Machismo en los cuerpos de seguridad. Una lacra vergonzosa, una debilidad vergonzante.

El-Violeta-05 - copiaUn hombre es detenido tras degollar a su mujer y herir a sus dos hijos. Un sargento de la Guardia Civil es apartado de su puesto tras cuatro años de violaciones a una agente, a la que obligó a abortar. La embajada en Malasia se ve obligada a rectificar la promoción de un director de cine condenado por un delito de violencia de género. La coincidencia de estas tres noticias el mismo día y en los mismos diarios es mucho más que casualidad, es el síntoma de que vivimos en un país – por no hablar del mundo – aquejado por una enfermedad mortal, endémica e infecciosa: el machismo.

En lo que llevamos de año, son ya 26 las mujeres que han muerto como consecuencia de la violencia machista, aunque esta cifra podría ser todavía mayor y llegar a 32 si se confirman seis casos que se encuentran todavía en investigación. A esta lacra hay que sumar dos niños muertos a manos de las parejas o ex parejas de sus madres, mientras que el número de menores que han quedado huérfanos de madre asciende a 16.

Pero quizá la noticia que más alarma ha causa, tristemente acostumbrados al macabro goteo de muertas, ha sido la del sargento de la Guardia Civil acusado de violar y obligar a abortar a una gente. Cuatro años duraron los abusos, vejaciones y violaciones a que fue sometida esta agente, que para colmo de colmos, formaba parte de la oficina que lleva temas de violencia de género en la Guardia Civil.

Con todo y ser de extrema gravedad la acción del sargento, uno de los puntos más preocupantes es que los mandos del agresor y la agredida, fueron informados por carta de estos hechos en diciembre de 2015, sin que la Dirección General del Instituto Armado haya adoptado hasta ahora ninguna decisión, lo que atribuye a que hasta ahora no había recibido “oficialmente” el auto de procesamiento del Juzgado Militar Territorial Número 14 de Cartagena que llevaba el asunto. Según la nota emitida por la citada Dirección general, Además de por la “gravedad y afectación individual de la víctima”, la decisión del director general de la Guardia Civil, se ha basado en la “amplia difusión en los medios” de estos hechos que, según se afirma en el comunicado oficial, “generan un notable desprestigio de la Institución a la que pertenece el procesado”.

Suena un poco triste. Parece que se coloca el prestigio del cuerpo por delante de la integridad física y la libertad personal y sexual de la agente violada, algo que no parece ser un excepción única en el cuerpo, tal y como notifica la AUGC, un sindicato clandestino, ya que en la Guardia Civil no se permiten sindicatos, que afirma tener constancia de que en el último semestre de 2015 se cursaron 25 casos en un colectivo formado por 80.000 efectivos, de los que solo tres –uno de ellos la de esta agente en Murcia– han sido estudiados una vez analizados por el gabinete psicológico que, recuerdan, no guardan el secreto profesional al estar obligado a informar a sus superiores, una prueba más de la jerarquía y militarización que quieren erradicar.

Triste panorama que no anima precisamente a los miles de mujeres, víctimas cotidianas de las violaciones, agresiones y vejaciones a las que las someten sus parejas y que exigen no solo una respuesta contundente de las autoridades, sino un respaldo decidido y firma de todos nosotros, la sociedad civil que debe eliminar para siempre la lacra del machismo. Por nuestra propia seguridad y supervivencia debemos erradicar el machismo en todos los estamentos sociales.

Sincronía, una sola Humanidad

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