Fernando Botella: la clave es abrazar la revolución digital, normalizarla y aceptarla como una parte muy presente en nuestras vidas

FernandoBotella_T&A - copiaFernando Botella es licenciado en Ciencias Biológicas y especialista en neurobiología y neuromanagement. Con más de veinte años de experiencia directiva, se dedica a la formación, el desarrollo profesional, la innovación y los procesos de transformación de organizaciones. “Bienvenidos a la Revolución 4.0. Todo lo que necesitas saber para triunfar en la era digital”, publicado en 2018 por Alienta Editorial, es su cuarto libro después de “La fuerza de la ilusión”, escrito junto al mago Jorge Blass, “Atrévete” y “El factor H”.

¿Qué prendes transmitir en esencia con “Bienvenidos a la revolución 4.0”?

Que, lo queramos o no, la revolución digital es una realidad que nos sobrepasa y lo invade todo. Podemos resistirnos, con el riesgo de que el huracán nos quiebre y nos lleve por delante, podemos hacer como el junco, ser flexibles para subirnos a esa ola que, además, trae innumerables ventajas para quien sepa surfearla.

¿Por qué decides lanzarte a este proyecto?

Por varios motivos. Primero por una cuestión de coherencia y de desarrollo personal, por mi propia necesidad de actualizarme como profesional. Este libro es la culminación a dos apasionantes años de estudio que me han permitido crecer a todos los niveles. En segundo lugar, el libro plasma mi propia experiencia como consultor de empresas, que a lo largo de los últimos dos años me ha llevado a acompañar y ayudar a numerosas compañías a completar sus procesos de transformación digital. Pero, sobre todo, el motor de este libro ha sido mi necesidad de transmitir al mundo mi propia visión de una cuestión que nos afecta a todos en nuestras vidas. De alguna manera, sentía que era mi obligación y responsabilidad compartir mis ideas acerca de cómo hacer posible la transhumanidad, esa mezcla entre hombre y máquina, y el mensaje de que al final de toda esta robotización, están las personas.

El subtitulo “Todo lo que necesitas saber para triunfar en la era digital” sugiere un manual de supervivencia para el siglo XXI. ¿Lo es?

En realidad no lo es. El libro no intenta dar respuestas cerradas a ninguna cuestión, entre otras cosas porque eso iría en contra de la misma esencia del mensaje que quiere transmitir. Lo que sí pretende es aportar una serie de reflexiones con el objetivo último de generar debate. Un debate oportuno y necesario alrededor de una cuestión que nos afecta a todos. Sin dramatismos y de un modo muy práctico y realista.

En el libro pareces plantear dos tipos de reacciones extremas ante la revolución tecnológica: la de la resistencia a ultranza y la de la adaptación entusiasta, eso no es nuevo, pero ¿esta vez quién no se digitalice sucumbirá y será excluido del sistema?

Efectivamente, esa dualidad se ha dado muchas veces a lo largo de la historia. La resistencia es legítima y hasta interesante, porque nada hay menos estimulante que el pensamiento único. La disidencia aporta otro punto de vista y proporciona la oportunidad a los demás de cuestionarse y replantearse sus propias ideas. Por otra parte, no subirse a la ola digital es una opción arriesgada pero perfectamente legítima. Todavía hay muchos artesanos que siguen realizando su trabajo del mismo modo en el que lo hacían sus antecesores siglos atrás, y realmente no sienten la necesidad de digitalizarse porque no lo necesitan. ¿Qué podrían y deberían hacerlo? Sí. Pero en realidad, su subsistencia no depende directamente de ello. Eso sí, será una subsistencia más dificultosa.

La revolución digital es una realidad que nos sobrepasa y lo invade todo.

Bienvenidos a la revolución 4.0Hablas sobre un ‘nuevo mono’ que llega para sustituir al ‘homo sapiens’ ¿Cómo o quién es ese nuevo mono?

El nuevo “mono se caracteriza” por su adaptabilidad. Es un ser “líquido”, que no da nada por sentado, sino que está cuestionándose las cosas e iterando continuamente. Una persona curiosas que explora, se equivoca y aprende rápidamente de sus errores. Este nuevo mono sabe mirar la realidad de un modo desacostumbrado y utiliza la creatividad para anticiparse al futuro. Está preparado para abrazar lo digital, pero no se deja llevar por ello, no piensa en la tecnología como un fin en sí mismo, sino como un medio.

Entre los cambios sociales que se avecinan en el mundo laboral y del conocimiento, ¿cuáles son las principales amenazas y cuáles las grandes ventajas para el hombre ante la máquina?

Una de las principales desventajas tiene mucho que ver con la actual explosión del dato. La cantidad de datos que manejamos y que permiten explicar la realidad se ha multiplicado exponencialmente, y el hombre no puede competir con las máquinas a la hora de gestionar, organizar y analizar toda esa información. En ese aspecto, la máquina supera en mucho a la capacidad humana. Pero el ser humano sigue teniendo mucho que decir en otros aspectos igual de importantes si no más. Me refiero a la creatividad, la innovación, la cooperación o la capacidad para tratar de anticiparse al futuro desde el presente.

¿La sociedad española está preparada para este vertiginoso cambio tecnológico que se avecina, o seguimos dando la espalda al futuro inminente?

Hay una parte de la sociedad que sí está muy bien preparada. Pero no se puede olvidar que el 90% de las empresas en España son pymes, y muchas de ellas están aún lejos de asumir la nueva realidad digital. Aunque tampoco hay que rasgarse las vestiduras, es una evolución hasta cierto punto normal. En cualquier caso, estamos muy en la línea de muchos países de nuestro entorno.

Entrar en un aula del Siglo XXI es como hacer un viaje en el tiempo, ya que apenas han cambiado respecto a las que conocieron nuestros padres, y ese es un indicador preocupante.

¿Será capaz de asumir ese reto nuestro sistema educativo?

Nuestro sistema educativo es uno de los que más necesita ponerse al día a toda velocidad. Si comparas un quirófano actual con los que existían hace 50 años, parece que estamos hablando de conceptos distintos. En cambio, entrar en un aula de un colegio del Siglo XXI es como hacer un viaje en el tiempo, ya que apenas han cambiado nada respecto a las que conocieron nuestros padres. Y ese es un indicador preocupante, una señal inequívoca de que la adaptación a los nuevos entornos en ese sector no está siendo todo lo buena que sería deseable.

¿Qué cambios habría que hacer con urgencia en el mundo de la educación?

Los cambios tiene más que ver con las relaciones humanas que con otros aspectos de dimensión tecnológica, más con la manera en la que los profesores interaccionan con los alumnos que con meter Internet y muchos dispositivos digitales en las clases. Hay que estimular modelos basados el pensamiento creativo, en la colaboración, en el trabajo por proyectos, en el learning by doing (aprender haciendo)….

El ‘nuevo mono’ Es un ser “líquido”, que no da nada por sentado, sino que está cuestionándose las cosas e iterando continuamente.

¿Se puede llevar a cabo la revolución tecnológica sin que haya víctimas o es inevitable pagar un coste humano en parados, precariedad económica y exclusión social?

Cualquier proceso de transformación profunda como es este lleva un coste aparejado y produce daños colaterales, es inevitable. Pero siempre van a ser unos daños muchísimo menores que los que provocaría no acometer ese cambio. Lo que hay que hacer es trabajar en paralelo en medidas que minimicen esos efectos negativos y que ayuden a subsanarlos.

¿”Bienvenidos a la revolución 4.0″ es una obra de divulgación al alcance de cualquier tipo de público? ¿Como está planteado y estructurado?

Sí, es un libro para todos los públicos porque la revolución digital es algo que afecta a todas las personas. Está escrito en un lenguaje sencillo y ameno, con multitud de ejemplos y referentes de la vida real. Es un libro que no busca dar lecciones ni marcar un camino único, sino ayudar a generar una reflexión y un debate.

¿Podrías adelantarnos cuáles es la clave fundamental para sobrevivir en la Revolución Digital?

La principal clave está ya condensada en el título, en la palabra “bienvenidos”. Este libro es una invitación a abrazar la revolución digital, a normalizarla y aceptarla como una parte muy presente en nuestras vidas, con sus cosas buenas y sus inconvenientes. Sin dramatismos y con naturalidad.

Es una entrevista de Sincronía, una sola Humanidad dentro de su Campaña por un Pacto Social y de Estado en Educación

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Philip Roth, el adiós del viejo cascarrabias

Philip Roth“La verdad no se revela de golpe. Aunque el mundo está lleno de gente que va por ahí creyendo saberlo todo de ti o de tu vecino, en realidad lo que no se sabe carece de fondo. La verdad acerca de nosotros es interminable. Como lo son las mentiras”.

Nacido en Newark, Nueva Jersey, el 19 de marzo de 1933, en el seno de una familia de inmigrantes judíos procedentes de Ucrania, Philip Roth fue un icono de la literatura estadounidense y uno de los narradores más relevantes del siglo XX. Sus obras, cargadas de una abierta y corrosiva sátira de la sociedad norteamericana, fueron siempre éxitos acompañados de enormes escándalos. Era un escritor inconformista e incómodo para el sistema cuya eterna candidatura el nobel que nunca obtuvo se vio recompensada con el Premio Pulitzer de ficción en 1998, Medalla de Oro 2001 de Narrativa de la Academia Norteamericana de las Artes y de las Letras, la Medalla Nacional de las Artes, y el premio Príncipe de Asturias en 2012, entre otros muchos.

Nuestro Homenaje en el día de su fallecimiento. Sincronía, una sola Humanidad

 

Los partidos políticos entierran el moribundo pacto educativo, entre la indiferencia de la prensa y la ignorancia de la opinión pública

congreso-diputados-655x368El pasado 14 de mayo, mientras en Israel comenzaban los sangrientos disturbios por el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalem, El Barça perdía su imbatibilidad en la Liga y Quim Torra era elegido Presidente de la Generalitat de Cataluña, la subcomisión creada en el Congreso de los diputados para pactar una nueva ley de educación fenecía en silencio por la falta de diálogo entre los distintos partidos políticos, incapaces siquiera de ponerse de acuerdo en la posibilidad de prorrogar sus trabajos, tras meses de tiranteces, abandonos y encontronazos irreconciliables varios. Con la subcomisión desaparecía la oportunidad de que nuestro país diese un decisivo paso adelante para tratar de poner remedio a un mal que esta en la raíz de otros muchos: la catastrófica situación de nuestra enseñanza y el anquilosamiento de nuestro obsoleto sistema educativo.

Con todo y ser una noticia trágica para nuestro futuro, y sobre todo el de las nuevas generaciones de españoles, lo peor fue precisamente que, al contrario de los otros sucesos mencionados, prácticamente no fue noticia y el abrupto final del pacto que nunca existió, ni siquiera tuvo un reflejo decente en las páginas de los periódicos y mucho menos, mereció unos segundos en los informativos de la televisión. Tan solo algunas menciones esporádicas explicando que la subcomisión no se prorrogaba por falta de una mayoría parlamentaria capaz de sacarla adelante y algunas columnas de opinión de días posteriores, dieron cuenta del hecho que pasó casi desapercibido hasta para la propia comunidad educativa, la primera directamente afectada y que ya había sido mantenida prácticamente al margen del debate de la susodicha subcomisión, enfrascada fundamentalmente en sus intereses – y sobre todo sus diferencias – políticos.

De poco han servido las opiniones y puntos de vista que alrededor de 80 expertos, que durante 15 meses han expuesto sobre los aspectos fundamentales que debería abordar una nueva ley educativa que debería preparar a nuestros estudiantes para afrontar los retos de la revolución del conocimiento que marcará este inicio del siglo XXI. Mientras nuestros representantes políticos siguen más preocupados por la captación de votos y siguen mirando hacia el pasado, incapaces de desbloquear los intereses políticos y religiosos y económicos que lastran un sistema educativo anclado en sus orígenes decomonónicos, la realidad de una nueva sociedad marcada por el imperio de la tecnología digital, la robotización del mercado de trabajo y la imposición de un nuevo paradigma del conocimiento, sigue su curso imparable, amenazando con pillar con el paso cambiado – cuando no completamente a contrapie – a una sociedad entre cuyas principales preocupaciones, la educación no pasa desde hace décadas de un discreto noveno puesto.

Desde el pasado 14 de mayo, hemos vuelto a la casilla de salida en este triste juego de la oca en el que hemos convertido el futuro educativo de nuestros hijos. Nosotros seguiremos empeñados en exigir a nuestros representantes públicos el mayor esfuerzo y su mejor capacidad de diálogo para poner en marcha una indispensable reforma educativa capaz de sentar las bases de un nuevo modelo pedagógico estable y duradero, que prepare a nuestros estudiantes para afrontar los retos de un futuro cargado de incógnitas y revolucionarias novedades.

Sincronía, una sola Humanidad. Ahora, más que nunca, exigimos un Pacto de Estado en Educación.

Ilustres olvidadas: Katherine Anne Porter, la escritora que profundizó en el lado oscuro del alma humana

katherine-anne-porterKatherine Anne Porter nació el 15 de mayo de 1890. Fue periodista, escritora, ensayista y activista feminista estadounidense. Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras. recibió el Premio Pulitzer en 1966. Fue nominada tres veces para el Premio Nobel de Literatura y su obra se caracteriza su penetrante perspicacia y el tratamiento de temas oscuros y difíciles como la traición, la muerte y el origen de la maldad humana. Se da la curiosa circunstancia que entre sus antepasados figuran el pionero Daniel Boone y el escritor O. Henry.

A los dieciséis años se fue de casa y se casó con John Henry Koontz, de quién se divorció oficialmente nueve años después, tras sufrir numerosos episodios de maltrato y cuando hacía un año que se había fugado a Chicago, donde recuperó su nombre de soltera y sobrevivió trabajando como extra en el cine. A los 27 años regresó a su Texas natal y comenzó a trabajar como periodista, escribiendo crónicas de sociedad. En 1918 estuvo a punto de fallecer en la epidemia conocida como Gripe Española y un año después se trasladó a Nueva York y se convirtió en escritora.

Tras una agitada vida en la que recorrió casi todo el mundo y vivió de cerca todos los movimientos de vanguardia cultural y política de la primera mitad del siglo XX, en 1962 publicó El barco de los locos, su obra más famosa que, tras su adaptación al cine, le dio por fin una absoluta notoriedad mundial.

Este es nuestro homenaje en el 128 aniversario de su nacimiento.

Sincronía, una sola Humanidad

El futuro de las profesiones: Cómo la tecnología transformará el trabajo de los expertos humanos

El futuro profesionesNuestras actuales profesiones están anticuadas, son opacas y poco asequibles; además  el conocimiento más avanzado sólo puede ser disfrutado por unos pocos.Eso es lo que afirman Richard Susskind y Daniel Susskind, los autores de este libro, en el que proponen seis nuevos modelos de producción y distribución del conocimiento. Los Susskind predicen el declive de las profesiones actuales y explican como serán, o como deberán ser, las personas y los sistemas que las sustituirán.  El libro se divide en siete capítulos agrupados en tres partes: Cambio, Teoría del cambio, e Implicaciones. Plantea además importantes cuestiones morales y prácticas y evalúa la relevancia de las profesiones en el siglo XXI investigando a fondo diez de ellas.

En el primer capítulo se hace una introducción de los orígenes históricos de lo que se conoce como “profesiones colegiadas” y del acuerdo social por el que a los profesionales a los que otorga un estatuto de pseudo-monopolio que hace que todos aceptemos y defendamos que nadie más que un profesional titulado pueda llevar a cabo una operación quirúrgica o ejercer de abogado ante un tribunal. El segundo capítulo se dedica a los cambios que a principios del siglo XXI la tecnología está generando en sectores como la salud, la educación, el periodismo, el derecho, la arquitectura, la consultoría estratégica, e, incluso, en los distintos credos religiosos. Por poner el ejemplo de la salud: los avances en telemedicina, las aplicaciones móviles para médicos y pacientes o los avances en robótica quirúrgica.

En el tercer capítulo se abordan aspectos más relevantes que anuncian el final de nuestra era: la transformación tecnológica, la aparición de nuevas competencias y capacidades, la transformación del concepto de trabajo profesional, los nuevos modelos de producción, o la desmitificación de las profesiones. A partir de ahí el libro se adentra en las predicciones de cómo el “conocimiento” que atesoran los profesionales entendido como “experiencia práctica profesional” cambiará a distintos modelos que irán desde el tradicional modelo presencial a comunidades de expertos o a modelos donde las máquinas serán los principales prestadores del servicio profesional.

En la parte final los autores argumentan que el papel del profesional debe ser facilitar conocimiento y experiencia a quien no lo tiene y que ese cambio que anticipan permitirá que más personas puedan tener acceso a esos servicios. A partir de ahí nos invita a imaginar un mundo en el que no habrá que ir a la consulta del médico, ni al aula del colegio, ni al despacho de los asesores financieros o legales,  planteándonos el reto que supone afrontar con nuevos trabajos el desempleo por la automatización de los actuales y las nuevas oportunidades de una sociedad informatizada.

El futuro de las profesiones fue editado en 2016 por Teel Editorial y es un consejo de Sincronía, una sola Humanidad

VALORES PARA UN NUEVO MODELO EDUCATIVO (II)

children_PNG18054Como apuntábamos en la primera entrega de este capítulo, la formación en valores es uno de los caballos de batalla del debate para la creación de un nuevo sistema educativo que supere para siempre el lastre del actual método de enseñanza, anclado todavía en sus orígenes decimonónicos, y sirva para afrontar los retos de la educación en el siglo XXI, marcado por la revolución del conocimiento y la radical renovación tecnológica. El preocupante incremento de problemas como el acoso escolar, la perdida de autoridad del profesorado, el aumento de actitudes machistas, homófobas o xenófabas en nuestros centros escolares, indican una grave quiebra en el sistema de transmisión de valores que es indispensable detener y revertir si pretendemos preparar unos futuros ciudadanos cívicos, respetuosos y responsables.

No se trata solo de eliminar comportamiento tóxicos y transmitir nuevos valores, sino que es preciso recuperar normas de conducta y pautas de educación cívica y social elementales, que hemos ido perdiendo a lo largo de los años, fruto no sólo del deterioro de nuestro sistema educativo y nuestros métodos pedagógicos, sino también de una evolución social que ha ido primando la competitividad salvaje por encima de la empatía social, y la mera acumulación de conocimientos por encima del desarrollo personal de los individuos. A los valores para un nuevo modelo educativo propuestos en la primera parte de este capítulo: cultura del esfuerzo, trabajo en equipo, mediación en conflictos, cultura del trabajo bien hecho y aplazamiento de la recompensa, añadimos hoy cinco nuevos conceptos que profundizan en el desarrollo personal de los alumnos de hoy y, por manido que parezca, ciudadanos del mañana.

Fortaleza personal: resistencia y resiliencia

El desarrollo de la fortaleza personal como valor formativo en sí misma está intimamente ligado a otros conceptos que planteamos en esta segunda parte del decálogo de valores, como la resiliencia y el vigilante interno y la autodisciplina. Supone el fortalecimiento permanente de la capacidad de superación y la adaptación a los cambios, en un escenario inminente de cambios continuos y retos permanentes. Implica para los alumnos la potenciación de los recursos emocionales necesarios para desarrollar su capacidad de resistencia, potenciando su autonomía personal frente a la tendencia sobreprotectora de las últimas décadas. En definitiva, se trata de incluir en la escala de valores educativos la fuerza de la voluntad indomable, de la que hablaba Gandhi, perfectamente ejemplificada en la frase de Christopher Reeve, el actor parapléjico famoso por encarnar en el cine a Supermán: «Un héroe es un individuo ordinario que encuentra la fuerza para perseverar y soportar, a pesar de obstáculos abrumadores.»

Cultura del sacrificio

Es muy importante no confundir este concepto con el dela «cultura del esfuerzo» planteado en la primera parte de este decáologo. El aprendizaje de la autoexigencia y la capacidad de renuncia, en aras de un objetivo de superación personal y académica han sido minusvalorados – cuando no despreciados – como cualidad pedagógica en los úlimos años. El aprendizaje de la autodisciplina debe ser reincorporado como instrumento necesario para alcanzar nuevas cotas de conocimiento, sin caer, obviamente, en prácticas extremas que elminen la inprescindible ilusión del alumno por el aprendizaje y el ansia de conocimiento. Este concepto se ilustra perfectamente con una frase de Mitch Albom, autor del libro Martes con mi viejo profesor: «El sacrificio es parte de la vida, es algo que debe asumirse, no es algo que se deba lamentar. Es algo a lo que debemos aspirar con pequeños sacrificios y grandes sacrificios.»

Formación en compasión y desarrollo del espíritu humanitario

En una sociedad con un paulatino incremento de la competitividad domo herramienta de desarrollo personal y, sobre todo, de éxito sicial – fomentada en buena medidad por los medios de comunicación y la industria delk ocio – el desarrollo de sentimientos como la clemencia, el altruismo o la indulgencia, que están en el origen de la empatía, se han convertido en naa herramienta indispensable en la interacción los alumnos con su entorno personal. El objetivo debe ser el establecimiento de una relación de equilibrio entre los sentidos de la equidad y la justicia, junto con la potenciación del espíritu solidario y la disposición al amparo y la protección de los demás, como defensa ante el abuso de cualquier tip, algo que resumía perfectamente Clarence Darrow, abogado proderechos civiles: «Solo puedes proteger las libertades de este mundo al proteger la libertad de otros hombres. Solo puedes ser libre si yo soy libre.»

Formación en comunicación eficaz

En la era de la revolución del conocimiento y la comunicación, es indispenable elevar al nivel de valor educativo elemental el fomento de las habilidades comunicativas e interactivas, el aprendizaje del arte de escuchar y el desarrollo de la capacidad de convicción. Nuestas escuelas deben ser un centro potenciador del desarrollo de la comunicación, del discurso personal y su exposición ante los demás a través del perfeccionamiento de la capacidad de oratoria. Cada día cobran más fuerza dos principios fundamentales: «Lo que no se comunica no existe» y «Si tu no comunicas, otros lo harán por ti». La comunicación como baremo de la calidad de vida convierte en imprescindible que en las aulas se potencie el desarrollo de las cualidades comunicativas innatas y aprendizaje de herramientas de difusión y divulgación del conocimiento y la información. Para explicar de forma pedestre este principio de eficacia en los esfuerzos comunicativos podemos recurri a la simplificación irónica a cargo de Groucho Marx: «Nunca tendrás una segunda oportunidad para caer bien.»

El Vigilante Interno

La llamada «generación blandita», adolece no sólo de una capacidad de resiliencia importante, sino también de una elevada dosis de autodisciplina que mina su autoestima y exagera su egocentrismo. Frente a eso es necesario potenciar el llamado vigilante interno, el concepto de policía interior – por muy poco que pueda gustar el término – como elemento regulador del propio desarrollo personal, mediante el establecimiento de mecanismos de autocontrol que fortalezcan la capacidad de superación personal y mejoren la relación con el entorno, o dicho en palabras de Mortimer J. Adler, educador y filósofo norteamericano: «La verdadera libertad es imposible sin una mente liberada por la disciplina.»

Ver la Primera Parte. Valores para un pacto educativo (I)

Sincronía, una sola Humanidad

 

Carlos Roncero: “No se trata de mejorar el sistema educativo, se trata de crear uno nuevo”

DSC01125Carlos Roncero es profesor y escritor. Se define como un todo terreno de la enseñanza. Da clases de Geografía, Historia e Historia del Arte desde hace 21 años. Como profesor su interés es «que los alumnos sean buenas personas y que duden de todo, en especial de mí.» Como escritor ha publicado tres novelas: “Clara dice”, “Los trenes perdidos” y “Mis ojos llenos de ti” y afirma que «la docencia es mucho más agotadora que la escritura.»

¿De pequeño que querías ser: escritor, profesor u otra cosa?
De pequeño quería ser pequeño. Quiero decir que no recuerdo tener una respuesta cuando me hacían esa pregunta. Quizás fuera a los diez años cuando empecé a sentir algo parecido a querer ser algo y, sin estar muy seguro en ese momento, sabía que debía de estar relacionado con el cine. Mi madre nos llevaba siempre a mis hermanos y a mí al cine los domingos por la tarde. La primera película de la que tengo un recuerdo nítido es “Jovencito Frankenstein”. Tenía cinco años y no pude entenderla. Lo que hice fue llorar y llorar de miedo, y mucho más cuando se fue la luz en el cine. Chillé tanto que mi madre tuvo que sacarme de ahí. Quién hubiera dicho que de un encuentro así, tan poco afortunado, iba a nacer el amor profundo e intenso que siento por el cine. Soy un cinéfilo empedernido. Fue cuando vi por primera vez “En busca del arca perdida” cuando supe que yo quería hacer lo que hacía Spielberg. Y lo sigo deseando.

¿Por qué elegiste hacerte profesor?
Porque no pude ser director de cine. Mis padres, en su afán protector, nunca me apoyaron. No se los reprocho. La mayoría de los padres hubieran hecho lo mismo y más en aquella época. Conocían bien la realidad y sabían que, lo más probable, es que eso no me llevaría a ningún sitio. Desde ese punto de vista, no se los reprocho, pero, aún así, me hubiera gustado que me animaran a intentarlo. Por eso, cuando, como tutor, hablo con padres sobre el futuro de sus hijos, les animo a que les apoyen en lo que sus hijos quieran ser o hacer, incluido el mundo de la escena. Así que no me quedó otro remedio que estudiar algo en la universidad. El problema era que no había nada que me atrajera salvo la filología inglesa (por lo de las películas en versión original) y la historia. En filología había que dar latín y siempre se me dio muy mal, de modo que entré en historia, que sí me había gustado desde pequeño porque, en el fondo, la historia es como una gran película y si, además, tienes la suerte de que te la cuente un buen profesor, como fue mi caso, tanto en la EGB como en el bachillerato, pues más todavía.

Al final tus padres satisfechos y tu, de alguna forma, también, ¿no?
Lo curioso es que a mis padres no les preocupó que me metiera en la carrera que, probablemente, tenga menos salidas de todas. Seguramente, menos que el cine. Pero yo iba a la universidad y para ellos eso era serio, el cine no Y que conste que no lo comento desde el reproche, ni mucho menos. Allí comprendí que esa película tan larga que se llama Historia quería contársela a los demás, tal y como habían hecho conmigo los excelentes profesores que tuve. Y funcionó. Soy un tipo extrovertido y me gusta bastante bromear. Mezclé eso con la Historia y de la coctelera salí yo dispuesto a dar clases. Y ya son veintiún años de docencia. Veintiún años pasándolo en grande.

¿Y qué te llevó a la literatura?
El hecho de no poder ser director de cine. Siento ser repetitivo, pero, para bien o para mal, toda mi vida se ha desarrollado en función de lo que nunca he podido hacer. Me dije que si no podía dirigir películas por lo menos podría escribir guiones de cine. Era otra forma de entrar en ese mundo. Así que, sin tener ni idea y con veinte años, me puse a escribir guiones. Los primeros fueron espantosos, aunque a mí en aquel momento me parecieran obras maestras de la comedia. Me gustaba escribir comedias. Recuerdo una vez que me contactaron los de una agencia de guionistas para decirme que querían contar conmigo. Yo tenía 26 años y pensé que se me abría el cielo. Lo primero que hicieron, siempre a distancia con correo ordinario porque en esa época no existía internet, fue formarme como guionista. Me dijeron que leyera los libros de Linda Seger y Syd Feld sobre escribir guiones y así aprendí la base, no solo para escribir cine sino, sobre todo, para escribir literatura. Mis libros son muy entretenidos porque tienen un buen sentido del ritmo y eso se lo debo a esos libros, y a ver mucho cine. Luego resultó que la agencia quebró o se dedicó a otras cosas, no sé, el caso es que me escribieron diciéndome que no podían atenderme y me desearon buena suerte.

¿Y cómo diste el paso definitivo a escribir novelas?
Probé enviando guiones al mundillo del cine, pero eran historias muy malas y me los rechazaron siempre. Digo rechazaron porque, en realidad, nunca me contestaron y, ya se sabe, el silencio otorga. Ocurrió entonces que escribí un guión bueno, aunque eso solo lo sabía yo. Pero era bueno de verdad. Una comedia, por supuesto. Y, entonces, me hice la gran pregunta. Todas las grandes preguntas empiezan por ¿Y si…? De hecho, los guionistas trabajan así. ¿Y si hacemos que el protagonista llame a su amiga…? Y luego buscan las posibles respuestas. La pregunta que yo me hice fue ¿Y si convierto este guión en una novela? Y de ahí nació “Los trenes perdidos”, que años más tarde sería publicado por la editorial E-Litterae. Una comedia coral desarrollada en un balneario en los años de la Segunda República. Así empecé en la literatura.

“El principal problema de la educación es la total desconexión de las autoridades que deciden sobre enseñanza en este país con la realidad educativa.”

Mis ojos llenos de ti¿En tus novelas de qué hablas? ¿Partes de experiencias personales o son pura ficción?
Cuento conflictos. Sin conflicto no hay historia. El resto es adorno y hay que saber adornar, que no es fácil. Yo sigo aprendiendo. Hablo de lo que se ha hablado siempre, en eso me temo que no sea muy original. Hablo de las necesidades humanas y de sus contradicciones. No parto de experiencias personales pero sí tengo claro que, de un modo u otro, estoy en todas mis novelas. En unas más que otras. Lo más cerca que he estado de partir de una experiencia personal ha sido con “Mis ojos llenos de ti”, pues la inspiración me vino de un sueño. Soñé con una niña tocando un violonchelo en un cementerio frente a una lápida mientras un niño la escucha espiándola. A partir de esa imagen construí la novela. Me hice una pregunta con ¿Y si…? Me pregunté ¿y si ese niño vive en el cementerio? Supe de inmediato que había hecho la pregunta correcta.

¿En alguna obra te has colado como personaje?
En mi último manuscrito, aun no publicado, soy uno de los personajes secundarios. El profesor-tutor de la protagonista. Me pongo otro nombre pero soy yo y he de confesar que disfruté mucho con la evolución que experimento en la novela. En otros casos he partido de hechos reales, como en “Clara dice”. Leí el caso de una madre que no aceptaba el suicidio de su hija adolescente y empezó a investigar en la red hasta descubrir a un depredador que captaba adolescentes y les convencía de que se suicidaran. Terrible. También me han inspirado lugares, como en “Los trenes perdidos”, que se me ocurrió paseando en el Balneario de Alhama de Aragón. Es un lugar precioso anclado en el siglo XIX. A medida que caminaba los personajes de la novela se me iban apareciendo y yo los iba bautizando. He partido también de hechos históricos como inspiración. Por ejemplo, escuchando a un compañero profesor que hablaba de cómo los falangistas ejecutaban a sus víctimas en Gran Canaria arrojándolos a una sima, se me ocurrió “La extraordinaria historia de Juan Barreto”. Mientras le escuchaba me hice una pregunta con ¿Y si…? Me pregunté, ¿y si una de esas víctimas sobrevive a la caída? El resto vino solo.

Clara diceYa sabemos que es difícil elegir, pero ¿cuál de tus obras editadas hasta el momento es tu favorita y porqué?
Pues sí, es difícil elegir. “Clara dice” es, sin duda, la que más satisfacciones me ha dado, pues es una novela relativamente conocida y se lee en los institutos, pero no podría decir que es esa mi preferida. Cuando me hacen esa pregunta me viene de inmediato a la cabeza “Mis ojos llenos de ti”. Es sin duda, la más personal y quizás sea eso por lo que le tengo un especial cariño. Lo cierto es que disfruté muchísimo escribiéndolas todas, sin excepción. “La extraordinaria historia de Juan Barreto” tiene personajes muy sólidos y suelo pensar en ella a menudo. Es difícil elegir.

¿Compartes tus experiencias como escritor con tus alumnos? ¿Cómo reaccionan ante tus nuevas novelas?
Sí. “Clara dice” es una de las lecturas del curso. Es una novela que les apasiona; la devoran, se adelantan incluso al ritmo de la clase leyéndola por su cuenta en casa, la leen dos veces. Y saben, además, que el autor es profesor del colegio y que les dará una charla exclusiva para hablar del libro. Ahí es cuando aprovechan y me hacen todo tipo de preguntas sobre mi faceta de escritor, desde cómo se me ocurrió la novela a cómo escribo, por qué empecé…Hay dos preguntas que nunca fallan en estas sesiones, año tras año: una es que si yo soy Trápaga (el comisario que lleva el caso en la novela). Yo les contesto que no, pero que me gustaría mucho serlo. Les digo que es una especie de alter ego. Luego les explico lo que es un alter ego. Me parezco a él pero yo no tengo tanta mala leche.

¿Y la otra pregunta?
La otra pregunta es que si voy a hacer una segunda parte. La novela tiene un final abierto y eso, a esas edades en las que solo ven o leen finales cerrados a ser posible felices, les descoloca. Les contesto que si lo he hecho así es para que, cuando terminen de leerla, se sientan inseguros y se hagan preguntas. Aquí es cuando aprovecho y les hablo de las redes sociales, pues la novela trata de los peligros que en ella puedes encontrar. Sorprendería saber el total desconocimiento que tienen los padres sobre la navegación que hacen sus hijos en internet, ya sea con el ordenador o con el móvil. Asusta. Institutos de la Península me han hecho entrevistas vía email, y las preguntas suelen coincidir, sobre todo esas dos. En junio tendré la oportunidad de ir a un instituto de Bilbao para que me conozcan y charlar sobre “Clara dice”. Es todo muy emocionante. Respecto a la segunda pregunta, realmente no suelo decir a mis alumnos que he publicado una nueva novela. Me da la impresión de estar haciendo publicidad con ellos y no me gusta. Prefiero que tengan curiosidad y me busquen en las redes. Si me hacen alguna pregunta al respecto les contesto, claro.

Los trenes perdidos¿Cuál de las dos facetas te llena más personalmente, la de escritor o la de profesor?
Son complementarias, simbióticas, se retroalimentan. No podría hacer la una sin la otra. Eso sí, como profesor tengo más satisfacciones pues la interacción con el alumnado, y los padres, es constante, por lo que aprendo sin descanso. Realmente, no sabría qué hacer en mi vida sin estas dos ocupaciones. Como contrapartida, la docencia es mucho más agotadora que la escritura.

“No se trata de adaptarnos a los adelantos digitales, son estos los que se tienen que adaptar a nosotros. Se han hecho para facilitarnos las cosas, no para dirigir nuestras vidas”

Desde su experiencia personal, ¿cuáles son los principales problemas de la educación en nuestro país?
La total desconexión de las autoridades que deciden sobre enseñanza en este país con la realidad educativa. No solo existe esa desconexión sino que, además, esta se agrava con los recortes vergonzosos de los últimos años. Para colmo, ningún grupo político es capaz de ponerse de acuerdo para crear un sistema educativo que beneficie a todos, que sea práctico y que estimule al alumno. Solo se preocupan de que sus ideologías y su forma de entender la enseñanza queden bien reflejadas en esas leyes. Me resulta deprimente que en un asunto tan importante solo se miren los intereses de grupo. Para colmo, las leyes elaboradas en los últimos años han restado al profesorado, no solo autoridad, sino también prestigio. Ya en las aulas se presentan más problemas que, en mayor o menor medida, son consecuencia de lo anterior. El fracaso escolar, la desmotivación, familias desestructuradas con dificultades para orientar correctamente a sus hijos, barrios depauperados con cero estímulo para emprender, para tener, al menos, la esperanza de prosperar, algunos profesores sin vocación, o profesores a los que no se les dota de estrategias para atender estas situaciones. Los recortes han hecho un daño muy profundo en la enseñanza que, en general, terminan pagando los profesores válidos que acaban entrando en una espiral de desmotivación.

¿Tenemos un sistema educativo capaz de enfrentarse con éxito a los retos que plantea la sociedad del siglo XXI?
Permíteme contestar preguntando. ¿Es tan distinta la sociedad del siglo XXI respecto a la del siglo anterior? Porque yo no veo tantas diferencias. Esa sociedad, ¿realmente está planteando retos? Si fuera así, no se explica que los políticos sigan siendo reelegidos, porque yo no he visto ningún supuesto reto cumplido. Por otro lado, no debemos olvidar que este sistema educativo que tenemos se edificó en la sociedad del siglo XIX y para un sistema industrial dirigido por la burguesía. Es ese sistema educativo el que seguimos teniendo. Y está obsoleto, caduco. Por supuesto, los gobiernos neoliberales desean que se mantengan, desean que se siga educando en la competitividad (los exámenes son sus pilares), desean que se sigan descartando el fomento del criterio propio o la solidaridad, desean que este sistema educativo siga creando corderos obedientes que no tengan el menor reparo en pisotearse en el mundo laboral con tal de ser los más competitivos, de ser los mejores. Es así. Y en medio de todo eso, un puñado de docentes en todo el mundo, cada vez más, proponiendo nuevos sistemas que se ajustan a las necesidades actuales, porque no se trata de mejorar el sistema educativo, se trata de crear uno nuevo.

¿Qué habría que cambiar de raíz para lograr un sistema educativo moderno y eficaz?
El propio sistema educativo. Eliminarlo. Crear uno desde cero, basado en el fomento de la creatividad, de la solidaridad, de un espíritu emprendedor enfocado hacia el bien común. No es utópico. Los países escandinavos están muy cerca de conseguirlo y no aprendemos de ellos, no interesa. Según una encuesta realizada no hace mucho las grandes multinacionales esperan de sus trabajadores capacidad para adaptarse a los cambios, creatividad y espíritu emprendedor. Nada de eso se contempla, ni de lejos, en el sistema educativo actual, es decir, el del siglo XIX.

¿Qué papel deben asumir los educadores en un nuevo sistema educativo adaptado a la sociedad digital del siglo XXI?
No me gusta el concepto de sociedad digital. Me da la sensación de estar convirtiéndonos en robots. No se trata de los medios con los que se enseñe, sea un pizarra o una pantalla digital conectada a internet con funcionamiento táctil, se trata de los valores que se enseñen, del estímulo que se transmita y se despierte en el alumnado. No se trata de adaptarnos a los adelantos digitales, son estos los que se tienen que adaptar a nosotros. Se han hecho para facilitarnos las cosas, no para dirigir nuestras vidas. Son los profesores los primeros que se deben formar y preparar para ese nuevo sistema educativo digital, que de real, de momento, solo tiene lo digital. Los profesores, en general, estamos muy convencidos de cómo se tienen que hacer las cosas para cambiar el sistema educativo y, de hecho, ya hay unos pocos centros que lo están haciendo. Son los políticos los que no nos dejan; políticos colocados en el gobierno con los votos de los ciudadanos; ciudadanos que exigen resultados solo a los profesores y se olvidan de los políticos. Esta es nuestra triste realidad.

¿Hasta qué punto es importante lograr un consenso educativo? ¿Es posible ese consenso?
No es importante, es vital y, en este país, temo ser pesimista, es imposible. Las dos Españas siguen existiendo. Las leyes educativas son un reflejo de ellas. Me recuerda mucho a la cesantía propia del siglo XIX, cuando entraban los moderados en el poder se cargaban lo que habían hecho los progresistas, y viceversa. ¿Ves? Siglo XIX. Todavía.

¿El cambio educativo exige al mismo tiempo un cambio de modelos sociales, especialmente en lo que se refiere a medios de comunicación e industria del ocio juvenil?
Claro, esa es la cuestión. Si este sistema educativo fue creado por la burguesía en el siglo XIX y la sociedad de hoy en día sigue dirigida y controlada por la burguesía, no bastaría con cambiar solo el sistema educativo. Habría que cambiar también nuestro concepto de sociedad. Pero cambiar el sistema educativo sería un buen comienzo, cierto. Ya sabemos lo que decía Marx sobre la religión, que era el opio del pueblo. Si hubiera levantado la cabeza hace un par de décadas lo hubiera dicho de la televisión y si la levantara ahora lo diría de internet. Y es curioso porque son herramientas todas ellas fantásticas, pero parece que no le estamos dando el uso adecuado. Tengo la sensación de que ese ocio que mencionas está concebido para no hacer pensar, para no hacerse preguntas, para no sentir curiosidad, y la curiosidad, junto con la duda, es la base del conocimiento. Es un ocio, en general, de consumo fácil, de usar y tirar y, sobre todo, y pese a las apariencias, con poca variedad. Los jóvenes de hoy, en especial los adolescentes, tiene un enganche muy fuerte a los móviles. Por supuesto, muchos adultos también, pero los adultos tenemos la referencia de haber vivido sin los móviles. Los adolescentes no cuentan con esa referencia. Ellos nacieron y estaban los móviles, por lo que, ahora, vamos a ciegas respecto al desarrollo de las relaciones sociales. No tenemos ni idea de cómo afectará ese enganche al comportamiento social dentro de veinte años. Pero que está diseñado para enganchar y no pensar, eso no me cabe duda.

Una entrevista de Sincronía, una sola Humanidad dentro de su propuesta de debate social en su Campaña por un Pacto Social y de Estado en Educación