Desbarajustes y disparates educativos

marxcamarote“Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años!”. Esta frase pronunciada por el genial Groucho Marx en la película Sopa de Ganso, viene como anillo al dedo para explicar la situación de desbarajuste polémico por el que atraviesa nuestro panorama educativo.

Mientras los periódicos recogen la generalizada insumisión que los gobiernos autonómicos, salvo las contadas excepciones de los gobernados por el partido del gobierno, anuncian contra la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, también conocida como ley Wert, el ministro hace las maletas para marcharse a París y deja a un señor con nombre de capitán de barco, Méndez de Vigo, la tarea de capitanear el naufragio de la ley que él alumbró y la principal confederación de padres de la escuela pública, CEAPA, recomienda a los padres que el año que viene no compren los libros que servirían para aplicar la nueva norma educativa, para inmenso cabreo de las empresas editoriales, que perderían lo que se suele llamar un pastón.

Y mientras el ruido político inunda los titulares, un grupo de colegiales de toda España aprovechaban una visita al congreso de los Diputados para sacarle los colores a sus señorías, y de paso a todos nosotros, para recordarles que en todo el mundo hay 100 millones de niñas y niños que no pueden acceder a la educación y han pedido que los adultos se pongan las pilas y acuerden un compromiso para acabar con tanto desaguisado, tanto nacional como internacional.

En el fondo no piden más que el cumplimiento de los acuerdos internacionales firmados en materia educativa, pero eso parece tan ilusorio como el reiterado llamamiento al diálogo social para alcanzar un Pacto de Estado en Educación, que garantice un sistema flexible y duradero, que acabe con los permanentes bandazos legislativos, cambiando de planes a medida que cambian los gobiernos.

En definitiva, mientras los adultos y sus representantes políticos siguen abocados al “más madera, esto es la guerra”, lo chavales parecen recordarnos la vigencia de aquella otra frase grouchista que afirmaba que “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Quizá ahora que celebramos el principio del verano. deberíamos aprovechar estas vacaciones para abandonar el camarote de los Marx en el que se ha convertido nuestro sistema educativo y optar por la vía del diálogo y la razón.

Por un Pacto de Estado en Educación http://www.sincronia.org/camp/pacto-por-la-educacion/

Sincronia.org

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Aumentan los ricos… y la desigualdad

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La crisis no afecta a todos por igual. Es más, a algunos incluso les beneficia, y mucho. Desde el año 2008 en España han aumentado los millonarios, cosa que podría parecer una buena noticia sino fuera porque al mismo tiempo han aumentado, de forma tristemente espectacular, los pobres. Dicho en castellano base: los ricos cada día son más ricos y los pobres cada día son más pobres y encima hay muchos más.

Así de claro lo dejan los resultados del Informe sobre Riqueza publicado este miércoles por Capgemini y RBC Wealth Management, dos prestigiosas consultorías internacionales que sostienen que durante los últimos siete años los españoles que tienen más de un millón de dólares (880.000 mil euros) han aumentado en 50.000, mientras que según los propios datos del Instituto Nacional de Estadística, el número de ciudadanos que viven por debajo del umbral de la pobreza ha crecido en casi un tres por ciento, pasando a ser uno de cada cinco.

No hace falta ser un experto en economía y ciencias sociales para deducir que la desigualdad en nuestro país está creciendo hasta límites insoportables. La desigualdad, que es la cara más evidente de la injusticia social, es mucho más que una mera estadística en los informativos; tiene rostro, el de los 2.306.000 niños en situación de pobreza, el de las más de 40.000 personas sin hogar, el del millón y medio de familias que malviven infraviviendas o el del 12 % por ciento de españoles que viven en la pobreza a pesar de tener un trabajo, por citar solo algunos datos aportados tanto por fuentes de las administraciones públicas como por las entidades y ONG que trabajan con los excluidos.

Hace poco más de dos mil años, un sabio griego llamado Mestrio Plutarco afirmaba que el desequilibrio entre ricos y pobres es la enfermedad más antigua y más grave de todas las repúblicas. Después de dos siglos hemos eliminado muchos virus y nos hemos quitado de encima muchas dolencias corporales. Va siendo hora de eliminar la peor epidemia de todas, la de la falta de solidaridad y su consecuencia más grave: la desigualdad sangrante. Puede que suene utópico, pero el fármaco está a nuestro alcance: ponerse en lugar del excluido, no caer en la falsa creencia de que somos inmunes y pensar que cualquier día podemos ser nosotros los que estemos, literalmente, en la calle.

Sincronía, una sola Humanidad
Apoya nuestro proyecto, haz visibles a los excluidos
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Fin de curso con fracaso de la LOMCE. ¿Y ahora qué?

aula-vaciaQueda una semana para que se acabe el curso escolar en el que se debía haber implantado la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, que no ha hecho precisamente honor a su nombre y, por lo que parece, pocas oportunidades le quedan de hacerlo. Los insistentes rumores sobre un relevo de José Ignacio Wert al frente del Ministerio de Educación, que se puede fraguar en los próximos días, y el nuevo mapa político con numerosos cambios de color al frente de los gobiernos autonómicos, evidencian lo que ya se sabía el día de la aprobación parlamentaria de la norma: que el primer cambio político supondría su defunción.

Los primeros nueve meses de vida de la llamada Ley Wert han sido una sucesión de veladas insumisiones a su aplicación por parte de colegios e institutos y solicitudes de aplazamientos en su implantación por parte de seis comunidades autónomas (Canarias, Asturias, País Vasco, Navarra, Andalucía y Cataluña). Ahora el aspirante a presidir el nuevo gobierno de Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García Page, pide al gobierno la paralización de la LOMCE, mientras la responsable catalana de Educación, Irene Rigau, hace un llamamiento a la Conferencia Sectorial que agrupa a todas las autonomías para que hagan lo propio y soliciten a Mariano Rajoy la suspensión de la aplicación de la ley hasta alcanzar un acuerdo. Y eso es solo el principio. En definitiva, la octava ley educativa de nuestra democracia ha contado con un escaso respaldo y todo auguraba que su vida dependería de la permanencia en el poder con mayoría absoluta del gobierno que la impulsó.

En el lado positivo de la balanza de este curso educativo que ahora finaliza hay que situar el aluvión de noticias sobre debates y proyectos de profundos cambios en el sistema educativo: implantación de nuevos métodos evaluativos, eliminación de los deberes, desaparición de los horarios, desarrollo de la educación emocional y un largo etcétera que apunta hacia un inapelable cambio pedagógico. Cierto que queda mucho camino por recorrer, muchas propuestas que debatir y muchos experimentos que realizar antes de llegar a un sistema consensuado acorde con los nuevos tiempos, con un futuro inmediato en el que los escolares tendrán que hacer frente a problemas que hoy sencillamente no somos capaces de plantearnos.

El debate social generado en torno a la educación y la profusión de propuestas de cambios radicales y profundos en nuestros sistema educativo convierten en inexorable la necesidad de un amplio consenso social y político que nos proporcione un nuevo modelo de enseñanza que cuente con respaldo de todos los sectores sociales implicados y que sea al mismo tiempo innovador, flexible y duradero. Para eso es necesario comenzar por exigir a nuestros representantes políticos que alcancen un Pacto de Estado en Educación. Desde Sincronía llevamos un año reclamándolo. Si estás de acuerdo, por favor, firma y comparte esta campaña:
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Hay que garantizar una educación integral que no responda solo a la demanda del mercado

fotosCentroServletEntrevista al AMPA del CEIP Dulce Chacón de Cáceres

¿Cuál es la situación de la enseñanza española? ¿Tan mal como indican el informe PISA y otro similares?
El Informe PISA barema los contenidos educativos priorizados por las demandas del mercado, pero no valora la adquisición real de competencias básicas o competencias clave por parte del alumnado. Sus conclusiones hay que considerarlas como una evaluación más del sistema educativo, pero nunca como la única ni la principal.

¿Cuál es el principal problema de nuestra educación?
Sin duda, que cada gobierno quiere imponer su propia ley educativa sin consensuarla con los demás partidos políticos mediante un Pacto de Estado y sin consultar con los sectores de la comunidad educativa afectados. Así, cada partido que accede al gobierno lleva a cabo su propia reforma educativa, que en realidad no hace sino apuntalar la anterior (del partido contrario) sin ofrecer soluciones a los tradicionales problemas y carencias de nuestro sistema educativo, volviendo locos a profesores, alumnado y padres con los cambios de currículos y libros de texto, y propiciando el beneficio económico de las editoriales.

¿Por dónde pasan las soluciones para mejorar nuestra enseñanza?
Sin duda, por un Pacto de Estado para la Educación que garantice la continuidad y coherencia de la legislación educativa por encima de los cambios de gobierno.

¿Cuáles son los principales retos educativos del nuevo siglo?
Garantizar una educación integral de nuestros hijos e hijas que no responda exclusivamente a las demandas formativas del mercado de trabajo, sino que también sea capaz de atender a la formación en valores.

¿Hemos incorporado adecuadamente las nuevas tecnologías al ámbito escolar?
No siempre. A menudo se ha priorizado el titular de prensa, acelerando la introducción de nuevas tecnologías sin que profesorado y alumnado hayan sido suficientemente formados al respecto.

¿Hasta qué punto es importante y posible lograr un consenso educativo?
Es, más que importante, fundamental el consenso en materia educativa. Posible, siempre y cuando lo quieran los partidos políticos con opciones de gobernar, y muy deseable para lograr una continuidad, una estabilidad y una coherencia tan necesarias para asegurar el éxito del sistema educativo.

¿Cuáles son los principales problemas para llegar a un pacto de Estado en Educación?
Los intereses partidistas han sido hasta ahora el obstáculo. La ampliación del espectro parlamentario con la irrupción de nuevas fuerzas políticas puede -y debería- acabar con esta limitación.

¿Cuál debe ser el papel de los padres en el proceso educativo? ¿La escuela es un sitio donde se educa o donde se enseña?
Los padres deben, como agentes del sistema educativo, participar activamente en el proceso y, por supuesto, ser consultados antes de cada reforma educativa. La escuela, como la familia, es un sitio donde se educa y donde se enseña. Educación y enseñanza van unidas, en la escuela, en la familia y en la vida.

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Por un Pacto de Estado en Educación. Firma y difunde esta campaña

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Aporofobia: la pobreza como estigma

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Los pobres, los mendigos, son seres estigmatizados, una lacra social, una remora para el sistema de atención pública, unos parásitos que se nutren de ayudas que debería ser para personas productivas. Según las entidades que trabajan con los excluidos, cada día son más los ciudadanos que piensan así y que miran a las personas sin recursos económicos con rechazo y odio, como si fuesen los únicos responsables de esa situación. Este aberrante comportamiento tiene un nombre: aporofobia. La palabra define el odio, la repugnancia y la hostilidad hacia los pobres y los marginados; pero su etimología retrata perfectamente la raíz del asunto: es el miedo a la pobreza, como si ésta fuera una plaga contagiosa y no la mayor expresión de la injusticia social.

La aporofobia tiene su expresión más salvaje en las agresiones a mendigos, más habituales de lo que pudiera parecer en un principio, ya que la mayoría no se denuncian y otras quedan registradas como reyertas entre vagabundos y borrachos. Aunque hace ya un lustro que pasó a engrosar la lista de delitos de odio del ministerio del Interior, la aporofobia sigue aumentando día a día y se ha instalado en el imaginario del odio de los sectores más ultras. Pero en una línea más tenue, esta fobia criminal llega a niveles políticos y de administración pública, como denuncian algunas organizaciones sociales como Cáritas, RAIS Fundación o Fundació Arrels, cuyos voluntarios trabajan directamente con las personas sin hogar y advierten del peligro que suponen noticias sobre creaciones de censos de mendigos, declaraciones sobre la necesidad de “limpiar de indigentes” ciertas zonas de la ciudad o la instalación pública de la llamada “arquitectura urbana disuasoria”, o sea, la instalación de bancos públicos, marquesinas, portales o zonas de parques, inhabitables para los mendigos.

Aunque las estadísticas oficiales hablan de unas 23.000, las entidades y PONG contra la pobreza calculan que el número real ronda las 40.000 personas sin hogar, y más de la mitad han sufrido algún tipo de agresión. A esta situación hay que sumar el millón y medio de familias que malviven en infraviviendas. Según en el Informe Foessa 2014, en España hay cinco millones de ciudadanos en situación de exclusión severa, una cifra trágica pero revisable al alza tras los datos publicados la semana pasada por el Instituto Nacional de Estadística, que advierten que la población en riesgo de pobreza o exclusión social crece hasta el 29 %, insoportablemente cerca de un tercio de la población. Para acabar de ensombrecer este ya de por si negro panorama los últimos datos del INE revelan que dos millones de personas están en riesgo de pobreza pese a tener trabajo y que la tercera parte de estos trabajadores pobres son autónomos y casi medio millón, asalariados a tiempo parcial.

La exclusión social va una paso más allá de la pobreza (habitualmente el penúltimo paso antes de la indigencia) y define un proceso en el que una persona no puede ejercer sus derechos sociales básicos como ciudadano. Porque, un excluido es un ciudadano al que se le han arrebatado de facto sus derechos más elementales y al que algunos pretenden estigmatizar, enviándolo a un limbo de miseria, enfermedad y locura. Por eso es fundamental dar visibilidad al problema, ponerle rosto a la tragedia y luchar con todas las fuerzas contra esa palabra de horrible nombre y espantosas consecuencias: la aporofobia. Desde la Asociación Sincronía, una sola Humanidad queremos aportar nuestro grano de arena con el proyecto “Ultima parada: la calle”, un documental en el que queremos implicar a todos aquellos que quieran facilitar imágenes, dar a conocer su testimonio personal o simplemente apoyar economicamente los modestos costes de su realización.

Gracias
Sincronía, una sola Humanidad
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