El dilema educativo: nuevas profesiones, nuevas necesidades educativas, nuevos valores y viejos esquemas pedagógicos

teaserbox_2471111743A estas alturas del debate educativo hay algo meridianamente claro: la formación que reciben las actuales generaciones de escolares es ineficaz para afrontar lo que será su futuro laboral. Según la firma internacional de auditoria y asesoramiento legal y fiscal, KPMG, los robots y la inteligencia artificial contribuirán decisivamente a mejorar la productividad en un 30% de las industrias y además supondrán una importante renovación en el campo de las salidas laborales, creando profesiones que son todavía inexistentes. Si a eso sumamos que según el Foro Económico Mundial, el 65% de los niños que estudian hoy Primaria trabajarán en empleos que no existen todavía, nos encontramos ante un panorama inusitado para el que nuestro actual y trasnochado sistema educativo es a todas luces ineficaz.

En la tercera década del siglo XXI es probable que profesiones como ciberabogado, tecnodiseñador o nanomédico sean absolutamente normales, mientras que oficios como cajero de supermercado, experto en contabilidad bancaria o asesor financiero hayan desaparecido, porque una máquina será mucho más capaz de calcular y aportar soluciones analíticas con más fiabilidad que un ser humano. Ante esta situación solo cabe plantearse una revolución educativa que pase por preparar a los alumnos para afrontar nuevos retos y aportar soluciones a propblemas todavía desconocidos y al tiempo aplicar en las aulas el llamado enfoque STEAM, a base de incrementar los conocimientos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Según todos los expertos mundiales, la salida está en crear nuevas profe4siones justo a partir del dominio del fenómeno que hará desaparecer las actuales: la robótica, usando no solo los conocimientos tecnológicos, sino también trabajando sobre todo la creatividad y el espíritu analítico. El aprendizaje debe ser necesariamente interactiva, con aplicación de las prácticas grupales y el fomento de valores como la cultura del esfuerzo, el trabajo en equipo, la mediación en conflictos, la cultura del trabajo bien hecho, la fortaleza personal incidiendo en resistencia y resiliencia, la formación en comunicación eficaz y la formación en compasión y desarrollo del espíritu humanitario.

No se trata solo de dar un vuelco al sistema educativo que se adapte a la revolución tecnológica del siglo XXI, sino de adaptar a los estudiantes a afrontar nuevas situaciones complejas, resolver problemas hasta ahora desconocidos y prepararlos para desvelar claves del conocimiento que nos resultan impensables a día de hoy. Para eso es imprescindible también dotarlos de una nueva escala de valores y un nuevo sistema pedagógico que fomente el pensamiento crítico, la capacidad de resolución de problemas complejos y el aprendizaje para trabajar en equipo. Desdichadamente, nos estamos acercando al final de un nuevo curso escolar y nada de todo esto se ha asomado a la agenda de nuestros representantes políticos que continúan enfrentados en una batalla de poder tan estéril como caduca. Por eso es indispensable reclamar con más energía que nunca la puesta en marcha de un profundo diálogo social y político para un Pacto de Estado en Educación.

Sincronía, una sola Humanidad, por un Pacto Social y de Estado en Educación

http://www.sincronia.org/camp/pacto-por-la-educacion/

 

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