El día que asesinaron la inocencia

Actualidad_289737745_68671271_1706x960No me puedo creer tanta maldad. Se me parte el corazón ante esta salvajada. ¿Qué tipo de ser puede quitar la vida a un niño inocente? El 11 de marzo de 2018 España no sólo se sobresaltó con la muerte violenta de un inocente de ocho años, sino que asistió a la muerte de la inocencia de toda una sociedad, o al menos eso fue lo que se desprendió de la reacción de la ciudadanía, especialmente en las redes sociales. Desde que a última hora de esa mañana se conoció la noticia del hallazgo del cadáver de Gabriel en el maletero del coche de la novia de su padre, el país entero se sumió en el estupor, el llanto y la cólera. La reacción iba desde la ira ciega que clamaba venganza a toda costa, a la desolación de quienes eran incapaces de entender que alguien pudiera quitar la vida al inocente “pececito” por cuya aparición clamaban en las redes sociales.

Olvidaban a los más de 4.000 niños que sólo son la punta del iceberg de los niños que sufren abuso sexual en nuestro país, y a esos otros miles de “pececitos” que sucumben a diario al maltrato, a la explotación de las mafias dentro de nuestra propia casa, mientras nosotros estamos muy ocupados con nuestras miserias cotidianas. Ignoraban, a veces a sabiendas, los miles de inocentes como Gabriel que mueren a diario mientras tratan de huir de las bombas que caen sobre sus casas, o intentan escapar una guerra que los puede convertir en niños soldado, o de un barrio marginal del culo del mundo donde son convertidos en esclavos y esclavas sexuales mientras nosotros miramos permanentemente hacia otro lado. Se les olvidaba, se nos olvidaba a todos, que la maldad convive con nosotros a diario y que a veces hacemos todo lo posible por no verla.

Las redes sociales, las barras de los bares, los corrillos de las plazas, las salas de espera de la seguridad social o las peluquerías, se han llenado de expertos judiciales que auguran que la “malnacida” no pasará más de diez años en la cárcel, y eso si llega, o de apologistas de la pena de muerte e incluso de fanáticos de la solución final que abogan sin rubor por el linchamiento “a pedradas en la plaza del pueblo”. Incluso algunos claman por la reinstauración de la tortura “para que le arranquen a esa hija de puta los ojos y las entrañas” y “que muera con mil dolores antes de arder en el infierno”. Estos exabruptos enloquecidos no han sido excepciones ni han salido de la mente encanallada de cuatro psicópatas amparados en el anonimato de un perfil falso de facebook y twitter. Opiniones como estas, y mucho más salvajes, se han podido leer y escuchar en las horas posteriores a conocerse la muerte de Gabriel en boca y letra de apacibles ancianos, jóvenes estudiantes, simpáticas enfermeras, sosegadas y atareadas madres y padres y personas a las que en general horroriza la violencia y claman por la justicia, arrastrados está vez en tromba por el vocerío que exige venganza.

Por una fatídica casualidad ese día se conmemoraba (si es que tal término es adecuado) una de las mayores tragedias de nuestra historia reciente: el asesinato de 193 personas en los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Sin embargo, a juzgar por las apariencias, aquel maldito día la reacción de los ciudadanos fue mucho más serena, la rabia no se convirtió en odio generalizado, no hubo llamadas al linchamiento, no se exigieron medidas penitenciarias ni se extendió escupió a diestro u siniestro racismo y xenofobia. Más bien al contrario, aquel fue un día de llamamientos a la serenidad, a la solidaridad, a la sensatez, y la rabia se canalizó, al menos en un principio, en un rechazo hacia la intolerancia, la injustica y el odio ciego. Luego vino lo que vino y el fango del enfrentamiento político se apoderó poco a poco de los titulares de prensa. Pero en aquellas primeras horas de horror la gente se enfrentó al horror con serenidad, unidad y firmeza ejemplar.

Una de las diferencias entre ambos días es que en 2004 facebook era un absoluto desconocido que acaba de aparecer en una universidad norteamericana y a twitter aún le faltaban un par de años para nacer. La otra es que los medios de comunicación aún no se habían convertido en un escaparate de enfrentamientos personales, ideológicos y políticos, o al menos no alardeaban de ello y no eran herramientas desde las que se alentaba al odio en todas sus facetas. Tampoco entonces había un presunto culpable claro, al que cargar con la culpa y aligerar nuestra pesada pena. Pero la diferencia principal quizá sea que la magnitud de aquella masacre indiscriminada de hace catorce años no había sido precedida de un proceso de espera de un fatídico desenlace que muchos nos temíamos, pero que casi nadie se atrevió a expresar en voz alta, aferrados todos a la vana ilusión de que nuestros deseos escritos y dibujados en un hueco de internet podrían conseguir lo que no somos capaces de hacer construyendo una sociedad mejor día a día: salvar y proteger a nuestros niños, a todos los niños, del horror y la maldad de un mundo cada día más salvaje, más injusto y más insolidario.

La madre de Gabriel ha pedido “que no se extienda la rabia” tras la detención de la presunta autora de su muerte… ojala nos alcance a todos esa generosidad de espíritu y que ella y el padre y toda la familia puedan encontrar algún día la paz, ya que el olvido será imposible.

MLP para Sincronía, una sola Humanidad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s