UNA SONRISA TIRADA EN LA CALLE

Jor Rigoli 1Jorge Alberto Ripoli falleció a finales de febrero en un hospital de Buenos Aires. Era un actor simpático que llegó a la fama con una frase tonta, que a tenor de como acabó su vida, ha cobrado un significado especial: “¡Yo sigo!”. Fue como una segunda defunción, porque Joe Rigoli, el nombre con el que le conocemos millones de españoles que a finales de los 70 y principios de los 80 consumíamos la única televisión española, murió hace mucho tiempo, cuando acabó en la calle, pidiendo para sobrevivir, hasta que una organización de actores lo recogió y lo llevó al geriátrico donde pasó sus últimos días. El actor que gracias a su guiños simpáticos y sus muecas exageradas había ganado millones en España antes de regresar a su Argentina natal, se fue después de sufrir en propia carne el infierno de la indigencia.

Cuentan los que le conocieron entonces que en sus peores momentos trataba de mantener la sonrisa y trataba de escapar de la amargura con una filosofía a la par positiva y resignada: “Hay dos maneras de vivir: disfrutando lo que tenés o sufriendo lo que te falta”. Felipito Tacatún, el nombre de su personaje televisivo más popular, ha vuelto a las pantallas en un último homenaje, a la par nostálgico y morboso, un canto al “no somos nadie” y “así es la vida”, que nos permite volver a pasar al lado del mendigo de la esquina tratando de no verlo, ignorando que vientos de la vida vida le han arrinconado allí.

En el caso de Joe Rigoli le sobrepasó el dinero, según el mismo confesaba, y malbarató su vida, o tal y como él decía: “Cuando la ganá fácil, la gastá fácil”; a otros les sobrepasó la quiebra de un negocio, la estafa de un banco, la pérdida de un empleo, el maltrato de su pareja, las consecuencias de un divorcio, las secuelas de un accidente o cualquier otra de esas otras puertas giratorias de la vida que no llevan a los consejos de administración sino directamente a la calle.

Según el cálculo de entidades sociales como Cáritas, Solidarios para el Desarrollo o Fundación Arrels, más de 40.000 españoles viven en la calle, atrapados en la indigencia, abrazados como náufragos al embrutecimiento progresivo que lleva al alcoholismo o la demencia. Desde el inicio de la crisis ha ido en aumento el número de personas que, llevando una vida normal, por un tropiezo económico o personal se quedan sin apoyos, sin cobertura económica ni familiar y acaban convirtiéndose en un sin techo.

A este vergonzante censo hay que añadir un número creciente de personas que aún teniendo un trabajo, éste es tan precario que se ven obligados a vivir en sus vehículos, locales abandonados o dependencias como las salas de espera de los aeropuertos. Son personas que quedan fuera de las estadísticas oficiales y de los servicios públicos de atención básica, condenados a subsistir gracias a la solidaridad de la ciudadanía, sin apenas esperanzas de poder romper el círculo de marginación y pobreza si no reciben atención.

Si también te preocupa esta situación y te gustaría colaborar para que la voz de los sin techo llegue a toda la sociedad, quizá te interese nuestro proyecto LA CALLE, ÚLTIMA PARADA.

http://www.sincronia.org/proyecto/ultima-parada-la-calle-documental/

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