VALORES PARA UN NUEVO MODELO EDUCATIVO (II)

children_PNG18054Como apuntábamos en la primera entrega de este capítulo, la formación en valores es uno de los caballos de batalla del debate para la creación de un nuevo sistema educativo que supere para siempre el lastre del actual método de enseñanza, anclado todavía en sus orígenes decimonónicos, y sirva para afrontar los retos de la educación en el siglo XXI, marcado por la revolución del conocimiento y la radical renovación tecnológica. El preocupante incremento de problemas como el acoso escolar, la perdida de autoridad del profesorado, el aumento de actitudes machistas, homófobas o xenófabas en nuestros centros escolares, indican una grave quiebra en el sistema de transmisión de valores que es indispensable detener y revertir si pretendemos preparar unos futuros ciudadanos cívicos, respetuosos y responsables.

No se trata solo de eliminar comportamiento tóxicos y transmitir nuevos valores, sino que es preciso recuperar normas de conducta y pautas de educación cívica y social elementales, que hemos ido perdiendo a lo largo de los años, fruto no sólo del deterioro de nuestro sistema educativo y nuestros métodos pedagógicos, sino también de una evolución social que ha ido primando la competitividad salvaje por encima de la empatía social, y la mera acumulación de conocimientos por encima del desarrollo personal de los individuos. A los valores para un nuevo modelo educativo propuestos en la primera parte de este capítulo: cultura del esfuerzo, trabajo en equipo, mediación en conflictos, cultura del trabajo bien hecho y aplazamiento de la recompensa, añadimos hoy cinco nuevos conceptos que profundizan en el desarrollo personal de los alumnos de hoy y, por manido que parezca, ciudadanos del mañana.

Fortaleza personal: resistencia y resiliencia

El desarrollo de la fortaleza personal como valor formativo en sí misma está intimamente ligado a otros conceptos que planteamos en esta segunda parte del decálogo de valores, como la resiliencia y el vigilante interno y la autodisciplina. Supone el fortalecimiento permanente de la capacidad de superación y la adaptación a los cambios, en un escenario inminente de cambios continuos y retos permanentes. Implica para los alumnos la potenciación de los recursos emocionales necesarios para desarrollar su capacidad de resistencia, potenciando su autonomía personal frente a la tendencia sobreprotectora de las últimas décadas. En definitiva, se trata de incluir en la escala de valores educativos la fuerza de la voluntad indomable, de la que hablaba Gandhi, perfectamente ejemplificada en la frase de Christopher Reeve, el actor parapléjico famoso por encarnar en el cine a Supermán: «Un héroe es un individuo ordinario que encuentra la fuerza para perseverar y soportar, a pesar de obstáculos abrumadores.»

Cultura del sacrificio

Es muy importante no confundir este concepto con el dela «cultura del esfuerzo» planteado en la primera parte de este decáologo. El aprendizaje de la autoexigencia y la capacidad de renuncia, en aras de un objetivo de superación personal y académica han sido minusvalorados – cuando no despreciados – como cualidad pedagógica en los úlimos años. El aprendizaje de la autodisciplina debe ser reincorporado como instrumento necesario para alcanzar nuevas cotas de conocimiento, sin caer, obviamente, en prácticas extremas que elminen la inprescindible ilusión del alumno por el aprendizaje y el ansia de conocimiento. Este concepto se ilustra perfectamente con una frase de Mitch Albom, autor del libro Martes con mi viejo profesor: «El sacrificio es parte de la vida, es algo que debe asumirse, no es algo que se deba lamentar. Es algo a lo que debemos aspirar con pequeños sacrificios y grandes sacrificios.»

Formación en compasión y desarrollo del espíritu humanitario

En una sociedad con un paulatino incremento de la competitividad domo herramienta de desarrollo personal y, sobre todo, de éxito sicial – fomentada en buena medidad por los medios de comunicación y la industria delk ocio – el desarrollo de sentimientos como la clemencia, el altruismo o la indulgencia, que están en el origen de la empatía, se han convertido en naa herramienta indispensable en la interacción los alumnos con su entorno personal. El objetivo debe ser el establecimiento de una relación de equilibrio entre los sentidos de la equidad y la justicia, junto con la potenciación del espíritu solidario y la disposición al amparo y la protección de los demás, como defensa ante el abuso de cualquier tip, algo que resumía perfectamente Clarence Darrow, abogado proderechos civiles: «Solo puedes proteger las libertades de este mundo al proteger la libertad de otros hombres. Solo puedes ser libre si yo soy libre.»

Formación en comunicación eficaz

En la era de la revolución del conocimiento y la comunicación, es indispenable elevar al nivel de valor educativo elemental el fomento de las habilidades comunicativas e interactivas, el aprendizaje del arte de escuchar y el desarrollo de la capacidad de convicción. Nuestas escuelas deben ser un centro potenciador del desarrollo de la comunicación, del discurso personal y su exposición ante los demás a través del perfeccionamiento de la capacidad de oratoria. Cada día cobran más fuerza dos principios fundamentales: «Lo que no se comunica no existe» y «Si tu no comunicas, otros lo harán por ti». La comunicación como baremo de la calidad de vida convierte en imprescindible que en las aulas se potencie el desarrollo de las cualidades comunicativas innatas y aprendizaje de herramientas de difusión y divulgación del conocimiento y la información. Para explicar de forma pedestre este principio de eficacia en los esfuerzos comunicativos podemos recurri a la simplificación irónica a cargo de Groucho Marx: «Nunca tendrás una segunda oportunidad para caer bien.»

El Vigilante Interno

La llamada «generación blandita», adolece no sólo de una capacidad de resiliencia importante, sino también de una elevada dosis de autodisciplina que mina su autoestima y exagera su egocentrismo. Frente a eso es necesario potenciar el llamado vigilante interno, el concepto de policía interior – por muy poco que pueda gustar el término – como elemento regulador del propio desarrollo personal, mediante el establecimiento de mecanismos de autocontrol que fortalezcan la capacidad de superación personal y mejoren la relación con el entorno, o dicho en palabras de Mortimer J. Adler, educador y filósofo norteamericano: «La verdadera libertad es imposible sin una mente liberada por la disciplina.»

Ver la Primera Parte. Valores para un pacto educativo (I)

Sincronía, una sola Humanidad

 

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