El maltrato en la red no es virtual

mujer-raton-planchaSeis de cada diez chicas jóvenes han sido víctimas de violencia de género a través de las nuevas tecnologías asegura haber recibido mensajes con insultos. Además, el 36% afirman haber recibido algún mensaje que les ha hecho “sentir miedo”. El 14,7% de las chicas que han sufrido esta violencia, por otra parte, asegura haber recibido algún mensaje para presionarlas a participar en actividades de tipo sexual y hasta un 16,6% de las jóvenes asegura que han visto difundidas imágenes suyas comprometidas o de carácter sexual sin su consentimiento.

Estos datos, proporcionados hace diez meses por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad han quedado diluidos en medio del espectáculo informativo que cada día nos regalan unos medios de comunicación que siguen repitiendo estereotipos machistas y las redes sociales los amplifican. Ideas que creíamos trasnochadas, como que los celos son un reflejo del amor apasionado o que un hombre fuerte y con cierta agresividad es el “protector” que la mujer necesita, campan a sus anchas por el espacio sin fronteras y, que es peor, sin límites de edad, que se conoce como las redes sociales.

Pero además las redes se pueden convertir en escenario de la violencia machista al permitir una violencia verbal amparada muchas veces en el anonimato y, lo más habitual, sirven como instrumento de control hacia las parejas o de amplificador de la paranoia de los celos y las infidelidades. Entregar la contraseña del correo electrónico o del acceso a facebook, es considerado en ocasiones una prueba de confianza y una forma de fidelidad,

La repetición del modelo patriarcal no está directamente vinculada con el avance tecnológico, pero si puede encontrar en el uso de las nuevas herramientas de comunicación, un campo abonado para la expansión de un machismo que lejos de estar erradicado, avanza de forma preocupante en las llamadas sociedades desarrolladas, en las que en principio se supone que el acceso al conocimiento y la cultura debería ir en detrimento de esta lacra social.

El poder de exhibición que da la red a una masculinidad primitiva y la amplificación de la sumisión como un valor de una feminidad sumisa, se convierten en una versión moderna de “la pata quebrada y en casa”. Internet no puede ser el altavoz del machismo, ni el refugio donde maltratadores, potenciales o en activo, oculten la mano que lanza el golpe. La red debe convertirse en un espacio de denuncia, en una potencial salida para los cientos de miles de mujeres que viven en una espiral de maltrato y violencia… y todos podemos hacer algo en nuestro entorno para conseguirlo.

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