Profesores: ¿solos ante el peligro?

EL-DRAMA-DE-LAS-AULAS-VACIASLa coincidencia en el tiempo de titulares sobre investigaciones o juicios a monitores y profesores por abusos sexuales en un colegio de Barcelona, otra causa por abusos abierta a un profesor de Las Palmas y el juicio a tres profesoras de Cáceres acusadas de tolerancia pasiva en un caso de bullying, han creado un velo de inquietud en torno a nuestras escuelas. En ocasiones, el tratamiento periodístico no ha estado exento de cierto alarmismo que en ocasiones se ha inclinado hacia el sensacionalismo, y eso ha creado alguna polémica sobre la actitud de los profesores en las aulas. En el caso de los abusos sexuales de Barcelona la polémica se centra en la sospecha de silencio cómplice por parte de la escuela y en la defensa del colegio que en principio hizo un grupo de padres. Solo cabe solidarizarse con el drama y exigir las más duras responsabilidades.

El caso de Cáceres es más enrevesado y se presta más a la polémica, tanto por lo que afecta a la integridad de tres profesionales, como por sus consecuencias anímicas en la confianza de los padres respecto a la seguridad de sus hijos en el entorno escolar. La Audiencia extremeña considera que las tres profesoras acusadas tuvieron conocimiento de un caso de acoso escolar y no actuaron, o al menos no actuaron debidamente, que aquí es donde está el matiz importante. Según el auto, tuvieron conocimiento “de la existencia de una situación objetivada y mantenida de acoso escolar”, pero su conducta fue de “pasividad” y “Nada hicieron por esclarecer los antecedentes y motivos del incidente”. El niño acosado acabó abandonando el colegio y sus cuatro acosadores fueron condenados por un delito contra la integridad moral. La Audiencia reconoce que el colegio actuó pero que los esfuerzos del colegio se centraron sobre el acosado, “dando lugar a una mayor victimización del mismo”. “No se realizaron diligencias encaminadas a la identificación de los autores”, prosigue el texto judicial, “ni se contó a otros profesores”. En definitiva, un caso de esos que hay que conocer a fondo, antes de ponerse a juzgar de oídas.

Era inevitable que surgiesen los comentarios cruzados e incluso se disparasen las contundentes opiniones linchadores, a las que tanto somos dados en esta sociedad que asiste atónita, a un aluvión de malas noticias sobre nuestros colegios, en los que uno de cada 10 alumnos asegura que ha sufrido acoso escolar, el 30% señalan que han recibido golpes físicos y uno de cada tres admite haber agredido a otro estudiante, según un informe de Save the Children sobre ‘bullying’ en España, con entrevistas a 21.487 alumnos de secundaria y datos contundentes sobre la gravedad del acoso escolar.

En estos días en los que todo el mundo pone a Finlandia como el ejemplo a imitar en el modelo educativo, es imprescindible recordar que uno de los pilares fundamentales que sostienen su primer puesto mundial en educación es la valoración social de maestros y profesores.

En España, la crisis y los recortes han sido la última puñalada para un colectivo tradicionalmente más criticado que apoyado. En unos momentos cruciales para nuestro sistema educativo y con unas aulas más complejas de manejar que nunca en nuestra historia, los profesionales de le enseñanza han visto como sus medios se reducían drásticamente con recortes en los presupuestos de Educación, reducción del número de profesores, congelaciones salariales y precariedades varias que han colocado a nuestro sistema educativo en un momento alarmante.

Si queremos que el patio del colegio sea un sitio donde los niños aprendan la convivencia a través del diálogo y el respeto, y que nuestras aulas sean un lugar en el que adquirir conocimientos no sea una congoja, es necesario hacer un plan que integre las medidas de sensibilización, control e intervención para padres y alumnos, con un reforzamiento de la figura del profesor, que es quien trabaja en primera línea y quien debería de contar con el apoyo suficiente en tiempo y medios para poder dedicar más atención a lo que sucede en cada rincón de unas escuelas sobrecargadas y faltas de presupuesto. Un colectivo que tiene en sus manos parte del futuro de nuestros hijos, merece nuestro respeto, nuestro apoyo y nuestra crítica razonada, pero nada justifica la violencia y desafección que padece.

La escuela está en un momento crucial y es indispensable que todos los sectores se impliquen en un debate que marque las líneas generales de nuestro sistema educativo para las próximas décadas y el sector que mejor conoce los problemas y más acertadamente puede apuntar cuales son las posibles soluciones, es el de los profesionales de la enseñanza. En torno al respeto a su profesión, alrededor de la nueva dimensión que en el futuro inmediato tenga la figura del maestro, es donde debe comenzar la ruptura de la espiral de degradación que vive la escuela pública. Depende de todos exigir más medios y mejor formación para quienes educan a nuestros hijos, y así poder exigirles también la responsabilidad adecuada.

Sincronía, una sola Humanidad

Campaña Por un Pacto de Estado en Educación

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