UNA SONRISA TIRADA EN LA CALLE

Jor Rigoli 1Jorge Alberto Ripoli falleció a finales de febrero en un hospital de Buenos Aires. Era un actor simpático que llegó a la fama con una frase tonta, que a tenor de como acabó su vida, ha cobrado un significado especial: “¡Yo sigo!”. Fue como una segunda defunción, porque Joe Rigoli, el nombre con el que le conocemos millones de españoles que a finales de los 70 y principios de los 80 consumíamos la única televisión española, murió hace mucho tiempo, cuando acabó en la calle, pidiendo para sobrevivir, hasta que una organización de actores lo recogió y lo llevó al geriátrico donde pasó sus últimos días. El actor que gracias a su guiños simpáticos y sus muecas exageradas había ganado millones en España antes de regresar a su Argentina natal, se fue después de sufrir en propia carne el infierno de la indigencia.

Cuentan los que le conocieron entonces que en sus peores momentos trataba de mantener la sonrisa y trataba de escapar de la amargura con una filosofía a la par positiva y resignada: “Hay dos maneras de vivir: disfrutando lo que tenés o sufriendo lo que te falta”. Felipito Tacatún, el nombre de su personaje televisivo más popular, ha vuelto a las pantallas en un último homenaje, a la par nostálgico y morboso, un canto al “no somos nadie” y “así es la vida”, que nos permite volver a pasar al lado del mendigo de la esquina tratando de no verlo, ignorando que vientos de la vida vida le han arrinconado allí.

En el caso de Joe Rigoli le sobrepasó el dinero, según el mismo confesaba, y malbarató su vida, o tal y como él decía: “Cuando la ganá fácil, la gastá fácil”; a otros les sobrepasó la quiebra de un negocio, la estafa de un banco, la pérdida de un empleo, el maltrato de su pareja, las consecuencias de un divorcio, las secuelas de un accidente o cualquier otra de esas otras puertas giratorias de la vida que no llevan a los consejos de administración sino directamente a la calle.

Según el cálculo de entidades sociales como Cáritas, Solidarios para el Desarrollo o Fundación Arrels, más de 40.000 españoles viven en la calle, atrapados en la indigencia, abrazados como náufragos al embrutecimiento progresivo que lleva al alcoholismo o la demencia. Desde el inicio de la crisis ha ido en aumento el número de personas que, llevando una vida normal, por un tropiezo económico o personal se quedan sin apoyos, sin cobertura económica ni familiar y acaban convirtiéndose en un sin techo.

A este vergonzante censo hay que añadir un número creciente de personas que aún teniendo un trabajo, éste es tan precario que se ven obligados a vivir en sus vehículos, locales abandonados o dependencias como las salas de espera de los aeropuertos. Son personas que quedan fuera de las estadísticas oficiales y de los servicios públicos de atención básica, condenados a subsistir gracias a la solidaridad de la ciudadanía, sin apenas esperanzas de poder romper el círculo de marginación y pobreza si no reciben atención.

Si también te preocupa esta situación y te gustaría colaborar para que la voz de los sin techo llegue a toda la sociedad, quizá te interese nuestro proyecto LA CALLE, ÚLTIMA PARADA.

http://www.sincronia.org/proyecto/ultima-parada-la-calle-documental/

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CAMINO A LA ESCUELA: el documental que coloca la educación como bien supremo

camino a la escuela

Dirigida por Pascal Plisson, esta película documental cuenta la historia real y cotidiana de cuatro niños –Jackson, Carlitos, Zahira y Samuel-  que deben enfrentarse con numerosas dificultades, e incluso peligros, para llegar cada día a la escuela. Viven en cuatro puntos muy distintos y  distantes de la tierra, la India, Argentina, Kenia y Marruecos, pero comparten las mismas ganas de aprender y, sobre todo, son conscientes de que sólo la educación les abrirá las puertas a un porvenir mejor.

La película está alcanza un merecido pero también inesperado éxito en nuestros cines y son numerosos los colegios que programan salidas conjuntas de grupos escolares para ver el documental y concienciar a nuestros jóvenes estudiantes de la importancia de una oportunidad, la de educarse en condiciones de normalidad, de la que no gozan millones de niños en nuestro planeta.

Ver trailer de la película

Aunque en nuestro país los problemas de la educación distan mucho, afortunadamente, de lo que se reflejan en el documental, el paulatino deterioro de nuestro sistema escolar nos obliga a hacer una profunda reflexión sobre el futuro de dicho sistema y los imprescindibles cambios que debe afrontar para hacer frente a las necesidades del siglo XXI, de la era de la revolución de las comunicaciones.

Desde Sincronia.org proponemos que los cambios imprescindibles que nuestro sistema educativo debe afrontar pasan por el diálogo y el consenso, de los que debe salir un sistema estable y duradero en el tiempo.

Si estás de acuerdo con este concepto, apoya nuestra campaña POR UN PACTO DE ESTADO EN EDUCACIÓN

http://www.sincronia.org/camp/pacto-por-la-educacion/

El abuso sexual infantil: una realidad cotidiana y oculta

PRUEBA 1

La Policía Nacional ha detenido en Alicante a 12 personas por distribuir pornografía infantil a través de Internet. Según las primeras informaciones, uno de los arrestados se le ha intervenido material producido por él, en el que se aprecia cómo abusó sexualmente de dos niñas de su entorno familiar.

Uno de cada cinco menores sufre abusos sexuales pero sólo se conoce el dos por ciento de los casos. Ocho de cada diez se producen en el círculo familiar y entornos de confianza, lo que impide detectar el problema.

Vicki Bernadet, víctima y fundadora de la primera entidad contra abusos sexuales, la fundación que lleva su nombre, sabe muy bien cual es la gravedad de la situación: “Un 23 por ciento de niñas y un 15 por ciento de niños sufre algún tipo de abuso sexual antes de los 17 años. De estos, un 60 por ciento nunca recibirá ayuda de nadie porque no lo habrá explicado y no se le habrá detectado”.  En la entrevista que concedió en su momento a Sincronia.org, también apuntaba claramente hacía el concepto básico de la solución: “No basta con evitar el abuso a tus hijos, necesitamos conciencia colectiva”

Puedes leer la entrevista completa en nuiestra web.

http://www.sincronia.org/voces/vicki-bernadet/

Es necesario realizar una labor de educación y formación en los colegios para prevenir los casos de abuso. Para eso hemos puesto en marcha nuestra campaña PROTEJAMOS A LOS NIÑOS DEL ABUSO SEXUAL. Si quieres apoyarla, firma y difunde.

http://www.sincronia.org/camp/abuso-sexual/

Condenados a aprender: Las consecuencias de obligar a los niños a ir a la escuela

libro-condenados-aprender2‘Condenados a aprender’ es el nuevo libro del profesor de secundaria y consultor informático Manel Moles, que ya entrevistamos en este mismo blog Be Sincro (Manel Moles: “Hay que dejar de tratar la enseñanza como si fuese una competición deportiva”). El libro vuelve a reflexionar acerca de la educación infantil en casa -los denominados homeschoolers– que en nuestro país no goza de tradición, además de estar “penalizado” con dos años de retraso para estos alumnos, a los que la ley obliga a la mayoría de edad para examinarse al título de Graduado en ESO.

En esta ocasión, Moles se plantea las consecuencias de obligar a los niños de entre 6 y 16 años a asistir a la escuela, por encima de sus circunstancias personales, deseos y preferencias. “En muchos casos, la escolarización obligatoria se convierte en un aprendizaje a la fuerza. Pero ¿es posible aprender a la fuerza?” se pregunta el autor. “El aprendizaje a la fuerza ¿no estará impidiendo o dificultando un aprendizaje real y natural?”.

Manel Moles es miembro de la Coordinadora Catalana para el Reconocimiento y la Regulación de la Educación en Familia. Tiene tres hijos y los educa en casa junto con su mujer. ‘Condenados a aprender’ es su segundo libro, tras ‘No quiero ir a la escuela’ y lo publica también Círculo Rojo.

Sincronía, una sola Humanidad

Por un gran Pacto de Estado en Educación. Ayúdanos a ganar esta campaña:

http://www.sincronia.org/camp/pacto-por-la-educacion/

Los partidos políticos utilizan la educación con fines ideológicos, no formativos

foto__agustin_de_la_herran_0 - copia (2)     Agustín de la Herrán

     Profesor de Formación en la UAM 

¿Nuestro sistema educativo cumple las funciones y objetivos que la sociedad del siglo XXI le requiere?

La sociedad del siglo XXI no sabe lo que está haciendo. Por tanto lo que le requiere al sistema educativo sólo es una parte de lo que necesita. La sociedad no sabe a dónde va, ni quién conduce su vehículo, ni su nivel de conciencia, ni tampoco su sentido. Ignora todo esto. Pero eso no es lo más preocupante. Lo más alarmante es que ignora que lo ignora. Sólo le interesa el terreno por donde pasa y los siguientes metros; repara en la aceleración, en las curvas a uno y otro lado, en lo que le afecta directa o indirectamente.

Una de las causas por las que pasa esto aparece en la pregunta: no hay correspondencia entre “nuestro sistema educativo” y “la sociedad del siglo XXI”. Los sistemas educativos son egocéntricos, nacionalistas. No les preocupa “la” sociedad, sólo “su” sociedad. Sólo miran a la sociedad si les puede repercutir, si les puede afectar. Mientras que nuestra sociedad sea la del egocentrismo, la de la ignorancia o de la inmadurez, no existirá. Estará compuesta de multitud de sistemas egocéntricos que pensarán y sentirán su realidad creyendo que cada uno de ellos son el ombligo del universo social. Y todos harán lo mismo. Por tanto, en conjunto, toda la sociedad estará fragmentada y adolecerá de miopía. Verá bien, pero sólo de cerca. No profundizará. No incorporará ningún horizonte de humanidad en su discurso o en su transcurso. De hecho, la humanidad, a la que se refirieron las grandes pedagogías de la antigüedad y del renacimiento, apenas está en los currícula oficiales.

Todo esto es completamente lógico: por una parte no hay apenas conciencia de la identidad de humanidad. Frente a ella hay una hipertrofia de identificación nacionalista, política, religiosa, fragmentaria, parcial, etc. gracias a la proliferación de fronteras, grietas y barreras externas e internas de todo tipo. Lo que ocurre en lo social es una proyección del estado interior. La carencia es de educación. Pero de una educación sustantiva y verbalmente distinta. Los sistemas educativos nacionales sobre todo adoctrinan y forman periféricamente a las personas. Al no profundizar, al no interiorizar realmente, no educan plenamente a nadie, no pueden hacerlo.

Desde tu experiencia personal, ¿cuáles son los principales problemas de la educación en nuestro país?

Desde mi experiencia personal hay varios problemas interrelacionados en nuestro país. Son los mismos problemas que lastran la educación en otros países, en otros entornos, fundamentalmente del primer mundo, que es quien desde mi perspectiva más necesita el cambio educativo radical que analizamos y proponemos. Algunos de ellos son:

  1. La educación se considera un objeto de opinión, no de ciencia. Por eso dos suberrores graves asociados a éste son: 1º) Conformarse o dar por buenas opiniones parciales, siempre que en ellas resuene la nuestra, y 2º) No preguntar a los científicos cuyo objeto de estudio es la educación y que por ello menos la desconocen: los pedagogos. (En su lugar, con frecuencia, se recurre a otros profesionales afines que, desde su mejor intención, contribuyen a la confusión, con lo que toda la sociedad pierde, sin apercibirse de ello).
  2. Sólo se conoce la periferia de la educación. Se desconoce su profundidad. Por tanto, no se comprende ni su naturaleza ni su sentido. Desde aquí, parafraseando a Lao Tse, cuanto más se habla de educación, menos se sabe. Cuanto más se sube, menos se asciende.
  3. No se cae en la cuenta que el sentido de la sociedad coincide con el sentido de su propia educación. Por eso, la única sociedad que tiene sentido es la que define una paideia, un proyecto basado en la verdadera cultura (cultivo) y el conocimiento. Como no estamos en la sociedad del conocimiento y el conocimiento no se desea, no se anhela, esto no es posible hoy. El nivel de conocimiento y de conciencia social de grandes poblaciones de adultos es muy bajo, ni siquiera ha superado la adolescencia y el incivismo.
  4. Se educa para la acumulación y el ruido, no para la pérdida y el silencio.
  5. Se educa para el pensamiento, no para el corazón o para el ser.
  6. Se asocia educación con lo exterior al ser (cultura, desarrollo, tecnologías, sociedad, pensamiento, emociones, competencias, actuaciones…) y no con su interior o con lo exterior en función de lo interior. No se ayuda a diferenciar entre lo existencial y lo esencial.
  7. No se renuncia a sesgar la educación para adoctrinar o condicionar nacional, política, religiosa, cultural, científicamente, etc.
  8. Se educa para la parcialidad, para la dualidad, para la superficialidad, para la exteriorización, para la descentración, para el entretenimiento, en la creencia (convicción) de que cualquier punto de la circunferencia es su centro.
  9. No se educa para reconocer y soltar inmadurez y egocentrismos personales, colectivos y sociales.
  10. No se educa para la desidentificación, para el descondicionamiento.
  11. No se educa la razón, comenzando por la conciencia de la propia ignorancia. Tampoco se educa en la rebeldía. Por tanto, se educa presocráticamente.
  12. No se educa para el autoconocimiento, que se confunde con autoanálisis. Morimos con muchos o menos años ignorándonos absolutamente.
  13. No se educa para la universalidad, para sentir y contribuir al bien de la humanidad.
  14. No se educa para la evolución de la conciencia.
  15. No se educa para meditar, para detener y dominar el pensamiento, para crecer interiormente, etc.

¿Por dónde pasan las soluciones para mejorar nuestra enseñanza?

La clave no son sólo las soluciones. Tampoco depende de “nuestra” enseñanza. Más bien, ahí radica un problema que ya hemos comentado en una pregunta anterior. La educación no ha despegado su vuelo porque sistemáticamente se ha polarizado casi sólo en solucionar problemas sociales. En el tren social la educación se ha colocado como vagón de cola respondiente. Pero no es ésa su función más destacada o propia. La función más propia de la verdadera educación es ayudar a formar a las personas, o sea, educar para la conciencia. La conciencia se refiere a toda la realidad, que es exterior e interior. La conciencia de la realidad interior está abandonada. Es un erial. La conciencia de la realidad exterior está escorada, manipulada. No vemos bien y tampoco sentimos bien. Nuestro estado de identificación social y de condicionamiento permanente lo impiden. Y por eso hay un isomorfismo entre la fragmentación de lo exterior y la parcelación de lo interior. Lo exterior depende de lo interior y no hay cambio exterior sin cambio interior. Por eso de la educación depende todo real, concreta, prácticamente. Esta toma de conciencia es la semilla del futuro árbol del desempeoramiento, la mejora y la solución a la vez.

En segundo lugar, me gustaría compartir con ustedes la “teoría de la mora”. Diría lo siguiente: El centro de la educación no es el alumno. La figura geométrica representativa no es una esfera. La educación en general es un fracaso, en gran medida, porque se ha venido entendiendo –por influencia de una Pedagogía paidocéntrica y de la Psicología metida a Pedagogía- que el centro de la educación era el alumno. Y esta premisa apenas discutida es falsa. Hay muchos centros de la educación (el alumno, su familia, los medios, los maestros, el centro docente, los entornos del centro, el currículo, la inmadurez generalizada de la sociedad, la administración política, la formación del político ejecutivo y de sus asesores, las tradiciones, la historia…). Si la educación se polariza en el alumno sólo, no acertará plenamente. Si lo hace comprendiendo que la educación es una tarea compartida familia-escuela –por lo que la figura geométrica de referencia podría ser una elipse, con dos focos-, será más eficaz. Si se considera la formación pedagógica (inicial y continua) del profesorado como otro centro, será más completa. Si se activa la participación de los medios -que dan cuerda a todo, para bien y para mal- en la educación de la sociedad, la vida será más eficiente, y así sucesivamente. De este modo llegaríamos a definir la mora como la representación de un enfoque educativo aparentemente multicéntrico desde el que la educación desarrollada sería infinitamente más eficiente. Hoy día, la escuela está muy sola y desde las otras esferas de acción se actúa desde la ocurrencia. La Pedagogía tendría que ser la ciencia más popular, por el bien de toda la sociedad. La teoría de la mora no termina aquí. Termina definiendo un centro de centros, porque toda mora tiene su centro. Y éste sólo puede ser cada uno de nosotros que toma conciencia de esta posibilidad, nuestra conciencia aplicada.

¿Estamos preparados para enfrentarnos a los retos educativos del siglo XXI? ¿Cuáles son esos retos y que respuesta exigen? ¿Hacia qué modelo educativo debemos ir?

Depende de qué consideremos retos educativos. Éste es otro problema radical que conviene aclarar. Hay retos del oleaje periférico y hay retos mucho más profundos. Hay retos exteriores que son encargos sociales a la escuela y a la universidad (que es parte de la escuela). Y hay necesidades sordas esenciales para la formación que no se demandan. Hace quince años la maestra Isabel González Sánchez y un servidor las denominamos “temas radicales”. La educación y la Pedagogía de la muerte, del autoconocimiento, para la pérdida de ego, de la humanidad, de la madurez personal, la educación y Pedagogía prenatales, etc. son algunos de ellos. Éstos no son retos del siglo XXI, son temas perennes. Son raíces de un árbol mayor, que es el de la educación de la conciencia o de la posible evolución humana.

En cuanto a la educación, estamos en su superficie. No consideramos su profundidad, no conocemos su parte radical, que sostiene y nutre a la visible. Al no profundizar en ella, no la comprendemos. No estamos educando. Toda la cuestión emocional, sentimientos, autoestima, etc. no es más que lo exterior de lo interior.

Nuestra educación está descentrada, carece de una conciencia clara de su centro. Es preciso recuperar el centro de la educación en su discurso, en su consideración. El centro ya nos lo enseñaron algunos maestros, algunos grandes pedagogos como Lao Tzu, Zhung zi, Sócrates, Buda o recientemente Maharsi, Krishnamurti u Osho. Es la conciencia del ser, es el autoconocimiento. Sin él la educación está desnortada. Promoverá acumulación, análisis, comprensión, investigación, creatividad, crítica, incluso autocrítica, pero no ayudará ni a ver ni a despertar ni a ser más ni mejores personas. Nuestra sociedad seguirá incurriendo en los mismos errores.

La respuesta no sólo ha de ser radical –porque atienda a las raíces de lo externo-, sino además superficial. Lo superficial (las emociones, el pensamiento, las acciones, las realizaciones, los proyectos, los anhelos, etc.) es una parte crucial de la edificación educativa. La educación ha de ser capaz de relacionar profundidad y superficie armónica, naturalmente. Ha de incluir lo exterior y lo interior, todo el ser. Por eso entendemos que el enfoque educativo necesario podría denominarse “enfoque radical e inclusivo de la formación”.

Desde un punto de vista sintético, promovería desde la complejidad la posible evolución humana, y no sólo el progreso profesional, tecnológico y económico. Desde un punto de vista operativo, propondría un modelo curricular tridimensional o un currículo 3D cuyos ejes serían:

  1. Asignaturas, áreas curriculares o áreas de experiencia.
  2. Temas transversales (competencias, valores y virtudes): encargos sociales, cualidades sociales y personales deseables.
  3. Temas radicales o perennes: necesidades formativas profundas o claves que, no obstante, no se demandan. Se desarrollarían en torno a temas perennes y pedagogías asociadas a la conciencia, el egocentrismo, la madurez, el autoconocimiento, la humanidad, la muerte, el amor, la educación prenatal, etc.

¿La aplicación de las llamadas nuevas tecnologías es la adecuada en nuestros centros escolares?

Las nuevas tecnologías (TIC) son nuevas posibilidades. Nuevas posibilidades para el ‘con qué’, que es una parte del ‘cómo’. El ‘cómo’ es la metodología, y las TIC pueden formar parte de ella. En mi experiencia como formador de profesores he constatado que el conocimiento profesional sobre metodología didáctica de enseñanza es, en general, aceptable en maestros y maestras de segundo ciclo de educación infantil. Escasa en primer ciclo de infantil y en primaria. Mala en secundaria y casi nula en universitaria. Si apenas hay formación en metodología didáctica, la presencia de las TIC sólo puede generar una enseñanza aparentemente actualizada. Pero podría estar profunda, didácticamente obsoleta. Es como montar una tienda con un escaparate que no representa lo que el negocio contiene en realidad. Tiene algo de estafa para uno mismo y para los demás.

La clave siempre es la formación. Y dentro de la formación lo esencial es lo que subyace a ella. Sin raíces largas y fuertes el árbol no puede ser alto. En el caso que nos ocupa, la atención ha de prestarse a la formación pedagógica del profesorado, dentro de la que una pequeña pero indispensable parte es la formación metodológica y dentro de ella la instrumental, con y sin TIC. Con buena formación didáctica, la posibilidad de un enfoque más formativo de las TIC, de emplearlas con más conciencia o desde el conocimiento -y no desde creencias, tradiciones, imposiciones, modas o desde investigaciones en el aula superficiales o sesgadas- se incrementa, porque se fundamenta sólidamente. Toda planificación de la enseñanza y toda decisión metodológica o instrumental ha de ponerse en función de la formación de cada alumno. Ésta, y no la ignorancia o el prejuicio, ha de justificarlas.

Hemos tenido siete leyes de educación desde la transición ¿Cómo afecta eso a la calidad de la enseñanza? ¿Hasta qué punto es importante y posible lograr un consenso educativo? 

La educación está instrumentalizada. Son los partidos políticos los que, principalmente, la utilizan con fines ideológicos, no formativos. También tienden a hacerlo las religiones, que así mismo actúan políticamente siempre que pueden. Otros países pedagógicamente más maduros y sensatos son más conscientes de la naturaleza y el sentido de la educación. Por eso sus partidos son más capaces que los nuestros de practicar la renuncia por el bien común. En España han habido varios intentos de pacto de Estado por la educación. Todos han fracasado porque fueron propuestos por unos agentes sociales y no por otros. Un pacto de Estado por la educación puede fracasar, pues, por su origen. Y puede hacerlo por su destino, si su intención está sesgada, si es parcial.

Los ciudadanos no somos agentes directos de pacto de Estado. Pero, como diputantes, podemos exigir a nuestros representantes que lo pretendan y lo intenten. Los requisitos son que los representantes comprendan la educación suficientemente y sean capaces por el bien de la educación y de la sociedad en general, que se nutre de ella, por delante del interés particular o en nombre de nadie. Las bases de un pacto por la educación son por tanto la conciencia y no el egocentrismo, la humildad y no el deseo de control, la renuncia y no el afán de acaparamiento, el conocimiento y la madurez, y no el adoctrinamiento encubierto o descarado.

¿Por qué conviene lograr un pacto de Estado por la educación y la escolaridad? Porque si la educación está instrumentalizada, adoctrinará. Y si adoctrina descentrará, no podrá formar o educar. Hará otra cosa. Pero no podrá desarrollar la función a que está destinada. Por eso a veces las funciones de la educación cambian en función de propios intereses egocéntricos y casi nadie se da cuenta de la trascendencia de ello. Este problema es mucho más grave que el de la calidad de enseñanza. Es más, una enseñanza de alta calidad en un sistema adoctrinador político o religioso podrá ser muy eficaz y situarse en altos puestos de rankings evaluativos nomotéticos; pero a la larga será menos formativa.

Se sugiere aspirar a un pacto de mínimos, dentro de las grandes áreas de la educación (formación de profesores, currículo, organización educativa, metodología didáctica, administración educativa, etc.), y que los detalles se concreten, no sólo con los profesionales de la enseñanza (profesores/as) y con los investigadores de la educación (principalmente pedagogos/as), pero no sin ellos/as. Se propone que se confíe en los profesionales de la enseñanza y de la formación, en su desarrollo profesional y personal, en su autonomía pedagógica y en la posibilidad de desempeñar su trabajo desde procesos de formación e investigación continuas y desde proyectos de innovación docentes adecuadamente evaluados que permitan desarrollos institucionales y didácticos de calidad, o sea, inclusivos, buenos para todos. Se propone que las únicas reformas educativas desarrollables sean las consensuadas, se justifiquen técnicamente –y no sesgadamente, arbitrariamente o egocéntricamente- y que el lapso mínimo entre una y otra sea así mismo acordado.

El consenso es posible si se quiere querer lograrlo. Si no hay voluntad de hacerlo o no hay conocimiento que sustente las acciones no será posible. Por otro lado, si la sociedad no es lo suficientemente culta o sensible, si no está lo suficientemente preparada o si estándolo no se la escucha, el pacto logrado será caduco, su huella desaparecerá con las siguientes lluvias. El consenso es conveniente porque de ese modo todo el árbol de la educación podrá enraizarse y hacerse uno con su ecosistema.

¿Qué líneas generales debería abarcar un debate social sobre el futuro sistema educativo?

Propondría estas líneas, entre otras, redefiniéndolas desde el “enfoque radical e inclusivo de la formación”, antes mencionado:

  1. Qué es educar. En qué consiste. Para qué educar. Quiénes educan. Cómo y por qué favorecer la educación hacia, desde y con toda la sociedad. Cuál es el sentido educativo de la sociedad.
  2. Por qué es importante un pacto de Estado por la educación y la escolaridad. Cómo y por qué avanzar hacia una administración educativa independiente.
  3. En qué consiste, por qué es preciso desarrollar y cómo favorecer una educación de la razón basada en el amor, el conocimiento, el no egocentrismo, la rebeldía y la acción consciente.
  4. En qué consiste, por qué es preciso desarrollar y cómo favorecer una educación basada en la pérdida de condicionamiento egocéntrico, el autoconocimiento, la complejidad, la conciencia y la universalidad.

¿Cuál debe ser el papel de los padres en el proceso educativo? ¿Qué papel deben asumir los educadores en un nuevo sistema educativo?

El papel más importante es el de saberse educadores, el de capturar este papel y esta responsabilidad social. Dicho esto, las respuestas a estas preguntas hoy son, en general, un desideratum. Porque, salvo excepciones, ¿cómo podrían educar, si la mayor parte de los padres ignora o niega que necesite formación pedagógica para ello? En entornos –por ejemplo, España, Latinoamérica o los países anglosajones- pedagógicamente muy atrasados, lo primero es educar al educador natural, fundamentalmente –pero no exclusivamente- para evitar errores habituales en la educación de los hijos. Lo segundo ha de ser que todos los educadores actúen de forma consciente de su identidad social y su función y por ello de forma coordinada en función del desarrollo de la propia formación y de la educación de sus hijos. Por este orden: primero formarse ellos para después educar a los demás.

Por tanto, antes de pensar en el papel que deben asumir los educadores en un nuevo sistema educativo es preciso aclarar dos cosas.

  1. La primera es que quienes son educadores de hecho deben darse cuenta de que lo son. Han de asumir su identidad de ‘educadores’. La pregunta es: ¿quiénes son educadores? Principalmente son educadores los padres y familiares (particularmente algunos abuelos), los profesores, que son educadores profesionales, y los medios de comunicación (particularmente la televisión).
  2. La segunda, coherente con la primera, es que es preciso redefinir la noción de sistema educativo. La sociedad debe percibirse como potencialmente educadora, porque toda la sociedad educa o sesga, y a la vez es la gran receptora de esa misma educación. Sistema educativo es sinónimo de sistema social. Y no es sólo un sistema emisor: es una causa y un destino de su propia educación. La geometría de la posible evolución humana no es un vector (de A a B), sino una espiral plectonémica cada una de cuyas espiras avanza sobre la anterior en niveles de más y más complejidad de conciencia (altura), mientras se va aproximando más y más a su eje.

El papel que deben asumir padres y educadores en general (profesionales y sociales) es el de seres coherentes que primero hacen las cosas y que después hablan de ellas, como dijo Kung Tse. Por tanto, lo primero es formarse, educarse.

Una vez educados o formados, es también importante reparar en que no sirve aquel proverbio africano de que “para educar a un niño hace falta toda la tribu”. Si la tribu está condicionada, “tribalizada”, no podrá educar. Parte de esa formación, de esa educación ha de destinarse por tanto al descondicionamiento. Si cualquier tribu antes no se destribaliza, adoctrinará. Y nada hay más alejado de la educación que el adoctrinamiento. Entonces puede llamarse ‘educación’ a lo que no lo es. Y esto es lo que hoy ocurre continuamente. Nada de esto se podrá ver si antes no se reconoce nuestro propio estado de ignorancia o de falta de educación o formación.

El problema es que nuestro sistema no premia a los alumnos con capacidad crítica

Cristina Espinosa Foto (2º envío) - copiaCristina Espinosa

Docente, asesora educativa

¿Nuestro sistema educativo cumple las funciones y los objetivos que pide esta sociedad?

En España, el 23,5% de los alumnos no termina la educación obligatoria y tan solo el 22% de los españoles son capaces de mantener una conversación en inglés… Estos son solo dos de los datos que representan nuestro sistema educativo.

Considerando estos datos, creo que podemos afirmar que nuestro sistema educativo no cumple, ni por asomo, los objetivos que demanda nuestra sociedad. En realidad, nuestra sociedad tampoco cumple las funciones y objetivos que debería cumplir, no está preparada para competir con países que están a la cabeza de la economía y la educación mundial por lo que, al final, esto es la “pescadilla que se muerde la cola”. Si no preparamos de forma práctica a nuestros niños, nuestra sociedad nunca cambiará, pero parece que con una sociedad así nuestro sistema educativo tampoco lo hará nunca.

Tenemos un sistema educativo que prepara personas para la “industrialización” y esta pasó hace tiempo… Nuestro sistema debería preparar personas capaces de tomar decisiones, libres y creativas, pero esto no interesa. La cuestión es que mientras sigamos así, nunca saldremos adelante.

Desde tu experiencia personal, ¿cuáles son los principales problemas de la educación en nuestro país?

Volviendo a la idea anterior, el principal problema es que nuestro sistema no premia a aquellos alumnos que tienen capacidad crítica, al contrario, los alumnos que “piensan fuera de la caja” y que quieren hacer las cosas de forma diferente son penalizados y, por supuesto, se les etiqueta injustamente. Lo que deben hacer es seguir al rebaño y cumplir con lo que se les pide, ni más ni menos. Lo mismo sucede con los profesores: Cuando quieres hacer algo diferente, no suele encajar con las exigencias del sistema, pero esta es mi experiencia, no pierdo la esperanza de encontrar a alguien que quiera cambiar las cosas. ¡Seguro que los hay!

¿Por dónde pasan las soluciones para mejorar nuestra enseñanza?

En primer lugar, todos deberíamos cambiar nuestra mentalidad, dejar de pensar que los niños deben aprender a leer cuanto antes mejor, a escribir cuanto antes mejor y dejar que descubran, ¡respetar sus ritmos naturales!

Un cambio de mentalidad nos llevaría a valorar más a los profesores y, por tanto, a exigirles más. Aunque sea tirar piedras sobre mi propio tejado, creo que a los profesores se nos debería exigir más, y no me refiero más aprobados o resultados a corto plazo. Me refiero a que seamos inquietos, que nos reciclemos, que tengamos tantas o más ganas de aprender que nuestros alumnos, que se nos exija ilusión, ganas… Creo que profesores mejor formados llevaría a profesores mejor valorados, no solo socialmente, también económicamente y eso tendría como consecuencia mejores resultados. El profesorado es la base. Si un profesor no está bien formado nunca podrá transmitir a sus alumnos lo que debería, y eso sucede mucho en nuestro país.

¿Estamos preparados para enfrentarnos a los retos educativos del siglo XXI?

No… El sistema laboral está cambiando, la sociedad está cambiando, pero el sistema educativo sigue igual. Seguimos utilizando libros en la era digital, hacemos memorizar contenidos a los niños cuando tienen toda la información al alcance de su mano… ¿Es eso estar preparados para los retos del S XXI?

¿Cuáles son esos retos?

Hace 50 años, cuando el profesor había transmitido todos sus conocimientos a sus alumnos, reunía a las familias y les comunicaba que ya no podía enseñar más a esos niños, porque ya les había transmitido todo lo que él sabía. El saber eran los maestros. Hace 30 años, ese saber estaba en los libros, que los alumnos debían aprender de memoria. Hoy en día, cuando tenemos toda la información al alcance de un clic, continuamos exigiendo a los alumnos que aprendan de memoria contenidos absurdos a los que podrían acceder en cualquier momento, pero en cambio no les enseñamos a elegir la información útil, a que sepan seleccionar la información de valor de la que no lo es. Ese es el principal reto educativo del siglo XXI. Los profesores debemos dejar de ser meros transmisores de conocimiento para pasar a ser Guías del Conocimiento.

¿Hacia qué modelo educativo debemos ir?

Debemos dirigirnos hacia un modelo educativo que enseñe a los niños a pensar. Parece muy obvio pero, realmente, cada vez nos estamos alejando más de este modelo. Un niño autónomo, capaz de pensar por sí mismo, estará preparado para el mundo que le rodea. Hoy en día los alumnos no son capaces de tomar decisiones por sí mismos, y no hablo solo de los niños en edad escolar, hablo de los propios universitarios. A muchos les planteas actividades con las que no están demasiado familiarizados y no son capaces de abordarlas. No tienen capacidad crítica, no saben qué información vale y cuál no, y eso demuestra que en niveles inferiores no se está preparando a los alumnos para las necesidades del mundo real.

¿La aplicación de las llamadas nuevas tecnologías es la adecuada en nuestros centros?

Depende del centro. Este es un tema en el que no podemos generalizar. Considero que aunque todavía nos queda mucho, muchísimo por hacer, muchos centros están aplicando las nuevas tecnologías de forma práctica y eficaz, aunque si nos comparamos con otros países nos queda un largo camino. No podemos conformarnos.

Hemos tenido siete leyes de educación desde la transición democrática ¿Cómo afecta eso a la calidad de la enseñanza?

Este es un tema del que hablé en mi artículo “Un sistema educativo ineficaz y obsoleto”. En España las leyes de educación se establecen en función de la ideología del partido que gobierna, y siempre pensando en sus propios intereses, no en los intereses de los alumnos. Por supuesto, estos cambios no se suelen hacer contando con los profesores, que es a los que se debería preguntar. Se ponen y se quitan asignaturas, se varía el número de horas, además de otros muchos cambios en los que no voy a entrar. Esto, lógicamente, afecta mucho a la calidad de la enseñanza, si no lo hiciera sería un milagro.
Los cambios deberían llevarse a cabo cuando son necesarios para adecuarnos a los tiempos, como sucede en algunos países europeos, que cada ciertos años introducen cambios significativos en sus sistemas educativos, pero nunca desde una base política, siempre desde una base pedagógica.

¿Hasta qué punto es importante y posible lograr un consenso educativo?

Es importante porque unidos somos más fuertes y porque parece que se nos olvida que una sociedad educada es una sociedad libre, con capacidad de decisión, con individuos formados y demandados a nivel mundial. Sinceramente veo complicado ese consenso. Ojalá, pero todos tendríamos que poner de nuestra parte, todos tendríamos que cambiar, ceder un poquito y parece que ninguno estamos por la labor.

¿Qué líneas generales debería abarcar un debate social sobre el futuro sistema educativo?

Creo que más que las líneas deberíamos hablar de los agentes que participen en ese debate. El principal problema que veo a la hora de tomar decisiones en materia educativa es que no se consulta a los agentes apropiados. Hay grandes pedagogos que tratan de transmitir sus ideas al mundo pero no se les escucha. Lo mismo sucede con profesores que llevan años ejerciendo y que saben a la perfección las necesidades de sus alumnos.

¿Cuál debe ser el papel de los padres en el proceso educativo?

Desde mi punto de vista, los padres deberían estar mucho más involucrados en la Comunidad Educativa de lo que están. La mayoría de los padres dejan, por completo, la educación de sus hijos en manos del sistema educativo, cuando ni mucho menos puede ser así. Es comprensible que muchos papás no disponen del tiempo para dedicar a sus hijos, pero deberían buscarlo.

En cualquier caso, no toda la culpa puede recaer en los padres. Creo que los centros también deberían involucrar más a los padres en sus actividades. Yo personalmente me he encontrado con situaciones en las que los padres se ofrecían a ayudar al centro en muchas de sus actividades, desde ayudar en el comedor a realizar decoración pero, en cambio, el colegio se negaba alegando que no es apropiado tener a los padres por el centro cuando, personalmente, considero que debería ser todo lo contrario. Los colegios deberían ser un lugar de encuentro, un lugar en el que padres y maestros compartan un objetivo común: la educación de los más pequeños.

¿Qué papel deben asumir los educadores en un nuevo sistema educativo?

En un nuevo sistema educativo los educadores deberían tener un papel más activo. Se les debería dejar tomar más decisiones, ser creativos e incluso más independientes. Considero que se deberían eliminar muchos procesos burocráticos en los que los maestros perdemos muchísimo tiempo y dejarnos más tiempo para lo que realmente se nos da mejor: enseñar.

Sincronia.org

POR UN PACTO DE ESTADO EN EDUCACIÓN

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EL ETERNO RETORNO DEL FRACASO EDUCATIVO

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El día en que nuestros niños apuran las horas exprimiendo los juguetes antes de volver al horario escolar, la noticia más destacada de la prensa española es un titular muy poco optimista del diario El País: “Más becarios pero más pobres. La cuantía de las ayudas universitarias baja 466 euros de media desde 2010”. Un titular que, además de no llamar precisamente al alborozo, podría explicar -al menos en parte- el del diario ABC en el que Josep Soler, presidente de la Asociación Europea de Planificación Financiera (EFPA), afirma que “España está a la cola en los planes de educación financiera”.

En realidad es muy difícil que la educación de ningún tipo avance en un país que genera noticias como ésta que publica La Voz de Galicia: “Educación recuerda a los colegios que no pueden proyectar películas. Una circular tras la entrada en vigor de la nueva Ley de Propiedad Intelectual insiste en que solo es posible reproducir pequeños fragmentos”. Y así vamos, de desconcierto en desconcierto hasta la estupefacción final.

Hace cinco meses que presuntamente entró en funcionamiento la última ley sobre Educación y nuestro sistema pedagógico sigue tan gripado como siempre. Y decimos ‘presuntamente’ porque ninguna de las autonómicas españolas la ha aplicado en su totalidad y en algunas ni siquiera hay la más mínima intención de implementarla, sobre todo en vista del alto grado de discrepancia suscitado que asegura la muerte anunciada de la LOMCE si no renueva mayoría absoluta el partido que la ha puesto en marcha.

Y lo peor es que ese mismo esquema puede volver a repetirse con un nuevo texto legal creado sin el necesario consenso y debate que siente las bases de un sistema educativo estable, flexible y duradero. En definitiva, no habrá un verdadero avance sin un Gran Pacto de Estado en Educación que implique a todas las partes: a los ciudadanos y sus representantes políticos, sociales y profesionales.

La llamada Ley Wert es el último desencuentro en la ordenación de nuestro sistema educativo, que arrastra más de tres décadas de desencuentros, con cambios de normas y giros en la dirección de nuestro sistema pedagógico, que nos han llevado a una situación de “permanente fracaso educativo” como país. Claro que poco más podemos esperar en un país que, entre sus muchísimas contradicciones, se permite el lujo de esta: las revistas porno tienen un 4 % de IVA, las flores un 10, el material escolar, un 21.

Sincronía, una sola Humanidad

POR UN PACTO DE ESTADO EN EDUCACIÓN

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