¿Machistas para rato?

machismo mata40 mujeres muertas por violencia machista en lo que va de año son solo la punta del iceberg que oculta cientos de miles de mujeres golpeadas, humilladas, amenazadas, atrapadas en una espiral cotidiana de terror. Convivimos con una epidemia que mata más que el ébola, una enfermedad contra la que no somos capaces de inmunizarnos, aunque tenemos la cura al alcance de la mano. Y parece que en los últimos tiempos estamos sufriendo un rebrote grave, porque según los estudios más recientes del Ministerio para la Igualdad, realizados entre jóvenes de trece a dieciocho años, tenemos machistas para rato.

Casi una de cada diez adolescentes españolas (un 9,2%) manifiesta haber sufrido en alguna ocasión maltrato por parte de su pareja, como ser insultada, golpeada y obligada a realizar determinadas prácticas sexuales. Si este dato no fuese para generar una alarma social general, el informe ministerial añade que el machismo más cavernario arraiga en casi un tercio de nuestros adolescentes para los que el control absoluto de la pareja no supone maltrato y que suscriben conceptos que creíamos trasnochados como que “para que la relación de pareja vaya bien la mujer no debe llevar la contraria al hombre” o que “por el bien de los hijos, conviene que la mujer no denuncie a su marido, aunque tenga que soportar su violencia”. Como era de esperar, estos porcentajes pertenecen a los varones encuestados, pero lo infinitamente triste es que las chicas también suscriben estos tópicos en un porcentaje que supera el cinco por ciento.

Con todo y ser de por sí unos datos casi espeluznantes, lo peor sería que los jóvenes maltratadores no ve en sus acciones nada reprobable y consideran que controlar a su pareja, insultarla, humillarla y despreciarla no es machismo. Y ahí es donde nos precipitamos en el profundo abismo de la catástrofe. ¿Qué valores estamos transmitiendo a nuestros jóvenes? ¿Por qué falla tan estrepitosamente nuestro sistema educativo? Respuestas, causas y razones hay para todos los gustos y afectan a todos los sectores de nuestra sociedad, desde la escuela a la empresa, pasando por unos irresponsables medios de comunicación de masas que, dicho sea de paso, han convertido la información en espectáculo, banalizando conductas socialmente reprobables y creando modelos de conducta en los que la burla, los celos o la osadía más ignorante, son las herramientas perfectas para alcanzar la fama… efímera, evidentemente.

Han pasado 83 años desde que el 1 de Septiembre de 1931 se escuchaba por primera vez la voz de una mujer en el parlamento español, o sea, desde que las mujeres pudieron acceder en pie de igualdad a la tarea de dirigir nuestro país, nuestra sociedad. Enormes han sido los avances desde los grises días en los que una mujer no podía salir del país sin autorización de su marido y no podía tener una cuenta bancaria a su nombre. Lejos queda la idea de que una mujer no es apta para dirigir una empresa o pilotar un avión.

Lo que parece que no queda tan lejos es la transmisión de tópicos que justifican la violencia machista reduciéndola a un ámbito privado y personal. Y en esa cadena de transmisión hay tres puntos claves de ruptura: la familia, los medios de comunicación y la escuela. Sobre el primero es difícil incidir, el segundo depende casi exclusivamente de criterios mercantiles, pero el tercero es un terreno fundamental en el que podemos incidir todos. Erradicar el machismo en los colegios debe ser una de las claves fundamentales de un gran cambio en el sistema educativo.

M.L.P.
Sincronia, una sola Humanidad

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Pobres con trabajo

estamos trabajando

Cruz Roja ha lanzado una nueva alerta sobre la situación social en nuestro país. Han detectado un nuevo tipo de pobre: el trabajador pobre, es decir, las personas que tienen un trabajo que no les permite llegar a fin de mes ni pagar las deudas que día a día se acumulan y aumentan hasta asfixiarlos, sin posibilidad de que su situación tenga salida a medio e incluso a largo plazo.

Se trata habitualmente de personas mayores de cuarenta y cinco años, con salarios que rondan los 400 o 600 euros, más de la mitad con un contrato temporal y una quinta parte sin contrato de ningún tipo. Cruz Roja afirma que cada día atiende a más ciudadanos con este perfil y que más de la mitad necesitan ayudas de urgencia para sacar adelante a su familia.

Según un estudio de la Unión Europea publicado en enero de este año, España es uno de los países donde peor empleo se crea. Sólo un 35% de los españoles que encuentra un trabajo logra salir de la situación de pobreza, un triste logro en el que solo nos superan Rumanía y Bulgaria.

En los últimos cinco años, la población en riesgo de pobreza y exclusión social ha aumentado en más de un cinco por ciento a causa de la crisis. Ahora estamos en un 28, 2%, lo cual quiere decir que cerca de un tercio de los españoles está al borde del abismo económico. Según el propio comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Laszlo Andor, una simple reducción de los niveles de desempleo puede no ser suficiente para darle la vuelta a la crisis que padecen los estratos más bajos de la sociedad.

Si encontrar un trabajo no significa necesariamente que se salga de la pobreza, algo fundamental está fallando en nuestra sociedad. Quizá ha llegado la hora de replantearnos un nuevo modelo económico que prime la ética y la responsabilidad empresarial, pero que al mismo tiempo estimule la implicación de los ciudadanos a la hora de planificar nuestros hábitos de consumo y nuestras prioridades. Quizá la teoría del lucro incesante y del ‘sálvese quién pueda’ necesiten ser sustituidas por la filosofía del diálogo y la colaboración entre todos esos que la prensa denomina pomposamente “agentes sociales”. El compromiso personal, el respeto por el trabajo bien hecho y la responsabilidad hacía uno mismo y los demás son las claves de un cambio social que fomente el diálogo y el acuerdo.

M.L.P.
Sincronía.org

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Sueños de libertad

201370_PateraMarEs un precioso bebé de pelo rizado, unos ojos inmensos y sonrisa luminosa, una niña de diez meses vestida con un pijama blanco con topitos negros que realzan el brillante oscuro de su piel. Podría ser el bebé de un anuncio, pero ha salido en todas las televisiones del mundo como la última imagen lacerante del drama de la inmigración. Los voluntarios de Cruz Roja la han bautizado como Princesa y así se está haciendo tristemente famosa, como la princesa salvada de las aguas.

Dice el diccionario de la RAE que princesa es la “Mujer que por sí goza o posee un Estado que tiene el título de principado” y añade que: “En España, título que se da a la hija del rey, inmediata sucesora del reino”, o sea, la heredera del trono. No sabemos que heredará al final la princesa de las aguas, pero sus padres no son reyes sino unos de los seres más desesperados del mundo y lo único que le han podido legar es una posibilidad de supervivencia a costa de su propia desgracia.

¡Qué enorme desesperación no deben padecer esos padres que embarcan su hija, un bebé de pocos meses, a una aventura incierta y peligrosa, solo para que pueda abandonar la tierra donde nació y tener una oportunidad de vivir dignamente en una tierra hostil, que para ellos es la tierra prometida! ¡Qué infinita desesperanza vivirían al ver como eran retenidos por la policía marroquí mientras se alejaba la patera con su niña a bordo!… ¿Que falta de sentimientos nos lleva a ser testigos habituales y, porqué no decirlo, algo cómplices de una descarado y criminal tráfico de seres humanos?

Porque… ¿no hay cierta complicidad en acostumbrarnos, aunque sea horrorizados, al espectáculo de los inmigrantes africanos encaramados en lo alto de las alambradas que hemos levantado entre ellos y nosotros? ¡Libertad! gritaban ayer desde lo alto de la valla , con los dedos aferrados al alambre de espino. Es la mejor expresión de lo que es hoy la mayoría de África: una prisión para millones de seres humanos que sueñan con la libertad en el Norte. ¿Es posible seguir mirando hacia otro lado?

Por M.L.P.

SINCRONIA, UNA SOLA HUMANIDAD.

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Todos somos inmigrantes

Congo Guinea Ebola   AGUI101La historia de la humanidad es ni más ni menos que la de una gran y permanente emigración desde que nos bajamos de un árbol, más que probablemente en África, y acabamos colonizando hasta el último rincón del planeta. Y lejos de aprender a entendernos, este eterno viaje ha servido sobre todo para que, en lugar de despejar caminos, nos hayamos especializado en levantar barreras de fronteras como una excusa perfecta para matarnos entre nosotros.

Nos hemos acostumbrado a que la mismas playas en las que pasamos las vacaciones tumbados al sol se conviertan en la cabeza de puente de miles de desesperados que se dejan la piel y la dignidad tratando de llegar a un paraíso que a nosotros está muy lejos de parecérnoslo pero que estamos dispuestos a defender como exclusivo con uñas y dientes. En esta dinámica de enfrentamiento norte-sur en el que hemos convertido la política y la economía mundiales, hemos perdido bastante el norte, valga la redundancia. Somos capaces de olvidar perfectamente que en cualquier momento podemos pasar a ser el sur, con todo lo que ello implica.

Hace unos meses los líderes y militantes de la Liga Norte, un partido al que le sobran tics xenófobos, comprobaron en carne propia esta facilidad de reversible de la insolidaridad y que la mayor proximidad no trae una mejor vecindad, como podemos comprobar todos los días y como demostraron con sus votos los ciudadanos de Ticino, el cantón suizo de habla italiana que son los que han votado en mayor número contra la entrada en su país de sus vecinos italianos del sur… unos vecinos que tampoco quieren su casa sus vecinos del sur… y así sucesivamente, hasta llegar al sur del sur, donde hemos arrinconado la miseria, la desolación y la muerte.

El espectáculo de un misionero que hasta hace una semana se dedicaba a pelar en África contra el ébola, viajando por las calles de Madrid escoltado por un despliegue policial y sanitario que serviría para financiar un par de hospitales de campaña en el centro de la epidemia ha vuelto a poner sobre la mesa la insensata y suicida estupidez de nuestra política hacia el continente del que un lejano día partimos todos. Haciendo gala de una ignorancia peligrosa hemos importado un virus mortal para salvar la vida de un ser humano en lugar de evitar la muerte de miles eliminando el mal de raíz… y además lo hemos hecho haciendo un alarde de discriminación y prepotencia, olvidando además que, en cualquier momento, el norte puede ser el sur y que aquí somos todos unos emigrantes de paso.

M.L.P.

Sincronía, una sola Humanidad

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¿QUIÉN ES EL ALUMNO VAGO?

Por Eva Antequera. Maestra de Educación Especialescribir-ninos

Entender la diversidad en el aula es aceptar que hay alumnos que aprenden de distintas maneras, a unos les es más fácil memorizar datos, a otros les resulta más sencillo resolver problemas, otros son más creativos,etc. La tarea del profesor debe pasar por identificar como aprenden mejor cada uno de sus alumnos y ofrecerles las estrategias más adecuadas a sus características personales para facilitarles el aprendizaje.

La mayoría de los alumnos aprenden, se sienten motivados y curiosos frente a los nuevos conocimientos y evolucionan sin problemas en su desarrollo y crecimiento personal. Aún así, siempre hay un número de alumnos que no consiguen aprender tan fácilmente, algunos diagnosticados con algún trastorno o discapacidad y otros simplemente por vagos. Los alumnos vagos son identificados por no hacer nada, no implicarse en las actividades propuestas y desesperar a sus familias cada vez que un maestro les retrae por la actitud de su hijo.

Como profesional de la educación me horroriza que se llegue a etiquetar a un niño de vago y más aún comunicarle a su familia que su hijo no aprende porque es un vago, coincidiendo normalmente con el comentario posterior que confirma que lo es porque en casa no hace nada, de la escuela por supuesto, porque seguro que hacer hace montones de cosas.

No entra en mi cabeza la idea de que existe un niño vago, ningún niño es vago por naturaleza, todos sin excepción son curiosos y sienten la necesidad de saber. La diferencia está en que un niño, igual que un adulto, hace con más rapidez y alegría aquello que más le apetece y le implica menos esfuerzo. En el caso de un adulto hay que añadirle el sentido de la responsabilidad que será el motor para hacer aquello que no gusta tanto hacer y hacerlo de la mejor manera posible. En los niños el sentimiento de responsabilidad no suele estar completamente desarrollado y menos aún cuando el propio niño asume su definición de “el vago de la familia o de la clase”.

No existen alumnos vagos, existen alumnos que necesitan dedicar demasiado esfuerzo mental para centrar su atención en el tipo de tareas escolares que se le plantean, y que después de varios intentos fracasados deciden no invertir más tiempo en esforzarse. Y como la oferta del sistema educativo pasa por unos parámetros que no encajan con sus canales de aprendizaje y no se les ofrece una alternativa más apropiada, no consiguen implicarse en lo que se hace en el aula.

¿Cuantos adultos conocemos en buenos trabajos, que habían fracasado en la escuela y son personas totalmente competentes para desenvolverse en la vida? Como maestra es trágico oír que la peor etapa de la vida de una persona fue su infancia en la escuela y por consecuencia, en casa por la presión, la decepción y el desgaste familiar por su poca aplicación a las tareas escolares. La escuela no debería excluir a nadie, ni consciente ni inconscientemente. Nuestro sistema educativo realmente no está preparado para incluir a todas las personas, el aprendizaje no está unificado ni debe estar secuenciado por edades. Cada uno es como es y según sus propias características, según su educación y su forma de ver el mundo.

Cuando tenemos enfrente a un alumno vago hay que preguntarse ¿Por qué se muestra vago? ¿Cual es el motivo que le impide conectar con lo que hace en el aula? Si somos capaces de situarnos en este nuevo punto de vista, saldremos todos ganando, por un lado el niño se sentirá entendido, la familia podrá ser capaz de respetarle y como profesionales podremos ofrecer las estrategias más adecuadas para el desarrollo de su inteligencia, creciendo como una persona respetada, completa y feliz. No hay mayor satisfacción para un maestro que comprobar que sus alumnos aprenden y además están contentos por ello.

Hay que terminar con el sentimiento que comparten muchas familias que se sienten juzgadas por los profesionales de las escuelas por como educan o deben educar a sus hijos. Si entre todos nos acercamos un poco más y cerramos el círculo alrededor de los más pequeños ofreciéndoles un entorno coherente donde se sientan respetados como personas, favoreceremos a su crecimiento y a su experiencia de vivir una infancia feliz.

Sincronía.org

Conoce nuestra campaña por un Pacto de Estado en Educación.

(Firma y difunde)

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