La lacra asesina del machismo no entiende de clases sociales

machismo-ante-el-maltratador-tolerancia-ceroUn periodista de élite, un trabajador de una empresa de automóviles, el copropietario de un bar y un inmigrante centroeuropeo, han demostrado en menos de una semana que la violencia machista no entiende de clases sociales, situaciones económicas o procedencias geográficas. Dos maridos, un ex novio fugaz y una antigua pareja, han asesinado a cuatro mujeres sin otra causa que la sinrazón de los celos, el orgullo herido del macho rechazado y el sentido de propiedad que convierte a la mujer en un objeto.

Cada día se presentan en nuestro país una media de 426 denuncias por maltrato y violencia machista, lo que indica no solo la impresionante dimensión del problema, sino el aumento de la conciencia de que es necesario denunciar al maltratador, desenmascarar al acosador y actuar radicalmente contra el silencio cómplice. Que aumenten las denuncias no es necesariamente un síntoma de que el problema vaya a peor, sino de que cada vez le plantamos más cara al machismo… aunque nunca es suficiente.

Quedan todavía huecos en el sistema legal, como el que obliga a los hijos de los maltratadores a tener el consentimiento del verdugo de sus madres (y suyo en la mayoría de los casos) para poder recibir atención psicológica. También habría que revisar las causas última de que se denieguen cuatro de cada diez solicitudes de protección solicitadas por mujeres denunciantes de maltrato, e investigar seriamente en que medida los recortes económicos han influido en la capacidad de atención y protección de las maltratadas.

Pero a pesar de esta retahíla de horrores cotidianos, hay un punto de luz esperanzada: hace tan sólo un par de décadas estos asesinatos hubiesen sido publicados como hechos desconectados, “crímenes pasionales” sin más proyección social que la inmediata. Hoy generan repulsas institucionales, rechazos vecinales, condenadas sociales y minutos de silencio solidarios, que a muchos parecerán gestos inútiles, pero, como todos los gestos positivos que se hacen colectivos, suponen un gran avance y una base para la esperanza de que un día acabemos con está lacra asesina llamada machismo.

Sincronía, una sola Humanidad

Siempre con las víctimas y al lado de las supervivientes de la violencia de género.

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