¿QUIÉN ES EL ALUMNO VAGO?

Por Eva Antequera. Maestra de Educación Especialescribir-ninos

Entender la diversidad en el aula es aceptar que hay alumnos que aprenden de distintas maneras, a unos les es más fácil memorizar datos, a otros les resulta más sencillo resolver problemas, otros son más creativos,etc. La tarea del profesor debe pasar por identificar como aprenden mejor cada uno de sus alumnos y ofrecerles las estrategias más adecuadas a sus características personales para facilitarles el aprendizaje.

La mayoría de los alumnos aprenden, se sienten motivados y curiosos frente a los nuevos conocimientos y evolucionan sin problemas en su desarrollo y crecimiento personal. Aún así, siempre hay un número de alumnos que no consiguen aprender tan fácilmente, algunos diagnosticados con algún trastorno o discapacidad y otros simplemente por vagos. Los alumnos vagos son identificados por no hacer nada, no implicarse en las actividades propuestas y desesperar a sus familias cada vez que un maestro les retrae por la actitud de su hijo.

Como profesional de la educación me horroriza que se llegue a etiquetar a un niño de vago y más aún comunicarle a su familia que su hijo no aprende porque es un vago, coincidiendo normalmente con el comentario posterior que confirma que lo es porque en casa no hace nada, de la escuela por supuesto, porque seguro que hacer hace montones de cosas.

No entra en mi cabeza la idea de que existe un niño vago, ningún niño es vago por naturaleza, todos sin excepción son curiosos y sienten la necesidad de saber. La diferencia está en que un niño, igual que un adulto, hace con más rapidez y alegría aquello que más le apetece y le implica menos esfuerzo. En el caso de un adulto hay que añadirle el sentido de la responsabilidad que será el motor para hacer aquello que no gusta tanto hacer y hacerlo de la mejor manera posible. En los niños el sentimiento de responsabilidad no suele estar completamente desarrollado y menos aún cuando el propio niño asume su definición de “el vago de la familia o de la clase”.

No existen alumnos vagos, existen alumnos que necesitan dedicar demasiado esfuerzo mental para centrar su atención en el tipo de tareas escolares que se le plantean, y que después de varios intentos fracasados deciden no invertir más tiempo en esforzarse. Y como la oferta del sistema educativo pasa por unos parámetros que no encajan con sus canales de aprendizaje y no se les ofrece una alternativa más apropiada, no consiguen implicarse en lo que se hace en el aula.

¿Cuantos adultos conocemos en buenos trabajos, que habían fracasado en la escuela y son personas totalmente competentes para desenvolverse en la vida? Como maestra es trágico oír que la peor etapa de la vida de una persona fue su infancia en la escuela y por consecuencia, en casa por la presión, la decepción y el desgaste familiar por su poca aplicación a las tareas escolares. La escuela no debería excluir a nadie, ni consciente ni inconscientemente. Nuestro sistema educativo realmente no está preparado para incluir a todas las personas, el aprendizaje no está unificado ni debe estar secuenciado por edades. Cada uno es como es y según sus propias características, según su educación y su forma de ver el mundo.

Cuando tenemos enfrente a un alumno vago hay que preguntarse ¿Por qué se muestra vago? ¿Cual es el motivo que le impide conectar con lo que hace en el aula? Si somos capaces de situarnos en este nuevo punto de vista, saldremos todos ganando, por un lado el niño se sentirá entendido, la familia podrá ser capaz de respetarle y como profesionales podremos ofrecer las estrategias más adecuadas para el desarrollo de su inteligencia, creciendo como una persona respetada, completa y feliz. No hay mayor satisfacción para un maestro que comprobar que sus alumnos aprenden y además están contentos por ello.

Hay que terminar con el sentimiento que comparten muchas familias que se sienten juzgadas por los profesionales de las escuelas por como educan o deben educar a sus hijos. Si entre todos nos acercamos un poco más y cerramos el círculo alrededor de los más pequeños ofreciéndoles un entorno coherente donde se sientan respetados como personas, favoreceremos a su crecimiento y a su experiencia de vivir una infancia feliz.

Sincronía.org

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