Políticos y pacto educativo: un diálogo de sordos

negrosnegroEl pasado cinco de octubre una noticia pasaba de puntillas por las páginas de los periódicos con un titular tan optimista como engañoso: “Los grandes partidos apuestan por el pacto educativo”. Optimista, porque en las primeras líneas se mencionaba solo a representantes de cuatro partidos (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos) que pasaron un rato charlando sobre el Pacto de Estado en educación, en cuya necesidad imperiosa coincidieron todos, mientras cada uno lanzaba sus propias propuestas electorales.

El encuentro se produjo en la sede de la Fundación Santillana, de la editorial del mismo nombre que basa su negocio en los libros de texto y la literatura infantil y juvenil. A priori no parece el escenario ideal justo cuando una de las espirales de la eterna polémica sobre la renovación escolar ha sido avivada por entrada en vigor la de llamada Ley Wert, que ha supuesto un desembolso económico en nuevos libros que ha ahondado todavía más la brecha económica educativa. Pero ni este tema, ni la urgente necesidad de plantearse una renovación profunda en horarios, deberes, técnicas de enseñanza, mejoras en infraestructuras, la educación en valores y un largo etcétera de realidades inaplazables, fueron abordadas con cierta profundidad en un encuentro que no pasará precisamente a la historia.

El representante del PSOE, Angel Gabilondo, el hombre que intentó alcanzar un pacto de estado educativo en su etapa como ministro del ramo, fue bastante lapidario respecto a las posibilidades de un nuevo intento por “la mala voluntad que (los partidos) manifiestan para no llegar a un acuerdo”. Mientras, en las aulas se lamentaba la penúltima mala noticia: la enseñanza de la Filosofía prácticamente desaparece de las aulas, al pasar de obligatoria a optativa, en unos tiempos en los que la obsesión con encauzar los estudios hacia conocimientos eminentemente prácticos y técnicos, choca frontalmente con la irreversible realidad de que no sabemos que conocimientos prácticos necesitarán esos niños en el futuro para ejercer profesiones que todavía desconocemos. Según el profesorado es la puntilla para la asignatura más maltratada de los siete planes educativos de la democracia.

A esta defunción hay que sumar la de la música, la historia, la literatura o las artes plásticas, todas sacrificadas en aras de una obsesión por lo inmediato, por el detalle pragmática y el parche electoral. Porque electoral es el cúmulo de generalidades y recetas vagas esgrimidas por los representantes políticos en el encuentro de la Fundación Santillana, donde se echó de menos la presencia y referencia los profesionales de la educación, que deben ser, junto a los teóricos de la pedagogía, las familias y las entidades sociales, quienes deben impulsar y encauzar el diálogo social que establezca las bases del pacto que deben comprometerse a desarrollar todos los partidos políticos con representación parlamentaria.

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