EL SILENCIO COMO EPITAFIO

Mar

“Unos 400 inmigrantes mueren ahogados tratando de alcanzar Italia”. Detrás de ese escueto titular se esconde no solo una catástrofe humanitaria, sino también una patética realidad informativa. De entrada, los medios de comunicación recogen una información de una ONG, Save The Children, que ha alertado de que en esta tragedia habrían perdido la vida “muchos hombres jóvenes, probablemente niños” y esa alerta ha funcionado como acicate, aunque no lo suficiente para llevar a primerísimo plano una realidad tan cotidiana como ignorada.

Ha sido necesaria una tragedia descomunal para que nos hayamos enterado de que en los últimos días miles de personas se han jugado la vida para llegar a nuestras costas, y decimos nuestras porque, a pesar de lo que afirma el titular de la noticia, quizá muchos de esos inmigrantes no querían alcanzar Italia, o incluso ignoraban que iban hacia allí. Probablemente lo que querían alcanzar era la salida al túnel de su desesperación encarnado en una Europa rica y prospera a sus ojos. Solo en los últimos cuatro días más de ocho mil personas han conseguido llegar a las costas europeas huyendo desde el norte de África. Y esa es una cifra que solo cuenta los supervivientes e ignora los cientos de tragedias que se producen a diario sin que nadie o casi nadie tenga conocimiento de ello.

Hace un mes una cooperante de otra ONG, Caminando sin Fronteras, notificaba una llamada desesperada desde una patera con rumbo a Canarias: “Nos hemos perdido. No tenemos gasóleo. ¡Socorro!”. Era la segunda patera perdida en una semana en la misma zona. Al final, tras diez días a la deriva, fueron rescatadas trece personas. Otras ocho murieron y fueron arrojadas al mar por los supervivientes. Aquel día la portada de los principales periódicos la ocupaba una sola noticia con diversos titulares: “La policía busca la razón por la que el copiloto estrelló el avión”, “El copiloto que estrelló el A320 paró su formación por depresión” o “Un joven copiloto fuera de toda sospecha estrelló el avión”.

Sin querer restarle un ápice de importancia a la tragedia aérea de Los Alpes, resulta informativamente dolorosa la comparación del despliegue de medios destinados a cubrir ambas noticias, masivo en el caso del avión de Germanwings y prácticamente nulo en el caso de la patera, como masivo fue el doloroso homenaje a las victimas y sepulcral el olvido de los muertos que se tragó el mar. Como olvidadas serán pronto los cuatrocientos muertos de la embarcación naufragada en el Mediterráneo. La información convertida en espectáculo crea tragedias con distinto rasero y distintas actitudes ante la tragedia y el dolor. Decía Miguel de Unamuno que a veces el silencio es la peor mentira y nos permitimos añadir que a menudo el olvido es la mejor complicidad con la injusticia.

Sincronía, una sola Humanidad.

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