Los partidos políticos entierran el moribundo pacto educativo, entre la indiferencia de la prensa y la ignorancia de la opinión pública

congreso-diputados-655x368El pasado 14 de mayo, mientras en Israel comenzaban los sangrientos disturbios por el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalem, El Barça perdía su imbatibilidad en la Liga y Quim Torra era elegido Presidente de la Generalitat de Cataluña, la subcomisión creada en el Congreso de los diputados para pactar una nueva ley de educación fenecía en silencio por la falta de diálogo entre los distintos partidos políticos, incapaces siquiera de ponerse de acuerdo en la posibilidad de prorrogar sus trabajos, tras meses de tiranteces, abandonos y encontronazos irreconciliables varios. Con la subcomisión desaparecía la oportunidad de que nuestro país diese un decisivo paso adelante para tratar de poner remedio a un mal que esta en la raíz de otros muchos: la catastrófica situación de nuestra enseñanza y el anquilosamiento de nuestro obsoleto sistema educativo.

Con todo y ser una noticia trágica para nuestro futuro, y sobre todo el de las nuevas generaciones de españoles, lo peor fue precisamente que, al contrario de los otros sucesos mencionados, prácticamente no fue noticia y el abrupto final del pacto que nunca existió, ni siquiera tuvo un reflejo decente en las páginas de los periódicos y mucho menos, mereció unos segundos en los informativos de la televisión. Tan solo algunas menciones esporádicas explicando que la subcomisión no se prorrogaba por falta de una mayoría parlamentaria capaz de sacarla adelante y algunas columnas de opinión de días posteriores, dieron cuenta del hecho que pasó casi desapercibido hasta para la propia comunidad educativa, la primera directamente afectada y que ya había sido mantenida prácticamente al margen del debate de la susodicha subcomisión, enfrascada fundamentalmente en sus intereses – y sobre todo sus diferencias – políticos.

De poco han servido las opiniones y puntos de vista que alrededor de 80 expertos, que durante 15 meses han expuesto sobre los aspectos fundamentales que debería abordar una nueva ley educativa que debería preparar a nuestros estudiantes para afrontar los retos de la revolución del conocimiento que marcará este inicio del siglo XXI. Mientras nuestros representantes políticos siguen más preocupados por la captación de votos y siguen mirando hacia el pasado, incapaces de desbloquear los intereses políticos y religiosos y económicos que lastran un sistema educativo anclado en sus orígenes decomonónicos, la realidad de una nueva sociedad marcada por el imperio de la tecnología digital, la robotización del mercado de trabajo y la imposición de un nuevo paradigma del conocimiento, sigue su curso imparable, amenazando con pillar con el paso cambiado – cuando no completamente a contrapie – a una sociedad entre cuyas principales preocupaciones, la educación no pasa desde hace décadas de un discreto noveno puesto.

Desde el pasado 14 de mayo, hemos vuelto a la casilla de salida en este triste juego de la oca en el que hemos convertido el futuro educativo de nuestros hijos. Nosotros seguiremos empeñados en exigir a nuestros representantes públicos el mayor esfuerzo y su mejor capacidad de diálogo para poner en marcha una indispensable reforma educativa capaz de sentar las bases de un nuevo modelo pedagógico estable y duradero, que prepare a nuestros estudiantes para afrontar los retos de un futuro cargado de incógnitas y revolucionarias novedades.

Sincronía, una sola Humanidad. Ahora, más que nunca, exigimos un Pacto de Estado en Educación.

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