que punto estamos fallando en la transmisión de valores y en qué medida los medios de comunicación y la industria del ocio son responsables?

Si fallamos en la transmisión de valores es porque, en general, esos valores todavía no están asentados en nuestro imaginario. Hay que cambiar eso y hay que cambiarlo ya, no se puede educar en unos valores que no se tienen, que no se asumen, en los que no se cree. Por lo general, todo el mundo a quien le preguntes si está de acuerdo en que hombres y mujeres han de tener los mismos derechos te contestará que sí, y sin embargo la realidad es otra. Lo pensamos pero no actuamos conforme a esa convicción, lo que significa que tenemos que seguir trabajando para que el feminismo no sea solo una idea sino algo factible, algo que acompañe a las decisiones personales, políticas, empresariales… Y sí, por supuesto que los medios como la industria del ocio y la publicidad tienen un papel importante en la educación machista y patriarcal, han sido históricamente colaboracionistas en el mito del amor romántico, en el sometimiento de las mujeres a los cánones de belleza, en la reafirmación de los roles de hombres y mujeres; pero los medios como la publicidad y la música y el cine no cambiarán mientras no cambiemos ese ideario, cada uno de nosotros, todos.

¿Que habría que cambiar en nuestras escuelas para eliminar el machismo?

En las escuelas hace falta un cambio profundo (como en el resto de ámbitos de la sociedad, en todos los rincones) que toca varios aspectos: la educación del profesorado en feminismo, también la de todos aquellos que tienen contacto con el alumno, no olvidemos que el patriarcado está inserto en nuestra sociedad, no es suficiente con incluir el feminismo solo en puntos determinados, debe permearlo todo. Los contenidos de los materiales deberían incluir a las mujeres que llevan siendo olvidadas siglos, el discurso de esos contenidos debe tener perspectiva de género, e, incluso, los espacios deberían estar enfocados a ser lugares que promovieran la igualdad. Los patios de los colegios siempre han estado organizados de la misma forma, la mayoría del espacio la ocupan los niños y sus balones y los huecos los ocupan las niñas hablando o jugando a otras cosas más “de niñas”, y es absurdo.

Volviendo al tema de las manadas. Pueden considerarse una reacción del machismo ante una crisis del patriarcado? O dicho más llanamente ¿El machista está amedrentado ante un nuevo despertar del feminismo y reacciona con violencia?

Sinceramente, no creo que La Manada se haya visto amenazada por un despertar del feminismo. Dudo mucho siquiera que sepan qué es el feminismo. En general, sin embargo, creo que sí, que hay cierto temor por parte del patriarcado a ver sus estructuras tambaleándose. Pero es algo inevitable.

Creo que están pasando dos cosas: el fin del silencio, que lleva a las mujeres a denunciar lo que en otro tiempo callaron, y la cobertura de los medios, más amplia y profunda de lo que hasta ahora.

¿La sentencia de la manada y su posterior puesta en libertad provisional pueden dar alas a los potenciales violadores?

En la medida que estos hechos son reproducidos fielmente, podríamos decir que sí. Sin embargo vuelvo a mi respuesta anterior, creo que crear una alarma porque haya habido un grupo que se ha hecho llamar La Nueva Manada es irresponsable. Esa alarma no existe, pero, a pesar de ello, creo que las bases y la jurisprudencia que ya ha sentado y seguirá sentando este caso, son de alguna manera una declaración de intenciones. Y la intención del feminismo es la de seguir avanzando hacia un mundo en el que ningún hombre mire a una mujer y vea un trozo de carne, ni se crea en posesión de su cuerpo y su deseo. En cualquier caso, y lo repito mucho porque estoy convencida de ello, lo veo cada día, es que este caso ha levantado más ampollas y ha generado más conciencia que todo lo negativo que pueda desprenderse de él, como esa Nueva Manada o ese grupo de fans que tenía El Prenda.

Al margen de soluciones a largo plazo, de tipo educativo y social ¿Qué es necesario reformar urgentemente en nuestro sistema judicial para evitar este tipo de sentencias?

Bueno, lo educativo y lo social es lo más urgente, aunque por el momento veamos esos cambios a largo plazo, sería conveniente introducir cuanto antes las modificaciones oportunas para que esa interpretración patriarcal de las leyes que se sigue haciendo, desaparezca, y para incluir la perspectiva de género en todo el ámbito judicial, no solo con los magistrados. En otro orden, y de forma bastante rápida, ya se está haciendo una revisión de la ley que compete a este caso. El mundo avanza, y es un sinsentido que la justicia no lo haga junto a él.

El movimiento sufragista de principios del siglo XX coincide en el tiempo con los balbuceos de las revoluciones socialistas. Las segundas parecen haber sucumbido, al menos oficialmente, en los albores del siglo XXI… sin embargo las revolución de las mujeres parece más fuerte que nunca ¿a qué crees que se debe?

A que era inevitable que la mitad de la población se diera cuenta un día, a la vez, de que la otra mitad la mantenía bajo un manto de sumisión y opresión, más o menos sutil, que le impedía crecer en todos los aspectos, desde lo emocional a lo profesional. ¿De verdad esperaba este mundo, este siglo, esta década, que las mujeres siguieran acatando todo aquello que les era impuesto, a veces de forma velada? En el momento en el que la comunicación con casi cualquier punto del planeta es factible 24 horas al día, permite el intercambio de historias y el conocimiento de lo que ocurre al lado y a miles de kilómetros; después, la llegada de las redes sociales impulsó aún con más fuerza este mundo interconectado y entonces, cada vez con más frecuencia, nos vimos reflejadas en otras historias, y esas historias no respondían a un perfil concreto, éramos, somos, mujeres jóvenes, mayores, abuelas, adolescentes, actrices, limpiadoras, profesoras, periodistas, cantantes, juristas, médicas… Nos miramos en todos esos espejos y dijimos basta.

¿Veremos una verdadera revolución feminista mundial?

Esta pregunta (así formulado o con sus variaciones) siempre me emociona, porque estoy absolutamente convencida de que ya la estamos viviendo.

Sincronía, una sola Humanidad

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