¿Somos una sociedad enferma?

Cuentos-de-terror

Decía el viejo político alemán Willy Brandt que una situación se convierte en desesperada cuando empiezas a pensar que es desesperada. La mañana del viernes 19 de diciembre, mientras el país enfilaba el período de vacaciones navideñas, un hombre empotraba su vehículo, convertido en un coche bomba que no hizo explosión, contra la sede del partido del gobierno. Se trataba de un hombre de 37 años, empresario arruinado y en paro, que afirmaba que “lo había perdido todo”. Afortunadamente ni él ni nadie resultó herido, pero en el aire quedó flotando una sensación de miedo, rabia y desesperación.

Las primeras y confusas noticias destacaban que el hombre “podría padecer problemas mentales”, una afirmación un tanto de perogrullo, porque nadie en su sano juicio se inmolaría al volante de su coche intentando provocar una catástrofe. En los cafés, las oficinas y las colas del paro los comentarios eran dispares, pero también había un punto de coincidencia, un “esto se veía venir”, un “lo raro es que nadie hubiese reventado antes”.

La noticia eclipsaba otra también trágica y dantesca: un hombre era detenido por incendiar una nave industrial con catorce personas en su interior. De nuevo la fortuna quiso que tampoco hubiese víctimas mortales en los catorce inmigrantes subsaharianos que fueron rescatados de entre las llamas por bomberos. Esta vez los comentarios no hablaron de desesperación ni de enfermedad mental del autor de la salvajada, un joven de 27 años que pretendía vengarse por el impago de un alquiler ilegal, aunque tampoco se pueda decir que estuviera muy en sus cabales. Esta vez la sensación que quedó flotando fue la de rabia, asco y asombro.

Para redondear este despropósito, el mismo día otro titular anunciaba que crecen las enfermedades mentales y físicas fruto de la crisis económica en general y de los recortes en el sistema sanitario en particular, según el último informe elaborado por la asociación de economistas FEDEA, integrada por las empresas más potentes del país (BBVA, La Caixa, Abertis, Repsol, Bancoi de Sabadell, etc.). O sea, quienes manejan el dinero también han acabado por reconocer que el sistema está fracasando.

Las tres noticias sacaban a la luz algo que todos sabemos aunque pocas veces aparezca en los principales informativos: vivimos en un país enfermo, somos una sociedad al borde del fracaso y corremos el riesgo de precipitarnos en un abismo de locura si quienes nos dirigen siguen empeñados en negar la evidencia y los ciudadanos no somos capaces de optar por una actitud colectiva de solidaridad y acción social.

En nuestra modestia, nosotros seguimos tratando de aportar nuestro granito de arena y por eso insistimos en llevar adelante campañas en positivo, apostando por el diálogo, la responsabilidad y el control de los resortes de poder.

SINCRONIA, UNA SOLA HUMANIDAD

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