Cuando el horror nos alcanza a todos

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En medio de un aluvión mundial de tragedias, ha venido a ser una atrocidad primitiva la que nos ha sacudido con horror en plena modorra estival. El bestial asesinato de dos niñas de 4 y 9 años a manos de su padre, durante su régimen de visitas, para no devolvérselas a la madre, ha conmocionado los oídos más encallecidos, quizá aclimatados a la tragedia de las cientos de muertes diarias de los inmigrantes, de los niños víctimas de bombardeos o el goteo incesante de accidentes y catástrofes más o menos naturales. Es la ruptura absoluta de nuestra condición de ser humano evolucionado la que nos aterra personalmente, la que nos conecta directamente con el corazón del brutal suceso.

El asesinato de Moraña tiene sus raíces en un machismo cavernario que se alimenta de miedo, egoísmo y, sobre todo, incultura. El sentimiento de posesión absoluta de otra persona por encima de toda norma, lógica y raciocinio, está tan extendido que podría llevar al diván del psiquiatra a medio país, quedándonos muy cortos. El respeto hacia los demás sólo se logra con la empatía, la emoción y la inteligencia, que son tres palabras bastante en desuso. Y eso hay que absorberlo de pequeños, sobre todo por vía familiar y también en gran medida por vía escolar, que es la única por donde podemos empezar a romper el circulo vicioso de la deficiencia educativa que padecemos como sociedad.

No analizaremos los detalles de esta atrocidad, que para detalles ya tenemos bastantes con los del festival del morbo que se desatará durante unos cuantos días, hasta la próxima tragedia espeluznante, en los medios de comunicación. Además, los detalles que nos afectan son comunes a miles de situaciones con las que convivimos a diario, como testigos o como protagonistas en mayor o menor medida. El parricidio como violencia machista llevada al extremo por el odio y la sinrazón, puede formar parte de la psicología personal, pero la acumulación de comportamientos machistas y violentos, física o verbalmente, en todos los entornos sociales, incluidos especialmente los medios de comunicación y los formadores de opinión, son un agujero negro en nuestra psicología colectiva, o sea, una vergüenza y una tara social.

Tras la sacudida del horror suele venir el silencio incrédulo que esconde una pregunta: ¿qué estamos haciendo mal para que lleguemos al extremo de que un hombre no respete la vida de sus propias hijas? Podemos empezar a cambiar las cosas en nuestros entornos cotidianos y sumar ideas y esfuerzos que cimienten un nuevo paradigma educativo que nos lleve a una sociedad de valores, o podemos acostumbrarnos a compartir el horror con la paella, que es lo que hemos venido haciendo hasta ahora. La transmisión del machismo y la violencia no es genética, pero si puede ser hereditaria. Depende de nosotros.

Sincronía, una sola Humanidad
Por un Pacto de Estado en Educación

Un comentario en “Cuando el horror nos alcanza a todos

  1. No estoy de acuerdo en absoluto,una persona no hace eso por machismo o incultura.
    Es un acto de falta de fe y de problemas psiquiátricos los que hacen que una persona se convierta en un monstruo.Es mi opinión,simplemente.
    Normalmente lo monstruos más conocidos en este mundo…fueron personas demadiado inteligentes con una grsn falta de FE.
    D.E.P a esos dos angelitos…y tortura para ese monstruo.

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