“Necesitamos una educación para toda la vida, con el desarrollo de habilidades y competencias como eje y el soporte continuo de la tecnología”

btyPablo Díaz es autor del libro Hacia una nueva escuela y a sus 29 años acumula ocho de experiencia en el sistema educativo como maestro de Educación Primaria y formador del Programa CCL Leadership Essentials de Posgrado CEU. Desde sus comienzos en el magisterio se ha interesado en el cambio de paradigma viene prefigurándose en la educación.

¿Cuál es el mensaje fundamental de su libro Hacia una nueva escuela. El futuro de la educación está en nuestras manos?

Como su propio título reza, en este primer libro hablo de la nueva escuela que está en ciernes. Consciente de que es una realidad solo a medias y que todavía quedan muchos compañeros por convencer de la necesidad del cambio. En mi opinión, nos encontramos en un impasse que dura ya demasiado. Es por ello, que las voces de todos aquellos que estamos convencidos, deben oírse alto y claro. El libro es fruto de la reflexión sobre la realidad concreta del aula. No es un tratado sobre innovación ni una serie de recetas con las que se aseguren resultados milagrosos. Las líneas que lo componen van trazando una fotografía en movimiento de lo que ocurre cada día en nuestras clases, del sistema al que deben enfrentarse nuestros alumnos. En la obra ofrezco una serie de nociones sobre memoria, motivación, neurodidáctica, lenguaje, TIC’s, los roles del maestro y el alumno… Que invitan a una reflexión más profunda y sosegada. Destacaría el capítulo sobre la Pasión (que puede ser leído en este link) y Matar a la vaca que puede leerse en una versión reducida que publiqué en la revista Educación 3.0.

¿Cuál será la influencia de la revolución tecnológica de las llamadas TIC en nuestras escuelas?

La innovación en nuestras aulas debe pasar, necesariamente, por reflexionar sobre tres variables: Metodología, Espacios y Tecnología. Esta última es la que mayor impacto puede tener pues las ventajas que ofrece son casi infinitas. Estas son algunas de ellas:
– Apoyo del aprendizaje tradicional. Internet se ha convertido, gracias a la generosidad de muchísimos profesionales, en un gran democratizador de la educación, pues cualquier profesor, sea cual sea su estilo, puede encontrar recursos online para apoyar la enseñanza tanto dentro como fuera del aula, gracias a lo que otros compañeros han elaborado y compartido en la red.
– Aportan herramientas para construir el conocimiento. Estamos en un proceso de cambio en el que el proceso de enseñanza-aprendizaje está cambiando su eje, poco a poco vamos pasando de un modelo de transmisión unidireccional de conocimientos a otro en el que es el propio alumno el que va construyendo el conocimiento a partir de experiencias genuinas de aprendizaje y en este aspecto las TIC’s juegan un gran papel.
– Ayudan a la motivación tanto de los alumnos que van bien como de aquellos que tienen cualquier tipo de dificultad de aprendizaje pues es mucho más sencillo adaptarle el ritmo de trabajo y encontrar materiales de apoyo.
– Desarrollan habilidades y competencias tan necesarias en la educación de hoy en día. El uso de herramientas digitales y las opciones que nos brindan, hacen más natural el trabajo de las competencias clave.
– Contribuyen al aprendizaje autónomo y continuado puesto que el alumno va tomando el control de su propio proceso de aprendizaje, accede a bancos de recursos y, además, puede hacerlo en cualquier momento del día y desde cualquier lugar.
– Mejoran y propician el trabajo en grupo. Son numerosas las aplicaciones que permiten coordinar el trabajo en equipo y las plataformas de trabajo colaborativo.

Es cierto que corremos el riesgo de que esta explosión tecnológica nos ciegue y nos lancemos a incorporar al aula la primera TIC que llegue a nuestras manos. Esto sería un grave error. La tecnología, como cualquier otra herramienta, debe servir para un fin metodológico y si no es así, puede que tenga otros espacios de utilización, pero no el aula. Se puede caer también en la sobrevaloración de la tecnología. Es una herramienta impresionante pero no es ni mucho menos la panacea de la educación. Al final, las tecnologías específicas, como las modas, pasan y llegan otras, lo que perdura es la habilidad que haya aprendido el alumno al utilizarla. Por ello es importantísimo que la incorporación de las TIC’s haya sido precedida de un estudio de la misma y el desarrollo de un plan.

Por otro lado, estas mismas tecnologías, con sus innumerables bondades, también traen consigo muchos otros inconvenientes. Cada vez más, vemos alumnos para los que la paciencia es tan corta como la velocidad de su banda ancha. Están acostumbrados a la inmediatez, muy poco a la reflexión pausada y demasiado a los textos formato tweet (texto breve, básicamente un eslogan). Son niños poco acostumbrados a tener momentos en los que aburrirse y bien sabemos lo importantes que son estos tiempos en los que la imaginación, la relación con los iguales y la creatividad se ponen en marcha.
No obstante, aquí tenemos uno de los aspectos que podemos y debemos trabajar en el aula para conseguir el desarrollo integral de nuestros alumnos.

¿Estamos preparados para los cambios vertiginosos que supone la robótica?

A día de hoy, falta un largo recorrido a nivel de formación del profesorado, medios técnicos y adapatabilidad del sistema para estar en disposición de que la robótica aterrice de forma general en la escuela. Los cambios, una vez decididos a que tengan lugar, deben ser bien hechos, bien pensados y de largo recorrido. No obstante, el futuro tecnológico de nuestra sociedad pasa, necesariamente, por el desarrollo de la robótica así que, ¿por qué no introducirla en las aulas?

Las primeras generaciones de nativos digitales se están incorporando a nuestros colegios ¿Estamos preparados de verdad para transmitirles los conocimientos necesarios?

Caminamos hacia un proceso de aprendizaje mucho más rico que el que dejamos atrás. Un nuevo marco en el que no caben complejos ni cátedras. Se debate en muchos foros sobre si es preferible la “enseñanza tradicional” o la “innovación educativa”, pero yo creo que esa es una discusión estéril. A mi parecer, la clave está en entender cómo ha evolucionado la sociedad y cómo ésta cambia a un ritmo cada vez más rápido. Sería difícil vaticinar las características de la sociedad en la que los alumnos que actualmente cursan primaria desarrollarán su etapa adulta, pero sí sabemos que en ella la tecnología jugará un papel decisivo. Es por tanto absolutamente necesario plantearnos qué estrategias, habilidades y competencias necesitan nuestros alumnos en este mundo cambiante.
No es que la enseñanza de antes no sirva, sino que no prepara a los alumnos para desenvolverse en esta nueva sociedad. Metodologías como Flipped classroom, ABP, aprendizaje cooperativo, peering learning, cuentan con la tecnología como formidable facilitador del aprendizaje para llevar a cabo un modelo de enseñanza en el que, sin olvidar la transmisión de contenidos, se potencien en el alumno competencias y habilidades para superar los retos a los que, sin duda, se enfrentará. Sin menospreciar los conocimientos – el saber no ocupa lugar y expande nuestro espíritu -, el verdadero reto se encuentra en las competencias y la interconexión.

Desde su experiencia personal, ¿cuáles son los principales problemas de la educación en nuestro país?

Son múltipleds y diversos. A saber, y por citar los más importantes:
– Encorsetamiento (horarios y asignaturas), ¿qué sentido tiene dosificar el conocimiento en cápsulas? La vida no se da en fascículos sino en un complejísimo entramado en el que igual necesitas nociones matemáticas que competencia lingüística o conocimientos científicos para resolver un problema de forma inmediata.
– Excesiva dependencia del libro de texto, y en este punto más que en ningún otro, la culpa se dirige exclusivamente al profesor, aquí no valen excusas con el sistema. El libro de texto aporta una tranquilidad y una serie de facilidades difíciles de rechazar pero, a la vez, no pocas limitaciones.
– Sistema de evaluación obsoleto y elitista, que establece una línea divisoria entre el éxito y el fracaso a través de una calificación numérica irrisoria.
– Escasa valoración del profesorado, desde el punto de vista social pero también institucional.
– Pobre formación profesional, los programas educativos de las escuelas de magisterio y formación del profesorado están lejos de la vanguardia educativa.
– Estrechez de miras a nivel político, poco más que decir a este respecto pues poco podemos hacer.

¿Tenemos un sistema educativo capaz de enfrentarse con éxito a los retos que plantea la sociedad del siglo XXI?

Es lo mismo que preguntar si vivimos en una sociedad capaz de enfrentarse a los retos del siglo XXI. No es el sistema sino los individuos quienes marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso ante un reto de tales envergaduras. El sistema en sí es un constructo artificial y no pocas veces cargado de prosopopeya con el cual muchos de nosotros buscamos inconscientemente reducir nuestra responsabilidad otorgándola a un supuesto ente ante el cual nos encontramos indefensos.
Los engranajes institucionales y legales de la educación se sostienen por la subordinación (y en algunos casos pasividad) de los que formamos parte de él; en cuanto una mayoría suficiente deja de llevarse por la inercia colectiva y logra empoderarse en un proceso de reflexión e innovación, dicho sistema no tiene más remedio que cambiar de rumbo – así ha sucedido a lo largo de la historia -. Quizá suena algo revolucionario pero es que, en realidad, es precisamente en lo que consiste: en la revolución educativa del último siglo. Una revolución que no se lleva a cabo en las calles sino en el interior de cada uno de los profesionales que formamos parte del sistema educativo. Cada vez que un profesor se sitúa frente a su clase y decide sentarse y abrir el libro por la siguiente página o favorecer un aprendizaje significativo, se libra una batalla en esta silenciosa guerra.
Yo afinaría algo la pregunta: ¿tenemos profesores capaces de enfrentarse con éxito a los retos que plantea la sociedad del siglo XXI? Esta perspectiva abre un nuevo horizonte y un nuevo enfoque de acción. Esa es la dirección en la que va “Hacia una nueva escuela”.

¿Hacia qué modelo educativo debemos ir?

Los pasos hace tiempo que vienen marcados y tenemos suficientes estudios que demuestran su viabilidad – y que, recientemente están siendo confirmados por la neurociencia -. Taxonomía de Bloom, Ciclo de Kolb, Flipped classroom, Aprendizaje y servicios, STEAM… Un cambio de paradigma que transforma el papel del educante y del educando. Así pues, ¿hacia qué modelo educativo debemos ir?: hacia una educación para toda la vida (long life learning), integral, integradora y abierta, con el desarrollo de habilidades y competencias como eje y con el soporte continuo de la tecnología.

¿Hasta qué punto es importante lograr un consenso educativo? ¿Es posible ese consenso?

Desgraciadamente vivimos en nuestro país una realidad política muy particular, fruto de un histórico por todos conocidos, que condiciona y limita enormemente las posibilidades de alcanzar un pacto por la educación. Cada 4 años, nuestros preciados políticos enarbolan la bandera de un utópico pacto político que acabe por una vez con la inestabilidad de profesores y alumnos y nos saque de los primeros puestos en fracaso y abandono escolar. Así y todo, no he escuchado ni una sola propuesta en relación al verdadero debate que se está produciendo a nivel pedagógico y metodológico.
Afortunadamente tenemos el Marco Común Europeo que presiona y obliga a nuestros dirigentes. Así y todo, creo que el verdadero cambio tendrá un recorrido ascendente (del profesorado a la legislación) y no al contrario. ¿Es posible es consenso? Es difícil, muy difícil. Pero no puede servirnos como excusa, debemos seguir empujando hacia una nueva escuela.

¿Qué líneas generales debería abarcar un debate social sobre el futuro sistema educativo?

El papel de las familias, el rol, reconocimiento y formación del profesorado, la reestructuración global (clases, ratio, áreas, objetivos, horario, espacios…) y un eplanteamiento total del currículum

¿Qué papel deben asumir los educadores en un nuevo sistema educativo adaptado a la sociedad digital del siglo XXI?

En este nuevo marco metodológico, las TIC’s juegan un papel importantísimo, pero es el profesor quien debe estudiar la viabilidad, operatividad e idoneidad de cualquier elemento que se incorpore al aula. El rol tradicional del profesor era el de transmisor unidireccional de contenidos, mientras que el alumno era un receptor que tras memorizar convenientemente dichos conocimientos, los reproducía en un examen de texto. Cabe preguntarnos si en este nuevo paradigma, este proceso sigue resultando viable. Dadas las características psicológicas, sociales y de configuración del pensamiento de los niños y jóvenes de este siglo y los avances en el conocimiento del cerebro, de cómo se aprende, ¿podemos seguir manteniendo un modelo que viene de la industrialización? Yo creo que no.

La escuela debe preparar al alumno para afrontar sus retos vitales en condiciones y la sociedad actual requiere un nuevo modelo de enseñanza y, por lo tanto, un nuevo rol de profesor y alumno. Así pues, el profesor debe pasar a ser un guía que conduce al alumno hacia el aprendizaje. Esto no desmerece la figura del maestro, muy al contrario, hace que su papel sea más decisivo pues debe planificar experiencias de aprendizaje motivadoras que contribuyan a desarrollar en el alumno nuevas habilidades y competencias. Por su parte, el alumno deja de ser un sujeto pasivo para tomar las riendas del proceso y pasar a ser agente activo de su propio aprendizaje.
Cabría añadir también que el propio flujo de conocimiento ha cambiado radicalmente. Hasta hace no tanto, el profesor era el poseedor exclusivo de un conocimiento custodiado en los libros de texto. El alumno debía, por tanto, pasar necesariamente por él si quería acceder a dicho saber. Hoy en dia ese conocimiento se encuentra a un solo clic de distancia en el bolsillo de cualquier estudiante. Es necesario, no obstante, dar herramientas para buscar, seleccionar, contrastar y filtrar la vasta cantidad de información existente en la red.

¿Cuál debe ser el papel de los padres en el proceso educativo?

Crucial. De hecho, los maestros no llevamos a cabo sino una legación de la patria potestad de los padres en cuanto a la educación de sus hijos se refiere. Existe una especie de aversión por parte tanto de los profesores como de los propios padres, a que estos últimos se entrometan demasiado en los asuntos escolares. La realidad que vivimos en la escuela, cada día, es que la mayoría de padres se conforma con recibir trimestralmente un registro numérico del éxito que va alcanzando su hijo y que esta situación resulta cómoda para un profesorado que no tiene que estar justificándose continuamente.
En este sentido tenemos muchísimo que aprender de la Etapa de Infantil. En los primeros años de escolaridad, los padres suelen estar muy pendientes de la evolución de sus hijos y, además, los profesores se esfuerzan porque haya una participación muy intensa de las familias (cuentos viajeros, mascotas de clase, talleres familiares, día del abuelo, visitas al aula…). Es un cole mucho más abierto y accesible.
A medida que los alumnos avanzan en su escolaridad, sin embargo, esta recíproca colaboración va disminuyendo y enturbiándose hasta llegar un momento en que padres y profesores se miran con recelo los unos a los otros. Esta realidad contribuye a agrandar la brecha escuela-casa que perciben los propios alumnos. Experiencias como las de Richard Gerver (Crear hoy la escuela del mañana: la educación y el futuro de nuestros hijos. Ediciones SM. 2012), nos demuestran el inmenso potencial que encierra la relación familia escuela.

¿El cambio educativo exige al mismo tiempo un cambio de modelos sociales, especialmente en lo que se refiere a medios de comunicación e industria del ocio juvenil?

Por supuesto, tenemos mucho que aprender de otros países (la mayoría en realidad) en los cuales el cine viene en versión original, por ejemplo. Y aunque no sería harina de este costal, sí está relacionado con un modelo social y los medios de comunicación la realidad de horarios en este país. Que el Prime time comience en nuestro país alrededor de las 23.00h no es precisamente el mejor aliado para una actividad intelectual durante la mañana.

Sincronía, una sola Humanidad. Por el diálogo social que propicie un gran Pacto de Estado en Educación

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