La manada de los cobardes

sombras6“La fuerza del lobo reside en la manada”. Lo que hace unas semanas podría haber sido una frase entresacada de un documental del National Geographic, se ha convertido en la vergonzante definición del más infame machismo nacional. La violación de una joven de 19 años por cinco individuos que grabaron su “hazaña” y se la contaron en directo al resto de sus amigos, que se califican a si mismos como “La manada”, ha recorrido páginas de diarios e informativos, dejando una estela de mucho morbo y escasa reflexión sobre lo que oculta.

Uno de los detenidos llevaba un tatuaje con la frase “la fuerza del lobo reside en la manada”, la divisa del grupo de WhatsApp y probablemente uno de los clavos que remache su sentencia. Es poco probable que las fieras de esa manada supieran que estaban citando (mal) parte de un poema de Kilpling, y si lo sabían, seguro que ignoraban quién fue el autor de El libro de la selva. Para estos depredadores orgullosos sólo era una frase para envolver una ideología de machismo cuaternario, con el abuso como demostración de fuerza, la cobardía elevada a la categoría de virilidad y la degradación como forma de diversión.

Porque eso es lo que fue para ellos una violación jaleada por lo que se supone que es el resto de la “manada” que, en el mejor de los casos, no es capaz ni siquiera de discernir que están siendo cómplices en un delito, al menos cómplices morales. La envídia que manifestaron abiertamente sus amigos por no poder participar en una violación multíple, refleja mucho más que unas personalidades perturbadas: evidencia un fracaso social colectivo sobre los valores que transmite nuestra educación.

La manada estaba formada por individuos presuntamente normales, personas con las que nos cruzamos diario, e incluso en el caso de dos de ellos (militar y guardia civil), pueden tener en sus manos la misión de velar por nuestra seguridad, lo cúal convierte además esta infame violación en una trágica paradoja. No hablamos de marginados ni asociales a priori; hablamos de ciudadanos de pleno derecho que se aprovechan de esa condición para acechar y atacar presas solitarias, débiles ante una número una fuerza superiores. No son lobos, son chacales.

Si no queremos que se imponga la tesis hobbessiana de que “el hombre es un lobo para el hombre”, empecemos a actuar para cambiar nuestro sistema educativo… y de paso repensar cual es la labor de nuestros medios de comunicación.

Sincronía, una sola Humanidad

 

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