EL MONSTRUO

Vampiro Dusseldorf“La mayoría de la gente no siente que le concierne. A la mayoría no le parece que la desaparición de un niño es su problema”. La frase no es de ninguna ONG o entidad contra el abuso y el maltrato infantil, sino que está extraída de los diálogos de una película de M, una película de 1931, dirigida por Fritz Lang y que en nuestro país siempre ha sido conocida como El Vampiro de Düsseldorf. La película en cuestión narra la busca y captura de Peter Kürten, un asesino real de niñas que aterrorizó Alemania a finales de los años 20 del pasado siglo.

Tal y como se explica en enciclopedias de cine y revistas especializadas: “la película expone la tragedia interior de un obseso sexual y, consecuentemente, se procede a ejercer una corrosiva visión crítica de la sociedad dónde vive”. Es la narración de una histeria colectiva alentada por los medios de comunicación y de una policía sobrepasada por le presión de esa histeria linchadora que alcanza a los propios ambientes del crimen y la delincuencia,. Decididos a acabar de una vez con el Monstruo que pone en jaque sus “negocios”.

Han pasado 83 años y poco a cambiado (más allá de cierta moderación en las formas) en el tratamiento informativo de los casos de violencia o abuso sexual contra los niños. Basta echar una ojeada a lo que ha dicho estos últimos días la prensa sobre el presunto pederasta de Ciudad Lineal… y lo de “presunto” es cosa nuestra, porque esa norma periodística se ha obviado en la mayoría de los titulares que no han ahorra calificativos sensacionalistas: “El rastro del depredador” (El País); “Las noches de sexo «con pibitas» y cocaína del pederasta de Ciudad Lineal” (ABC); “La guarida de las violaciones: un piso vacío donde nadie le conocía” (El Mundo) ; “Cae el ‘depredador’ de niñas de Madrid tras 8 ataques en un año” (El Periódico); “El pederasta abandona «la casa del horror» tras 13 horas de registro” (La Razón)… o el definitivo “El monstruo de Ciudad Lineal amedrentó y violentó a las niñas sin piedad” (Periodista Digital).

El espíritu de alarmismo y el morbo generado tras la detención de Antonio O.M. (curiosamente algunos periódicos han publicado su fotografía pero no el nombre completo) han generado un importante malestar entre los jueces por la gestión de la información sobre el pederasta de Ciudad Lineal, tanto por parte de la prensa como de las autoridades policiales. Como vemos, nada que no pasase ya en los tiempos del vampiro de Dusseldorf. Y el aspecto ético, con ser grave, no es lo más criticable y preocupante de este asunto. Lo peor es que la polvareda levantada por la prensa puede crear miedo y alarma en una sociedad que se preocupa de que ningún desconocido se acerque a sus hijos en el parque y olvida que ocho de cada diez casos de abuso sexual a menores se produce en el entrono familiar.

Nos indignamos ante el televisor y olvidamos que el peligro real está muy cerca, en nuestro propio entorno, en nuestra propia casa, la mayoría de las veces. Y eso es muy peligroso porque provoca una indefensión mayor en los niños que padecen a diario y en silencio la pesadilla del abuso sexual… un problema mucho más generalizado de lo que en principio pudiera parecer. Hace tan solo cuatro meses la Fundación ANAR alertaba de un incremento “preocupante” del maltrato infantil en España, tras constatar que sus líneas de atención telefónica registraron el año pasado más de 400.000, lo que supone un aumento del 3% en este tipo de casos. Según el informe presentado por la organización, el 10,9% de las llamadas a la línea para menores de edad eran relativas a malos tratos por parte de los padres o tutores, un tres por ciento más que el año anterior.

Tal y como mantenía hace unos meses en la prensa Margarita García Marqués, psicóloga y fundadora de la Asociación para la Sanación y Prevención de Abusos Sexuales en la Infancia (Aspasi), es imprescindible hacer mucho hincapié en la prevención y enseñar a los niños a respetarse, a decir no y a contar las cosas que les ocurren a sus adultos de confianza. Además, hay que trabajar en terapias con los que han sufrido un abuso, ya que una de las consecuencias es que el 20% de los niños se convierten más adelante en abusadores. Y, en tercer lugar, se debe enseñar a progenitores y educadores a detectar los pequeños síntomas que emiten los menores cuando están sufriendo abusos. Por eso nosotros estamos empeñados en sacar adelante esta campaña:

PROTEJAMOS A NUESTROS NIÑOS DEL ABUSO SEXUAL.
http://www.sincronia.org/camp/abuso-sexual/

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