Saturno no debía criar hijos

Niños refugiados BN

Cuentan que los jóvenes leones macho que se convierten en reyes de la manada lo primero que hacen es matar a las crías engendradas por el viejo macho vencido. Es lo que podríamos calificar literalmente de una salvajada. Una retransmisión a lo crudo de algo así horrorizaría a cualquiera, y sin embargo nos hemos acostumbrado a convivir con informativos en los que diariamente asesinamos a nuestras propias crías ante la mirada de todos los seres humanos de este planeta.

¿Catastrofismo? ¿demagogia? ¿amarillismo? Las cifras hablan por si solas: más de 350 mil niños soldado son torturados y obligados a matar para sobrevivir, cada año un millón de niñas y niños son obligados a prostituirse, más de ciento cincuenta millones trabajan en condiciones de explotación y semiesclavitud, otros ocho millones son directamente esclavos y 17.000 niños mueren cada día por causas que se podrían evitar perfectamente con cosas tan elementales como el acceso a comida suficiente, agua potable y vacunas.

Mirando dentro de casa, uno de cada tres niños españoles vive en situación de pobreza, uno de cada cinco sufre abusos sexuales y maltrato y 40.000 menores sin un hogar viven bajo la tutela del Estado. Y a las puertas de casa, en las fronteras de Europa, cada día se repite la tragedia hasta adormecernos. Niños tragados por el mar ante la mirada de sus padres, niños asfixiados en cajas de camiones, niños enfermos, hambrientos, ateridos de frío cruzando un paisaje hostil a menos de una semana de que el invierno convierta sus vidas en un calvario.

“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz.” Ha pasado casi un siglo desde que María Montessori lanzó este mensaje a una sociedad tan sorda como la nuestra. Eran también aquellos, tiempos de violencia y fanatismos intolerantes que arrastraron a la humanidad a dos guerras devastadoras. En 1954 la ONU decidió instituir el Día Universal del Niño, que acabó siendo el 20 de noviembre, día de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, en 1959, que supuso básicamente un avance sobre el papel, porque hasta treinta años después esos derechos del niño no fueron de obligado cumplimiento, una obligación que seguimos sin asumir.

¿Catastrofismo? ¿demagogia? ¿amarillismo? Puede que haya algo e todo eso, pero en toda esta retahíla de horrores no hay ni un solo dato inventado. A lo mejor también nos avergüenza un poco nuestro propio fracaso. Quizá esos los miles de niños que morirán hoy nos recuerdan a ese Saturno devorando a su hijo, que tan magistralmente pintó Goya y que representa a la leyenda del hombre que pudo reinar aceptando la condición de no criar hijos. Quizá el Día del Niño no haya mucho que celebrar, pero al menos es una ocasión perfecta para reflexionar sobre la incongruencia del ser humano, capaz de inventarse convenciones que no está dispuesto a respetar.

La solución es fácil: empecemos por no matar a nuestras crías y luego cambiemos el rumbo de este enloquecido planeta empezando por la base, según la receta que nos ofrece el final de la frase de María Montessori: “Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz”. Y de paz, andamos muy necesitados.

Sincronía, una sola Humanidad

Conoce nuestras campañas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s