Una epidemia llamada pobreza

Señora calle barcelona septiembre 2011 B

“La pobreza se hace crónica”. Así de rotundo era el aviso que lanzaba Cáritas hace ya tres meses y la situación no ha mejorado, precisamente. Nos hemos convertido en el tercer país de Europa con más pobreza laboral y los autónomos (tan cacareados como los esforzados héroes que sostendrán al país) son el sector más golpeado en los últimos meses, con un 35% de personas en riesgo de exclusión social. Cada día hay más personas que trabajan para malvivir gracias a los comedores sociales y las organizaciones solidarias. Cada día hay más desahucios a familias en situación límite y las familias que rozan el límite de la pobreza son dos de cada diez.

Estos tercos datos figuran en los últimos informes de entidades tan distintas como Cruz Roja, UNICEF, la Fundación Primero de Mayo, Cáritas o el informe AROPE de la Unión Europea. A ellos se contraponen una serie de cifras y estadísticas de índices bursátiles, valores de deuda, porcentajes de afiliación a la seguridad social o malabarismos con el paro que, sin entrar en su veracidad, poco o nada tienen que ver con la situación en la calle, término que cobra toda su dimensión si tenemos en cuenta que ese es el lugar en el que viven más de 40.000 personas que carecen de un hogar. Claro que ya decía Mark Twain que hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas

Y en medio de toda esta profusión de datos nos encontramos habitualmente con un análisis crucial que, sin embargo, pasa desapercibido o es percibido como una bonita frase de relleno: “La formación es otra de las claves que inciden en la probabilidad de que un trabajador caiga en la pobreza”. Quizá sea porque cuando lo que urge es solucionar las consecuencias, casi nadie se para a pensar en las causas, pero es ahí donde podemos encontrar uno de los puntos de ruptura más importante para romper este círculo vicioso de la precariedad endémica.

La acción ciudadana y la solidaridad colectiva están tapando las grietas de un sistema que hace aguas y es preciso que comencemos a pensar que también comienza a ser urgente que esa acción ciudadana impulse los cambios necesarios para eliminar las causas de esas grietas. Dar un cambio al sistema de educación y los conceptos de formación que debemos proporcionar a las futuras generaciones es la mejor forma de evitar que se eternice la situación de emergencia. Un sistema social más justo comienza en la escuela. Ahí podemos empezar a vacunarnos para que la pobreza no sea una epidemia crónica.

SINCRONÍA, UNA SOLA HUMANIDAD.

CAMPAÑA POR UN PACTO DE ESTADO EN EDUCACIÓN

http://www.sincronia.org/camp/pacto-por-la-educacion/

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