7N: un clamor contra la violencia machista

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Hace un año el movimiento feminista se dio cita en las calles de Madrid para pedir que la violencia de género fuera convertida en una cuestión de Estado, en la primera marcha estatal contra la violencia machista. 365 días después, los asesinatos, las violaciones, los abusos, y los maltratos siguen siendo una lacra cotidiana y vergonzante de la sociedad española.

Por eso volvemos a levantar la voz para exigir el fin del machismo rampante y violento y nos sumamos a la petición de que se aumenten los recursos en la lucha contra la violencia de género, un Plan de Acción contra la Violencia Sexual y la ampliación de la ley contra la violencia de género a otras violencias fuera de la pareja o ex pareja, como el acoso sexual, los asesinatos de prostitutas o de mujeres precedidos de agresiones sexuales, la trata de mujeres y niñas, la mutilación genital o los matrimonios forzosos.

Sincronía, una sola Humanidad

 

 

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Huelga de deberes: ¿hacia el final de un modelo?

nino-maquina-escribir¿Hay que eliminar los deberes escolares? ¿Son necesarios? ¿Son negativos? La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa) ha convocado una huelga contra los deberes escolares para los fines de semana del mes de noviembre, con el objetivo de reivindicar la recuperación del tiempo libre de los alumnos y sus familias y, fundamentalmente, pedir su eliminación total. Será difícil medir su seguimiento, pero es la primera iniciativa de este tipo en nuestro país y la polémica es inevitable. Desde aquí queremos aportar unos cuantos datos y algunas reflexiones, para ayudar a entender la situación en su conjunto.

¿Es nuestro país especialmente propenso a la imposición de deberes? Según el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, parece que sí. Según sus datos, un estudiante español dedica seis horas y media a la semana a tareas fuera del horario escolar, frente a las cuatro horas y media del conjunto de países de la OCDE. En horas de trabajo en casa ocupamos el quinto puesto de una lista de 39 países elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Por encima nuestro figuran Rusia, con cerca de nueve horas a la semana, Italia, con ocho, e Irlanda y Polonia, con más de siete. La lista la cierran la República Checa, Corea del Sur y Finlandia, el país con mejor nivel educativo del mundo, que no llegan a las tres horas semanales. Las cifras aumentan si hablamos de la enseñanza privada, ya que en todos los países excepto Italia la escuela privada tiene más deberes que la pública.

A pesar de la cantidad de análisis, propuestas y contrapropuestas, los expertos y profesionales de la educación no acaban de ponerse de acuerdo. La principal línea de argumentación en contra de las tareas en casa apunta hacia una mala organización del horario escolar y un aumento de la exclusión para las familias en peor situación socieconómica, que no pueden hacer frente a clases particulares o actividades extraescolares remuneradas. Para los detractores de esta práctica, los deberes no ayudan a los alumnos a entender las distintas asignaturas y solo sirven para repetir lo aprendido en clase y añadir un trabajo extra inútil. En definitiva, los detractores consideran que si el niño no ha conseguido aprender con el profesor, menos lo hará en casa solo o con ayuda de sus padres, que en ocasiones ni siquiera tienen los conocimientos suficientes para hacerlo.

A ello se suman argumentos que inciden directamente en el desarrollo personal de los escolares, como las agendas demasiado cargadas que impiden a los niños tener tiempo para jugar, para dedicar a sus propios asuntos y tener experiencias personales que les sirvan para avanzar y aprender a partir de los detalles que les plantea la vida cotidiana. En definitiva, en apoyo de la eliminación se argumenta el estrés que crean en los alumnos, las tensiones domésticas, la discriminación debido al nivel cultural de las familias y la ineficacia de un estudio forzado fuera de la tutela del profesorado. La propuesta general es darle la vuelta a la tortilla: que los niños enseñen en casa lo que han aprendido en el colegio y no que muestren en clase lo que han hecho en casa. Por el contrario, los defensores arguyen el refuerzo de los hábitos de trabajo, la asunción de responsabilidades por parte del alumnado y el aumento de la autonomía personal y la implicación familiar.

La solución a este debate no puede ser parcial ni centrada exclusivamente en la eliminación, mantenimiento o regulación de las tareas fuera del colegio. La respuesta tiene que estar vinculada a los imprescindibles cambios en todas las facetas del sistema educativo: los horarios, las asignaturas, los métodos de enseñanza, los sistemas de evaluación y, en definitiva, el propio concepto de escuela. El futuro de los deberes escolares está sometido, como el resto de cuestiones que es necesario renovar el ámbito pedagógico, a un cambio de paradigma educativo. Es la hora de sentarse a hablar y negociar un nuevo modelo.

Sincronía, una sola Humanidad

POR UN PACTO DE ESTADO EN EDUCACIÓN