La tragedia silenciada de la enfermedad mental infantil… que podemos evitar

Ley Wert 1Uno de cada cinco niños padece una enfermedad mental. Este sobrecoger dato ha sido proporcionado por la organización mundial de la salud y desdichadamente solo es la punta del iceberg de un informe que revela que en los países más desarrollados del planeta se está produciendo una tragedia que afecta a los niños y que nunca suela saltar a los titulares de los medios de comunicación. La cara más dura de esta tragedia revela que en los últimos años se ha registrado un aumento del 43 por ciento en los casos de TDHA (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia que implica déficit de atención, hiperactividad e impulsividad. Además, los casos de depresión adolescente han aumentado un 37 por ciento y los casos de suicidio en niños entre 10 y 12 años se han disparado en un alarmante 200 por cien.

Según la OMS, entre las causas principales de esta catástrofe silenciada, especialmente en los llamados países desarrollados, se encuentran los grandes fracasos de nuestra educación infantil: la sobreprotección, la sobre estimulación y el exceso de recompensas inmerecidas, o lo que es lo mismo,. el exceso de regalos y la carencia de exigencias en el esfuerzo. En definitiva, los datos vienen a poner negro sobre blanco que mientras malcriamos a nuestros niños, les privamos de cosas fundamentales para su desarrollo personal como la atención emocional paterna, el establecimiento de límites y la exigencia de responsabilidades o la exposición al fracaso y la decepción, con la consiguiente falta de capacidad de superación.

Si queremos que nuestros niños sean individuos felices y saludables es imprescindible recuperar valores en desuso, e incluso a menudo denostados, como el principio de autoridad, la asunción de responsabilidades, la puesta en valor del trabajo bien hecho, la capacidad de riesgo y los hábitos de vida saludables, como el ejercicio al aire libre, los hábitos alimenticios sanos, la eliminación del sedentarismo y el control de las dependencias y adicciones a las nuevas tecnologías.

En definitiva, si queremos evitar que nuestros menores sucumban a la decepción, preparemoslos para superarla, si queremos que venzan el aburrimiento, enseñémosles a divertirse por ellos mismos usando sus propios recursos, si pretendemos que no se sientan aislados, proporcionémosles la atención familiar necesaria y si queremos que respeten a los demás, comencemos preparándolos para que se respeten a si mismos. Si no lo hacemos nosotros, la vida se encargará de hacerlo… y probablemente de la forma más dura y más cruel.

Sincronía, una sola Humanidad. Campaña por un Pacto Social y de Estado en Educación

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