Leer: ¿diversión o sacrificio?

Niños leyendo tebeosEl Global Teacher Prize, una especie de Premio Nobel de los maestros, lo ha ganado una profesora norteamericana, Nancie Atwell, que ha conseguido que sus alumnos lean más de cuarenta libros al año con un truco tan ingenioso como simple: dejar que el niño elija, que lea para que luego escriba bien. En definitiva, dar libertad a los niños para que se tomen la lectura como un pasatiempo y no como una pesada carga. Lástima que algo tan aparentemente sencillo esté en las antípodas de lo que practicamos aquí en casa, al menos de lo que imponen nuestras normas educativas.

El nivel de lectura es uno de los indicadores de la evolución de una sociedad. Junto a la transparencia, la justicia social y la capacidad asociativa, suele demostrar el nivel de calidad de su democracia porque esta enraizada en dos de sus pilares básicos: la educación y la cultura. Pero a veces la realidad depara sorpresas. De acuerdo con el último indicador de lectura, el World Culture Score publicado por el organismo internacional NOP World, el país que más lee del mundo es India y no porque tenga más habitantes, sino porque sus ciudadanos dedican una media de diez horas y cuarenta minutos semanales a la lectura. Justo por debajo están Tailandia, China, Filipinas y Egipto, que no son precisamente unos modelos de democracia irreprochable.

En Europa, el país que más nivel de lectura tiene es la República Checa, seguida de Rusia, Suecia y Francia. En el ranquing mundial, España ocupa el puesto 21, por encima de Canadá , Alemania y Estados Unidos y por debajo de Turquía y Argentina. Lo más grave es que según el último informe PISA tenemos uno de los niveles de lectura más bajos de la OCDE, junto con Italia, lo que coloca a nuestros escolares en una lamentable situación de cara a su futuro personal y laboral.

Uno de cada tres españoles afirma que no lee “nunca o casi nunca”, según el último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. Casi la mitad afirma rotundamente que no leen porque sencillamente no les interesa, lo cual desmorona el manido argumento de que no leemos porque los libros son caros, cosa que no le preocupa ni siquiera a uno de cada cien de nuestros compatriotas.

Si, como decíamos al principio, el nivel de lectura es uno de los principales indicadores de una sociedad, la nuestra tiene un serio problema y solventarlo no es urgente, es vital. Y la única forma de hacerlo es empezar por la raíz, la escuela, donde los niños deben aprender que leer no es un sacrificio sino una diversión. En nuestras manos está evitar que los niños, esos tan cacareados ciudadanos del mañana, tengan un futuro fallido de antemano.

Sincronía, una sola Humanidad

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