Fin de curso con fracaso de la LOMCE. ¿Y ahora qué?

aula-vaciaQueda una semana para que se acabe el curso escolar en el que se debía haber implantado la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, que no ha hecho precisamente honor a su nombre y, por lo que parece, pocas oportunidades le quedan de hacerlo. Los insistentes rumores sobre un relevo de José Ignacio Wert al frente del Ministerio de Educación, que se puede fraguar en los próximos días, y el nuevo mapa político con numerosos cambios de color al frente de los gobiernos autonómicos, evidencian lo que ya se sabía el día de la aprobación parlamentaria de la norma: que el primer cambio político supondría su defunción.

Los primeros nueve meses de vida de la llamada Ley Wert han sido una sucesión de veladas insumisiones a su aplicación por parte de colegios e institutos y solicitudes de aplazamientos en su implantación por parte de seis comunidades autónomas (Canarias, Asturias, País Vasco, Navarra, Andalucía y Cataluña). Ahora el aspirante a presidir el nuevo gobierno de Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García Page, pide al gobierno la paralización de la LOMCE, mientras la responsable catalana de Educación, Irene Rigau, hace un llamamiento a la Conferencia Sectorial que agrupa a todas las autonomías para que hagan lo propio y soliciten a Mariano Rajoy la suspensión de la aplicación de la ley hasta alcanzar un acuerdo. Y eso es solo el principio. En definitiva, la octava ley educativa de nuestra democracia ha contado con un escaso respaldo y todo auguraba que su vida dependería de la permanencia en el poder con mayoría absoluta del gobierno que la impulsó.

En el lado positivo de la balanza de este curso educativo que ahora finaliza hay que situar el aluvión de noticias sobre debates y proyectos de profundos cambios en el sistema educativo: implantación de nuevos métodos evaluativos, eliminación de los deberes, desaparición de los horarios, desarrollo de la educación emocional y un largo etcétera que apunta hacia un inapelable cambio pedagógico. Cierto que queda mucho camino por recorrer, muchas propuestas que debatir y muchos experimentos que realizar antes de llegar a un sistema consensuado acorde con los nuevos tiempos, con un futuro inmediato en el que los escolares tendrán que hacer frente a problemas que hoy sencillamente no somos capaces de plantearnos.

El debate social generado en torno a la educación y la profusión de propuestas de cambios radicales y profundos en nuestros sistema educativo convierten en inexorable la necesidad de un amplio consenso social y político que nos proporcione un nuevo modelo de enseñanza que cuente con respaldo de todos los sectores sociales implicados y que sea al mismo tiempo innovador, flexible y duradero. Para eso es necesario comenzar por exigir a nuestros representantes políticos que alcancen un Pacto de Estado en Educación. Desde Sincronía llevamos un año reclamándolo. Si estás de acuerdo, por favor, firma y comparte esta campaña:
http://www.sincronia.org/camp/pacto-por-la-educacion/

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